San Isidro.

Lo máximo a lo que se puede llegar en este mundo, ser nada más  que un buen hombre.

Lo venían venerando durante siglos todos sus cercanos, y luego la Iglesia acreditó su santidad elevando a los altares aquella maravillosa humildad.

-Cuando se trata, como intentamos hacer aquí siempre, de manejar recuerdos de personajes, ¿Dígame, habrá en Madrid,  alguno más honorable que su Santo Patrón?

– Pues no, no señor, es verdad. 

– Los madrileños hemos de reconocer que en este  asunto  del patronazgo hemos tenido suerte.  Pero  desde luego, también  firmeza y constancia.

 – ¿Cómo constancia?

– Sí, verá usted, es que  Isidro,  era venerado en Madrid antes de que la Iglesia lo elevara a la categoría de Santo.  Se trataba de un tipo muy singular  y extraordinario,  y así lo consideraron  entonces sus vecinos, siendo  por ello  reverenciado  muchos lustros antes de su elevación a los altares.

– No me negará que este dato es importante. Se podría decir que fueron sus propios conciudadanos los  que lo proclamaron santo.

¿Entonces es que era muy conocido?

Mucho, era mucha la gente que  sabía de sus destacadas y significativas virtudes personales. Y es  por esto que yo, le tengo mucho aprecio.  Tanto que he tomado la decisión de traerlo hasta esta tribuna para que sean algo más conocidas las magníficas características personales de este simple labrador. Que desde luego, muchas hubieron de ser, para admitirlo después  la Iglesia y elevarlo por ellas, como está, a la categoría de Santo.

– Pues la verdad, tal y como el mundo está ahora, hablar de santos no da mucha  confianza de como vaya usted a salir de esto…

– Vamos a ver,  creo que bien.  En todo caso  esperemos  que sea él mismo, el encargado de repartir suerte…

– Estas tierras del centro  de la Península, entre el Duero y el Guadiana, con el Tajo por medio,  es decir lo que ahora es la Autonomía de Madrid y parte de la de Castilla La Mancha, estaban en los años a los que nos vamos a referir, ocupadas  por los árabes, y en ellas existían ya importantes ciudades, como por ejemplo el mismo Toledo, que había sido de siempre un baluarte visigodo-cristiano y hasta su capital.

Un poco más al norte, existía un pequeño lugar poco  conocido llamado Mayrit.

 – ¿Y antes?

– Veamos con calma las cosas.  En estas más de sesenta mil hectáreas que componen hoy en día el actual Madrid con sus aledaños de más de quince ciudades que la rodean, y más de seis millones de habitantes, en prácticamente el centro geográfico de la Península, se  han establecido desde tiempos prehistóricos multitud de gentes.  Era lo que se ha conocido de siempre como una de las terrazas sobre el Rio Manzanares, a unos seiscientos metros sobre el nivel del mar y en una situación ventajosa como cruce de caminos entre las dos mesetas.

– Naturalmente con estas magníficas condiciones para la habitabilidad y con una añadida, aún de mayor importancia como era la abundancia de agua, es natural que desde tiempos remotos existieran asentamientos humanos. Parece ser que hasta el Homo neanderthalensis que al extinguirse dejó paso al Sapiens actual, vivieron en estas tierras.

– Los vestigios más antiguos de presencia humana son unos vasos campaniformes encontrados en Ciempozuelos, por  los  que conocemos que efectivamente eran zonas habitadas.

 -¿Oiga y aunque sea algo impertinente, todavía antes?

– Por simple sentido común, ya que están ampliamente documentados los testimonios en regiones cercanas  como La Rioja, Soria y Burgos, de la presencia de aquellos enormes animales, – los dinosaurios -.  Es lógico pensar que por aquí también existieran.  Sería hace 120 millones de años, que aquellos magníficos y enormes animales  también asentarían en estas latitudes. Cierto que no tenemos noticia de ello, pero tal vez sea por que las condiciones no fueran igualmente idóneas para rastrear actualmente su presencia.

– Sin embargo, a su desaparición, que ahora conocemos por el hecho de la colisión de un meteorito en un lugar cercano al Golfo de Méjico, produciéndose una nube de ceniza que envolvió la Tierra en su conjunto,  creando durante un tiempo de aproximadamente dos años una atmósfera irrespirable, y  una obscuridad suficiente para que la función clorofílica de las plantas no se pudiera realizar. Con lo que prácticamente desaparecieron la mayor parte de las especies animales y vegetales que ya habitaban el planeta.

