Pedro Berruguete

El pintor de Castilla iniciador además de una familia de grandes artistas

Pintura religiosa pero ahora, de la tristeza y las  sombras de la Edad Media, a la luminosidad y el dinamismo del Renacimiento. 

Intentar referirnos a la familia Berrugute es hacerlo sobre una verdadera singularidad genética.

El padre, el hijo y el nieto artistas, y además los tres sobresalientes.  Eso es, ya no una particularidad, es una  verdadera excepcionalidad.

Puede, desde luego no parecer extraño que en el ambiente artístico de una familia, varios de sus miembros estén inclinados ambientalmente a la profesión.  Sí,  puede ser  hasta  habitual.  Pero claro,  como es natural con  distintos rangos y consideraciones.   Ahora bien,  cuando como en este caso en una familia ocurre que  el padre sea nada menos que el llamado el “Pintor de Castilla”.  Que el  hijo en similar oficio, y por supuesto con más méritos en el de la escultura, se diga de él que es uno de los escultores más influyentes de su tiempo y referente en la escultura del Renacimiento español.  Y hasta cuando  incluso  el nieto  también sea un  destacado artista, eso ya no podemos considerarlo ordinario de ninguna manera.

Eso es algo así, como una maravilla de la naturaleza.

Y ocurrió aquí, en nuestras hispanas tierras hace muchos años.  Tantos como casi seiscientos.

Eran tiempos del llamado – Renacimiento -.  Se volvía a nacer, que eso significa Renacimiento, volver a nacer.

Todo, todo  cambiaba. Aquellas oscuridades de tiempos anteriores se desvanecían.  Alumbraba un nuevo mundo, y quedaba atrás lo que ahora llamamos Edad Media.

Pero ¿por qué? ¿Cuál era la razón?

Al igual que cualquier fenómeno sociológico, la explicación es compleja. Siempre es así. Y es que las causas que actúan sobre los individuos, que posteriormente van a influir sobre el conjunto,  suelen ser muy variadas  y por lo general, de los más diversos caracteres.

Vamos si os parece, a tratar de evidenciarlos:

Influirán en aquella sociedad de entonces, – Factores religiosos -.

Comienzan a quedar atrás las tenebrosidades eclesiásticas, ya que las ideas religiosas empiezan a perder fuerza. Posiblemente sea un factor influyente, aunque no trascendental.

También -Factores de la propia estructura social – Con la aparición en aquella sociedad feudal entonces, de nuevos individuos que no son ya, ni siervos ni señores.

Y ocupan ese nuevo espacio. De alguna forma, son ellos los que la van a dinamizar comercialmente y sobre todo consiguen hacerse un lugar propio en ella.  Muchos años más tarde la llamaremos  -clase media -.  Pertenecen sus componentes en general, a oficios artesanos independientes, comerciantes, incluso intelectuales, que proceden en muchas ocasiones de conversos tanto de judíos como árabes.

Serán  precisamente algunos de estos nuevos integrantes los que dan  lugar a ese tercer factor. Este, si  creo que determinante, que es simplemente el cambio de la economía, de la que nadie se había preocupado nunca, y que sin embargo permanece silenciosamente desde siempre, en el trasfondo de la humanidad.

En nuestro mundo actual, somos casi todos  proclives a pensar que todo está determinado por ella,  y es posible que sea así con la eclosión de su globalización.  Y hasta es posible que también ocurriera entonces, con la entrada en sociedad de lo que se podía considerar en aquellos tiempos, algo que en la actualidad se evidencia muy bien,  que es  el  llamado “mucho dinero”. Pero que hasta aquel tiempo nadie se  había interesado por ello.

Observamos como en cualquier colectivo humano, desde la antigüedad,  todo lo que influye sobre los “muchos”, está originado por los “pocos”.

¿Y que suelen tener los pocos?  Solo, mayor poder adquisitivo.

Es decir que las determinaciones que rigen el colectivo, en general, son tomadas por las clases más favorecidas.

En la sociedad antigua eran los “señores”  los que tenían influencia casi absoluta sobre sus “siervos”,  y por supuesto los que tomaban las decisiones.

Podríamos decir,  que los siervos ni contaban,  puesto que tampoco eran demasiados.

Por supuesto a los “señores”,  hidalguía les sobrada efectivamente, pero de lo que podemos considerar,  riquezas… estaban por lo general escasos, y en algunas ocasiones hasta carentes.  Era por el hecho de que en general, sus bienes provenían, de no haber guerras, solo de las rentas del cultivo de las heredades de su hacienda.  Es decir,  rentas agrícolas y todos conocemos hasta donde ha llegado desde siempre la riqueza de la agricultura…

Ocurre, sin embargo que con la aparición de ese nuevo tipo de personajes en el centro de aquella sociedad, equidistantes de estos y de aquellos, es decir de los siervos y de los señores,  algunos, van a comenzar a manejar  capitales mucho mayores.  Con lo cual las cosas van a cambiar.

Naturalmente  esos  “muchos dineros” son producto del comercio a gran escala de metales preciosos, materias primas, alhajas y sobre todo manufacturas a gran escala, que  los van a convertir en acaudalados banqueros y mercaderes mayoristas, con un poder económico desconocido hasta aquellos  momentos.

Esas pueden ser,  a grandes rasgos las causas, aunque por lógica habría que citar bastantes más.  Algunas ciertamente puntuales como la invención de la imprenta, otros más globales como el descrédito de la Iglesia con la aparición de la reforma protestante, o  el desarrollo de muchas  técnicas, incluso,  hasta el descubrimiento de América  y otras muchas más.

Entonces, siendo así… ¿Cuál es la causa de que,  a cualquiera que preguntemos, nos conteste que esto del Renacimiento,  es un fenómeno artístico exclusivamente?

Sí, efectivamente, es cierto que se  puso en marcha en unos lugares bien definidos, las llamadas – ciudades república – del norte de Italia.  Florencia primordialmente,  allá por los años centrales del siglo XV,   un fenómeno artístico preferentemente, pero también unido a otro humano  que también hemos de entender.

El  -mecenazgo-

A lo largo de los siglos, cuando a cualquier ser humano normal, le sobra el dinero, pero… ¡ojo!  Tiene que ser tanta esa sobra, que no se trate de tener cubiertas sus necesidades para mientras viva.  No, no, mucho, muchísimo más.   Pues, en general, cuando esto ocurre…reparte algunas pequeñas porciones del descomunal capital.

En las  distintas épocas,  de las más diversas maneras.

Una de las formas de reparto, que entonces estaba de moda y cubría ampliamente además, las expectativas de vanidad personal, como también ha ocurrido siempre, consistía en  favorecer artistas para la realización de obras de arte.  A los noveles para estimularlos y a los destacados para afianzarlos. Había de todo. Pero eso sí, unos y  otros con la misma motivación,  que en  aquel  momento consistía en volver la vista al mundo clásico.   El antiguo, Grecia y Roma, sobre todo.

Y son lógicamente, esas republicas del Norte de Italia, el foco de atracción de los artistas del mundo conocido por entonces. Podríamos llamarlo el referente artístico del momento.

Es allí donde vamos a conocer al primer miembro de la familia Berruguete.

Al padre, que se llamaba  Pedro y que había nacido  en un pueblo llamado Paredes de Nava, en Tierra de Campos, una de las comarcas naturales más características de la más profunda Castilla, hoy en la provincia de Palencia.

Se sabe poco de él.  Conocemos eso sí, su ascendencia vasca, de las Encartaciones precisamente, esa región frontera con Cantabria, puesto que uno de sus abuelos  procedía de allí.  De él, sabemos muy poco más.

Fuera por el hecho de que por mediación de un fraile dominico pariente de la familia le apoyara para llegar allí.  Fuera porque  la situación política del momento no fuera la más adecuada para un artista, por las luchas nobiliarias derivadas del desgobierno del necio Enrique IV, que en aquella época ensangrentaban Castilla.  O incluso por la simple atracción como artista que le llevara a ello, cumpliendo así la satisfacción de unos padres que deseaban atender los requerimientos  artísticos de su hijo.

Por lo que fuera,  pero el hecho es que, casi lo primero que conocemos de  nuestro protagonista de hoy,  es que se encuentra viviendo  y trabajando en Urbino. Un lugar de la región de las Marcas cercana a Florencia, en la Corte de un tal Federico de Montefeltro.  Un adinerado entusiasta de todas las artes, en su Castillo y relumbrante Corte

Conocido en ella como  “Pietro Espagnuolo” interviniendo en algunas de las importantes obras que su patrocinador propone a los tantos artistas que él protege  y promociona.

El estilo de pintura de nuestro artista,  podemos considerarla  flamenca, puesto que era lo acostumbrado en el momento de su aprendizaje en Castilla, derivada en buena lógica de sus antecedentes góticos.