– Sin embargo, muchísimo tiempo después, así como hace  14 millones de años tenemos constancia fehaciente de que: –  “el clima de Madrid era casi desértico y paseaban animales parecidos a los de una sabana africana actual” –

– Y esto lo digo, puesto que simplemente trascribo un artículo publicado en Internet por Bruno Martín, que nos explica con detalle los estudios  que se llevan a cabo actualmente en el yacimiento paleontológico de Somosaguas , aquí en la Ciudad Universitaria de Madrid.  Yacimiento  descubierto en 1989, donde cada año se desentierran gran cantidad de fósiles de animales que vivieron en este territorio durante esa época, constatado con seguridad por pruebas de carbono 14.

– Los  estudios llevados  a cabo y liderados por la Universidad Complutense y publicados en la Revista PLoS ONE, de las hasta ahora, 26 especies de mamíferos  identificadas demuestran como era el clima y la vegetación en aquellos tiempos, conocidos como Mioceno, cuando los dinosaurios ya se habían extinguido, pero los humanos aún no caminaban sobre la Tierra.

 -Habla usted de millones de años y dan escalofríos pensar que ahora en nuestro mundo actual consideramos una barbaridad el tiempo que contamos como el de nuestra civilización y total llevamos solamente 2.000 y pocos más.  Es verdaderamente inaudito.

-Tiene usted razón,  asombroso y desconcertante.  Pero volvamos a lo nuestro.

– A usted realmente lo que le importa es, cuando se tiene noticia formal del nacimiento de esta ciudad ¿no es así?

– Pues la verdad es que sí, aunque me interesan también esas otras de tiempos tan anteriores, que verdaderamente son apasionantes.

– Dejando aparte todas estas zarandajas paleontológicas que le he contado ya que venían a cuento, la verdad es que el conocimiento fehaciente del establecimiento como núcleo poblacional de Madrid, no lo tenemos hasta época visigótica, con el  nombre de:  – Matrice -, palabra que en latín vulgar significa arroyo matriz.  Referido posiblemente al arroyo de San Pedro que discurría por la actual calle de Segovia.

Naturalmente dejamos atrás, pasando por alto los miles y miles de años que suponen no atender como corresponde,  la edad de piedra, la de los metales, la dominación  romana, y casi la visigoda sin detenernos en ellas…

– Ya, en el año 850 al 860, de nuestra Era, es conocido un núcleo poblado por árabes, que eran en esos tiempos los que habían conquistado el territorio y convivían con los invadidos a los que se llamaba mozárabes, con el nombre de  -Mayra – que significa igualmente, abundante agua.

– Así que efectivamente, hemos de reconocer que aunque los orígenes son remotos, el conocimiento como población hemos de considerarlo entre visigodo y árabe. Eso sí, con los avatares  que siempre conllevan para estos movimientos demográficos,  las guerras.

– Lo que sabemos con seguridad es que la ciudad como tal, y con el nombre de Mayrit  es una fortaleza amurallada en la que habitan musulmanes y mozárabes ya en el año 860/880 con unas inmejorables condiciones defensivas.  En una altitud de 70 metros sobre las vegas del rio, y con una distribución sobre unas 10 hectáreas, más o menos  divididas urbanísticamente en dos partes bien definidas. Una ciudad podríamos llamar militar o – almudina –  en los terrenos  que actualmente  ocupa el Palacio Real, con la Plaza de Oriente y La Catedral de la Almudena.  Y otra civil o – Medina –  propiamente ciudad urbana,  con dos barrios uno musulmán y otro mozárabe

– Era  esto que le estoy contando… allá por el año mil, aproximadamente, tal vez un poco antes.

 – Tiempos naturalmente de: – Reconquista – ¿claro?

– Pues sí, y ocupado en ella un Rey muy característico, guerrero, como lo eran casi todos por aquel entonces, Alfonso VI.  Que  conquista la zona y lo más importante, la repuebla con gentes venidas del norte.   

 – Un momento, se refiere usted al rey aquel que se las tenía tiesas con el Cid  Campeador…

– Pues sí señor, a ese precisamente, que tuvo sus contrariedades y hasta pesadumbres  con nuestro admirado Rodrigo Díaz de Vivar, según nos cuenta el Poema.

 – Y, que ocurría ¿que eran enemigos?

– No, no, enemigos de ninguna manera, entonces, por aquellos años se puede decir que los enemigos no eran más que los ocupantes moros, aunque en lo referente a las rivalidades y sus consecuencias directas, los enfrentamientos… pues como ahora,  Pero eso sí, afortunadamente, de distinta forma

 – Parece ser que no se llevaban del todo bien, ese Rey y el Cid ¿verdad?

– Bueno verá, es un poco difícil de explicar, pero voy de cualquier forma a tratar de resumírselo…  Ya que  de verdad, merece la pena conocer las características personales y políticas de este antiguo mandatario, pues son bastante  interesantes y hasta curiosas.

 – Cuente usted, cuente…

– Lo primero de entender,  es que por aquellos años de principio del milenio, Castilla todavía no era un reino, era solo un condado, y en León, que si lo era, ceñía la corona  una figura  sobre la que por una serie de líos familiares,  pero sobre todo por su matrimonio, había recaído sobre su persona además del Reino de León,  también,  el título de Conde de Castilla.

 Y, ¿Quien era?

– Una de las figuras más importantes de la antigüedad.  Precisamente el padre de  – Alfonso VI -.

 – ¿Y cómo se llamaba?

– Fernando I –

Y no existe ninguna duda de la importancia y trascendencia de este Rey de León, puesto que en esto de los sobrenombres de los reyes suele haber bastantes realidades y en ocasiones como esta,  hasta certezas.  A este se le llama “El Magno” incluso algo más, “El Grande”, y por algo hubo de ser.

– Cierto que este Fernando I, tiene entre sus hechos algunos muy importantes y ponderables, y posiblemente por ello los elogiosos  calificativos que lo adornan, pero desde otro punto de vista también hay uno que al menos lo desacredita un poco.

 – Bueno, díganos usted los positivos y también después el negativo, hombre… ya que los ha nombrado… por favor…

– Mire, los positivos no pueden ser más evidentes, aparte de ser un conquistador importante, era un gran político y un diplomático consumado.  Con él llegan a desarrollarse por completo las ideas religiosas en sus “reinos” que habían comenzado con Recaredo, pero que con la islamización habían prácticamente desaparecido y que no volverán a profundizarse hasta los Reyes Católicos.

–  Un verdadero modernizador -.  Y un mecenas de muchas de las artes que se manifestaron por entones, el marfil y los libros miniados, como el célebre Beato de Fernando I y Doña Sancha,  que se conserva en la Biblioteca Nacional.  Dio entrada a las ideas europeas a través de sus relaciones con el Cluny  y así mismo favoreció la arquitectura  con la construcción  de una de las obras cumbre del románico, la Colegiata de San Isidoro de León, donde por cierto reposan sus restos.

 – Un gran Rey este, desde luego, pero nos ha dicho usted que tiene también algún hecho negativo

– Bueno negativo, hasta cierto punto, resulta que a su muerte y sin advertir que casi siempre, y  esto en todas las épocas, uno de los más consagrados efectos de cualquier herencia son las desavenencias familiares, repartió sus reinos entre  – todos –  sus hijos.

 – ¿Y Cuanto hijos tenía?

– Nada menos que cinco. Tres varones y dos mujeres

– Un poco difícil el asunto, es verdad.

– Parecía en principio que las cosas estaban bastante bien pensadas y repartidas, pero  resulta  curioso, que por este  hecho es por lo que ha pasado a la Historia,  y más que nada por el gran lío que se montó después de su muerte.

– El primogénito de los varones,  Sancho heredó Castilla, por lo que se puede considerar el primer Rey de Castilla ya que de esta manera se convertía en reino.  A su segundo hijo varón, Alfonso, fue  al que legó el entonces más importante Reino, el de León, y a su tercer hijo, García los territorios de Galicia y Portugal.  Sin olvidar por supuesto, a las hijas Urraca y Elvira a las que dejó con titulo de realeza, las ciudades de Zamora y Toro  con un muy sustancial patrimonio económico, como era el tributo de todos los monasterios del reino.

¿Considera usted entonces que fue mala la decisión de dividir los reinos?

Desde luego que si, puesto que con ello motivó numerosos enfrentamientos,   y por  uno de ellos precisamente,  fue por el que  Alfonso VI,  hubo de realizar aquella proclamación de su inocencia a la muerte de su hermano Sancho en Zamora, a manos de un tal  Bellido Dolfos.