A su vuelta de Italia, sin embargo, va a caracterizarse  principalmente  por una mayor y mejor técnica pictórica.  Pero  sobre todo, por la  presentación  espacial de los personajes en entornos arquitectónicos diferentes y apariencias mucho más modernas  de luz  y movimiento de las figuras,  adaptados ya a lo que será más adelante la pintura moderna, característica del Renacimiento.

Seguramente nos quedaremos sin saber, si su vuelta a Castilla, pudo ser por causa de que existiera en aquellos tiempos  “morriña”  o nostalgia, lo que parece hasta muy natural.  O  tal vez porque  con la muerte de Federico de Montefeltro, se terminarían  aquellos esplendores, y prodigalidades, por lo cual el artista hubo de volver a casa.

Están ya, en esos momentos a su vuelta  unidas Castilla y Aragón.

Reinan los Católicos, ya no hay luchas entre   los “nobles”, hasta parece ser que  se han tranquilizado los ánimos entre la llamada aristocracia.   Nunca he entendido que la llamen así, puesto que etimológicamente la palabra, proviene del griego: aristos, que significa  – los mejores -.  Un verdadero sarcasmo.

Pero lo importante  es que tenemos a nuestro protagonista aquí.

Y, en verdad,  ¿Dónde sería más natural que un artista se quedara a vivir en la España de aquel tiempo?

Naturalmente, en Toledo.

Las razones son muchas y evidentes.  Aunque hay una, que posiblemente supera a las geográficas, logísticas y sociológicas.  Y es, la presencia como prelado, en aquel momento, al frente de su Catedral, de Don Pedro González de Mendoza,  – el llamado Cardenal Mendoza –  conocido entonces como  el  “Tercer Rey de España”, del que eran notorias sus riquezas familiares, pero sobre todo su esplendidez.

Persona de tanto prestigio como Don Rafael Láinez Alcalá, Catedrático de Historia del Arte en Salamanca, que cuenta entre su obra posiblemente con la mejor biografía de nuestro personaje, lo sitúa documentalmente ya en Toledo en 1483.

Y eso sí,  habiendo contraído matrimonio con Elvira González de la Torre,  a la que define como mujer muy rica y principal.

Puede  que  esa sea la causa de que, aún sin desdeñar los encargos y cobros  de sus pinturas, remunerados convenientemente  para engalanar Catedrales y Conventos,   hicieron de él siempre un personaje acomodado. Siendo por ello que  el pintor pudiera  permitirse a lo largo de su vida, y desde luego en los mejores momentos de ella,  la satisfacción y  la complacencia personal de  regalar a la Iglesia de su pueblo,  algunas de sus mejores obras.

Conocemos también su permanencia en Ávila, donde en uno de sus más emblemáticos espacios,  el Monasterio-Convento de Santo Tomás, deja Berruguete una de sus mas consumadas obras, el Retablo.

Es de gran belleza el edificio de este Monasterio en general, mandado construir por los mismísimos Reyes Católicos, para albergar el mausoleo de su único hijo varón Juan,  que  falleció tan prematuramente.

Allí permanece el sarcófago, que  es una verdadera joya realizada por el artista italiano Fancelli,  en mármol de Carrara. Un auténtico modelo de arte renacentista.  Ese mismo artista realizaría luego, el de los propio Reyes en Granada.

Desgraciadamente los restos mortales del Príncipe no se encuentran allí.  Ni que contarlo, los franceses profanaron el lugar y no se conoce el paradero de su cadáver.

Aunque en verdad,  lo auténticamente importante desde nuestro  punto de vista, el  artístico del templo, es como decimos, su Retablo. Con características de cierta semejanza con el  de la Iglesia de Santa Eulalia en su ciudad natal, Paredes de Nava.

El terminar de su vida artística, y posiblemente también sus obras más consumadas, se encuentran así mismo en Ávila, pero en su Catedral.

Parece ser, que al decir de los entendidos esos son sus más conseguidos trabajos y también los últimos, ya que realizándolos llegó su  hora final en este mundo.

Contemplad ahora unas imágenes de sus pinturas, y por supuesto con vuestro recuerdo para la persona de este gran artista, habremos conseguido nuestro objetivo de siempre.

Que permanezca algo más entre nosotros.