Con seguridad  pudo ser  este hecho, el  que fundamentara la tan conocida leyenda que cuenta  el Poema de Mío Cid, de la Jura de Santa Gadea, ya que Mío Cid, era lugarteniente, infanzón y amigo del fallecido hermano Sancho.

– Pero claro, hemos de considerar  que ya Alfonso y Sancho anteriormente habían tenido, no ya desavenencias,  hasta lo que se conocía entonces como un “Juicio de Dios”  del que no salió un claro vencedor. Y por ello resulto que  se pusieron de acuerdo y lo que se les ocurrió fue la feliz idea de que lo mejor sería quitarle a su otro hermano García el reino de Galicia, que le había correspondido,  y encima lo apresaron.

 -¡Que barbaridad!  Desde luego no parece efectivamente muy acertada la decisión hereditaria

-Bien es verdad que en este asunto de las herencias, entonces como ahora, siempre existe una constante: el desacuerdo.

– Pues hay más,  Sancho que como primogénito se sentía perjudicado al haber recibido exclusivamente Castilla como herencia, se enfrenta  abiertamente a su hermano Alfonso en batalla muy particular, en un lugar cercano a Carrión de los Condes llamado – Golpejera – en Enero del año 1072.

 – ¿Y cuál de los dos hermanos ganó?

– Ganó Sancho y la verdad es que no se anduvo con demasiadas contemplaciones,  ya  que  mandó a su hermano Alfonso preso a Burgos, y   lo citan bastantes  historiadores con una palabra que ahora resulta muy característica  – Aherrojado – que viene a significar con unos grilletes de hierro, y posteriormente lo manda desterrado, nada menos que a la Taifa de Toledo, con los moros, aunque en este caso eran amigos ya que  por entonces hasta pagaban.

 – Oiga, ¿y entre  las tropas de Sancho estaba Don Rodrigo Díaz de Vivar?

– Pues claro,  era  precisamente  su estandarte,  de ahí vienen las desavenencias, los desacuerdos y hasta las discordias.

 – Claro, claro ahora se entiende…

– Así que tenemos a Alfonso que en numeración le correspondía el Sexto  como Rey de León, que al serlo por herencia de su hermano también era Rey de Castilla.

Bien podía haber sido el verdadero iniciador de la saga de los reyes de los dos Reinos, pero he aquí que, aun siendo un buen rey que conquistó los terrenos entre el Duero y el Tajo,  en realidad lo que conocemos de él más sobresaliente son  dos cosas: por un lado  la llegada en su tiempo de reinado, de los  almorávides que fue una verdadera inyección al poder musulmán, y por otra  que nuestro buen Alfonso VI,  aunque se casó cinco o seis veces, su único hijo varón murió en el campo de batalla, y por tanto a su muerte pasa a su hija Urraca el trono de Castilla, y con sus matrimonios vuelven a separarse los dos reinos, León de Castilla.

Son  casi cien años o más, en los que vuelven a estar separadas las dos coronas  y no es hasta Fernando III, pero ya en el año mil doscientos y pico cuando definitivamente se vuelven a unir, aunque  en verdad no conozco la causa de que sea Fernando III al que conocemos como verdadero  primer Rey de Castilla, tal vez por no haber profundizado en detalles.

Es este Rey, nuestro Alfonso VI,  del que conocemos por la leyenda, que tenía una mano horadada, (posiblemente fuera una simple quemadura) y que para la historia es conocido como – el de las tres religiones –  por su tiempo de vida en Toledo, junto a moros y judíos  y también con el sobrenombre de – el Bravo – pero que desde un punto de vista ecuánime habríamos de conocerlo con un sobrenombre más apropiado  como el de:  -el Repoblador –.

En realidad, lo que se llevó a término  durante su reinado fueron dos aglomeraciones urbanas en líneas bien definidas: la primera frontera consistía en el llamado  – Camino de Santiago-  y  la segunda,  la  conocida como de: Coímbra hasta Calahorra, en la que comienza la aparición precisamente en esa línea, de  ciudades como Braga, Palencia, Valladolid, Burgo de Osma o Silos.

– Y es precisamente ahora, con la repoblación de aquel  lugar cercano a Toledo llamado entonces como sabemos  Mayrit,  cuando empezamos a conocer a nuestro protagonista de hoy. Isidro.

 -¿Se trata de que fue aquí en este pequeño poblado cercano a Toledo donde vivía Isidro?

– No,  lo que pasó es que concluida la ocupación propia del Rey, que consistía  casi exclusivamente,  en permanecer al frente de sus ejércitos y derrotar al enemigo musulmán, y de esa manera conseguir la posesión del territorio, era necesario después su utilización.    

– Se conseguía con lo que hemos conocido siempre con la palabra  – colonización –

– Palabra esta, tan empleada en la historia de  las distintas civilizaciones, que no significa, sencillamente más que llevar al territorio  conquistado  – colonos -.

Así de simple, trabajadores que se asientan y que para vivir trabajan las tierras, viven de su producción, se reproducen y mueren en ellas y las dejan como herencia a sus hijos.

-Y este fue el caso de nuestro Isidro. Simplemente un colono.

– Pero ocurre, que con la nueva fuerza que toma el poder musulmán a la llegada de los almorávides, pues  ha de abandonar su asentamiento de Mayrit, instalándose al Norte en una localidad cercana, Torrelaguna.

– Es aquí donde contrae matrimonio con una joven de Uceda, un pueblo cercano.  María Toribia se llamaba, y de las mismas o muy parecidas características personales que las de él,  que siempre será conocida como Santa María de la Cabeza.

– No puede existir duda de que muchas y muy importantes habrían de ser las excelentes peculiaridades positivas que se dieran en Isidro para resaltar y ponerse tan importantemente de manifiesto ante sus vecinos y gentes que lo conocen. Trabajador, honrado, religioso,  formal, bondadoso,  en fin,  lo que de siempre se ha calificado como  un verdadero y auténtico  – buen hombre -.

– Vivía el matrimonio, cuando nuevamente se instalaron en Mayrit que ya comenzaba a llamarse Madrid,  a trabajar precisamente, en esta casa donde ahora nos encontramos, y hasta en esta pequeña habitación parece ser que murió.

Era la casa propiedad de su patrono para quien trabajaba, Iván de Vargas.

-Ahora es este bonito Museo.-

 – ¿Y dice usted que precisamente murió aquí?

– Si sí, aquí exactamente, en esta habitación donde estamos ahora, y fíjese que lo digo con conocimiento, puesto que esta era con la contigua, las dos habitaciones en las que vivía el matrimonio, y ha de ser en esta, ya que en ella se conserva, claro está que  desde la restauración que se hizo de ella en 1789, ese fresco del pintor Zacarías González, que puede usted contemplar en el techo, en la que se representa la auténtica apoteosis de San Isidro, y  en la que observamos dos ángeles que sostienen una banda con la inscripción “Hic obdormivit in domino” es decir, – en este preciso lugar murió -.

– Las primeras noticias que de su persona nos llegan, son a través de un manuscrito que se conoce como de – Juan Diácono -.

Un  Códice de finales del Siglo XIII, que no es en realidad una biografía sino la enumeración de algunos de sus milagros realizados en vida, para acompañarlo a sus restos mortales,  y por ello que sean muy pocos los datos personales que conocemos de él.

– Parece natural, que en tiempos como aquellos tan lejanos del Siglo XIII, lo que importaba eran sus milagros, y es a partir del siglo XVII cuando se inicia su santificación, amparada ya por la Iglesia, cuando comenzamos a conocer datos más fehacientes sobre su persona, que desde luego hay que reconocer que tampoco son muchos ni muy relevantes.

 – Pues parece natural, un anónimo labrador y nada menos que del siglo XIII, desde luego no han de conocerse muchos datos biográficos suyos…

– Claro, y es precisamente por ello por lo que entiendo que lo importante aquí  y  ahora en su memoria,   lo auténticamente relevante  para nosotros  sea referir en este caso, solo  sus milagros, y por supuesto uno de ellos  que posiblemente pueda no ser uno de los más conocidos,   pero si el que presumiblemente tenga históricamente más importancia.

– ¿Cuál?

– El milagro referido  a su aparición en la batalla de las Navas de Tolosa,         cuando  mostrándose como un pastor  al Ejército Cristiano, para que sin ser visto del enemigo musulmán,  pasara por un desconocido camino que les conduciría a posiciones muy ventajosas tácticamente y con ellas imponerse estratégicamente al enemigo.