Primero, una obra que se encuentra en el Museo del Louvre en Paris.  Y que forman parte de la serie de veintiocho retratos de hombres célebres encargados en su estancia en Italia, por Federico de Montefeltro.

Por tanto de sus primeras obras.

Se trata de la alegoría de Aristóteles

Esta otra tabla que se encuentra en la Iglesia de Santa Eulalia en Paredes de Nava, parece ser junto con otras doce  que representan la vida de la Virgen, sus primeras pinturas  realizadas a su vuelta de Italia.

Representa el anuncio a Santa Ana, madre de la Virgen, que recibe por un Ángel la noticia del final de su esterilidad.

Es, según los críticos una de las creaciones más grandiosas. Y  en ella hemos de fijar nuestra atención contemplando la maravilla que supone los conseguidos pliegues del ropaje

Una de sus obras más importantes es esta tabla que también se encuentra en su ciudad natal, Paredes de Nava, así mismo en su Iglesia de Santa Eulalia.

Representa el nacimiento del Salvador, al que adoran tres ángeles arrodillados y dos en el aire, junto a San José y la Virgen. Destaca la decoración del pavimento con la puerta de oro al fondo.

En el centro el Niño Dios sobre un paño que fija su mirada hacia su madre.

Y por supuesto, los eternos acompañantes de todo Nacimiento: El Buey y la Mula asomando al fondo.

También en Paredes de Nava, en este caso en el Retablo de la misma Iglesia, encontramos esta tabla del Rey Ezequías. Se representan  seis Reyes de Israel, tres a cada lado y conforman la parte inferior del Retablo.

Este específicamente, tiene las características de un verdadero retrato.

Por su ropaje podría ser un simple castellano de la época, bien parecido y vestido,  aventurando algunos entendidos que pudiera ser un autorretrato.

De las obras que Berruguete pintó en Ávila en el Convento de Santo Tomás, destaca esta, de la que en palabras del eminentísimo Camón Aznar, asegura que es de lo más bello pintado por él.

Se trata de una más de las pinturas que narran la vida de Santo Tomás y en esta  representa al Santo joven, que recibe la aparición de San Pedro y San Pablo que vienen para  aclararle las dudas teológicas que se le presentan en su estudio de los Libros Sagrados.

Posee la pintura un movimiento y una disposición plástica en los personajes verdaderamente exquisita.

Una interesante obra es la que se conserva ahora en la sacristía de la Colegiata de Covarrubias en Burgos.

En ella se narra el milagro de Cosme y Damián físicos de ascendencia árabe convertidos al cristianismo que obran el milagro de trasplantar la pierna de un enfermo.

Fueron luego decapitados por Diocleciano. La Iglesia más tarde  los convierte en mártires y son patronos de los cirujanos.

Por supuesto, no hay que dudar que igualmente lo sean, de toda actividad sanitaria referente al trasplante de órganos. De no ser así el asunto sería muy serio.

Y como final, posiblemente la más emblemática.

La más madrileña, y más universal.

Nuestra más reverenciada y querida Virgen, que junto con “La Paloma” y también por supuesto con  “La Almudena”   forman el más genial trío de advocaciones marianas de Madrid.

La célebre  -Virgen de la Leche –

Está ahora en el Museo del Prado. Y puede ser que sea mejor así.

Esta tabla fue descubierta en el año 1950 en los Almacenes de la Villa, arrumbada entre tablones y suciedad, por Don Manuel Gómez Moreno, el eminente arqueólogo y  Académico granadino.

Procede de los restos arrinconados desde hace tantísimos  años al desaparecer el Hospital de la Latina, cuya fundadora y beneficiaria fue Doña Beatriz Galindo. Y ello hace pensar que fuera uno de sus encargos a nuestro pintor

Conservado desde entonces como lo que es, una verdadera joya en distintos lugares del Ayuntamiento.  Hasta en el despacho del Alcalde.

No, no tenía mal gusto Don Enrique Tierno Galván

Pasó después al Museo Municipal y ahora al Prado.

Es la Imagen devocional de La Madre de Jesús, dándole de mamar y se mezclan en su ejecución formas góticas, flamencas y mudéjares.

Una verdadera maravilla.

Si es vuestra disposición,  veneradla, y  suponiendo que no lo sea, considerad, lo que para algunos representa.

Pero de cualquier forma, por favor, no dejéis ninguno al admirarla y de disfrutar de  esta verdadera joya,  ya que es de las pocas cosas que quedan  en el mundo que otorgan prestigio al ser humano.

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