 – Lo cierto es que esto nos lo cuenta la Historia y yo lo he leído en algún sitio…

– Si sí, fue efectivamente así parece ser, el pastor enseñó al ejército cristiano aquel paso entre las montañas por el que inmediatamente antes de la batalla a los cristianos les fue permitió tomar unas posiciones muy ventajosas, y hasta así está representado en el magnífico monumento que conmemora la feliz batalla de las Navas de Tolosa en la Carretera General del Sur, no en la Autovía, a la altura del municipio de Santa Elena.

– Aunque hemos de admitir, que lo que se dice milagros de San Isidro existen  muchos, y muy conocidos todos.  Tal vez por ello sea que es un Santo tan querido por el pueblo en general, al tratarse ni de un representante de nada eclesial, ni de un doctor en materia alguna, y hasta incluso de nadie que represente instituciones relevantes.

– Era simplemente, lo que se dice, un desconocido labrador asalariado.

 – Así que ciertamente parece ¿que se conocen de él muchos más milagros?

– Claro, muchos, pueden contarse tantos que efectivamente, cuando la Iglesia tomó en su mano la concesión de la Santidad de manera efectiva para  declarar santos, no simplemente a los que habían entregado su vida por defender sus creencias como los mártires, ni admitir sin investigación exhaustiva los merecimientos avalados simplemente por los rumores, más o menos manifiestos popularmente, y comienza a realizar estos tratamientos honoríficos  referentes a la santidad  con absoluto rigor, le resulta tan claro y evidente  elevar a la categoría de Santo a Isidro.

– Hemos de considerar que las iglesias en general, y en particular la Católica han ido evolucionando a lo largo de los siglos, y es natural, en este tema de la elevación de personas a la dignidad de santos,  con relación a la manera de pensar que han requerido las sociedades a través de los tiempos.

– Desde aquellos remotos de la Edad Media donde el simple criterio de un Obispo era suficiente para que alguien fuera investido como Santo, la canonización es ahora juicio exclusivo del Pontífice, y se conduce de manera similar en el  Derecho Canónigo, como lo haría en el Civil.  Simplemente como un proceso abierto por la conocida en el Vaticano como: – Congregación para las causas de los santos – .  Y de hecho, en estos procesos pasan las personas evaluadas para ello por las etapas de Venerable, Beato, y por último Canonización, que juzga el propio Papa ante los alegatos que le presentan, por un lado, el llamado Promotor de la Fe, y por otro el denominado Postulador de la causa, que actúa como abogado defensor del examinado, y ha de demostrar con toda clase de pruebas, testigos y alegatos su idoneidad para ser postulada como Santo. Aunque al Promotor de la Fe, simplemente le basta demostrar dudas razonables, para que no continúe  su curso normal el proceso.

– Por supuesto que en estas causas se estudian de manera muy minuciosa los llamados – milagros – con alegaciones, pruebas y hasta  testigos de manera exhaustiva,  ya que siguen siendo  para estos procesos  la única corroboración sobrenatural a la que se le puede dar verdadero crédito.

Aunque desde el Concilio Vaticano II el número de milagros que se exigen en la continuación de la causa sean simplemente de dos.

-En relación a ellos, a nuestro Isidro le sobraban milagros cuando llegó su causa a Roma, se le suponían tantos, con tantos detalles, atestiguados por  testigos y hasta refrendados por ellos, y en los más diversos campos que posiblemente no fuera dificultoso y por ello ciertamente rápida su causa, ya que fue beatificado por Pablo V en Junio de 1619 y solo tres años más tarde en el año 1622 canonizado por Gregorio XV, conjuntamente con San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús y San Francisco Javier.

 – Claro, ¿por que santos hay muchos verdad?

– Muchos, muchos, Si señor.  Pues hay como unos  19.000, o tal vez más.

 – ¿Tantos?

– Bueno, estos serían todos, pero teniendo en cuenta los canonizados por la Iglesia, digamos formalmente, y con garantías absolutas,  pues 2492 hasta la actualidad.

– A Isidro además de Santo, se le nombró así mismo, Patrono de la Villa y Corte de Madrid y de algunas otras ciudades españolas como Triquivijate en Fuerteventura, La Llosa en Castellón, Rota en Cádiz y Yecla en Murcia, así como muchas en América del Sur, y también patrono de la agricultura y de todos los que a ella se dedican.

– Y así de manera muy general  ¿que milagros se le conocen como más característicos?

– Pues verá, como más característico, desde luego el de los bueyes que araban solos la tierra, mientras él rezaba. Que ha sido motivo frecuente de bromas y hasta de críticas, pero también el del molino, en el que a partir de unas pequeñas porciones de trigo que le regalan, alimenta a miles y miles de palomas durante una nevada en Madrid, incluso uno muy importante,  en el que su propio hijo cae al pozo de la casa donde viven  y con sus oraciones hace que crezca el nivel del agua y salga el muchacho sano del pozo,       

en fin hay muchos más, como aquel en el que llegan bastantes pobres a su casa y los ayuda a todos con la pobre y pequeña olla que tiene para su propia familia, de la que comen todos.  

– Aunque de verdad, lo característico  de este Santo, yo diría que es su acercamiento al pueblo, y hasta también a sus autoridades, es un Santo tan popular y cercano a todos, tal vez por su origen, que es visto como alguien próximo, asequible y sencillo, que seduce y fascina en su humildad pero sobre todo en su simplicidad.

– De ello que hasta auténticos genios, en este caso de la literatura como el mismo Lope de Vega, vea usted como expresa en unos sencillos versos nos relata un milagro tan simple como el de las palomas:

                          Con aquel su ardiente celo

                             apartó la nieve y hielo,

                              y allí el costal desató

                            y trigo a tiempo llovió

                       qué llovía escarcha el cielo.

                            Las palomas, con placer

                        a que a otro ninguno iguala

                        viendo la mesa, y no mala,

                            descendieron a comer

                          sin huir del maestre sala.

                           Viendo Isidro su porfía

                              al costal iba y venía

                        diciendo a los dos nos toca,

                           abrid vos, costal la boca

                         pues que yo cierro la mía.

                        Ellas dando en los baratos

                        montones de trigo espesos

                          iban con picos traviesos

                           a mordelle los zapatos.

                      ¡Yo sospecho que eran besos!

                      y él, que tan contento estaba,

                          las hablaba  y consolaba,

                       de aquella nieve importuna

                              y por no pisar alguna

                             los santos pies desviaba.

 

 -Pues es bonito oiga, ¿y es del mismo Lope?

– Pues sí, del mismísimo Lope de Vega.

– Y naturalmente ese acercamiento lleva a intentar que interceda en casi todo, pero sobre todo en curaciones,  y  que comienza  aparte de otras muchas que el pueblo relata, realizándolo  en la persona de Mariana de Neoburgo, segunda esposa de Carlos II, y esta con importantes señales mediáticas.

– Aunque desde luego, el “milagro” al que antes nos referíamos de la batallas de las Navas es el que históricamente nos llama más la atención.

– Efectivamente se  ganó la batalla, y  significaba mucho, muchísimo, se entendía como un verdadero milagro.  Era, lo que luego durante muchos años los historiadores han llamado y con razón  -El verdadero comienzo del fin del poderío musulmán en la península -.  Pero en  eso quedó  todo, tal vez perduraría en el ánimo de algunos o incluso de muchos de los contendientes y hasta del Rey, pero nada más…

– Y sin embargo  lo  ocurrido fue que  Isidro había fallecido en el año 1172, es decir hacía 40 años cuando se dio la batalla, y estaba inhumado en el cementerio de la Iglesia de San Andrés.

– Precisamente, y puesto que la devoción de las gentes de Madrid aumentaba,  el párroco de la Iglesia propuso incorporar sus restos mortales a la propia  Iglesia.

– Con ese motivo fue descubierto el estado de los restos que aparecieron  incorruptos,  motivo que supuso que se celebraran muy importantes exequias a las que acudió el Rey.

Y este es el punto culminante de la historia, cuando nuestro Alfonso VIII contempla de cerca los restos…  exclama admirado:

-…¡ Es el pastor…!

– Y se le demanda, que ante los obispos ratifique su testimonio, y lo corrobora, jura  y revalida.

– Oiga, ¡que barbaridad!

– Pues fue así, y a lo que parece tanto, que como demostración, resulta que tenemos, naturalmente copiada y descubierta en tiempos de los Reyes Católicos  en los archivos de Vaticano, la carta que el Rey, envió al Papa en Roma, que en ese momento era  Inocencio III, que escribe su inseparable  Obispo Jiménez de Rada, en la que ofrece al Pontífice detalles de la batalla, y en uno de los párrafos dice textualmente:

– Efto que aquel pastor decía , no podía home creer que diciese la verdad, por cuanto era home mal veftido, é de perfona non tan apostada…

 – Interesante, oiga. Muy interesante.

– Me alegro mucho que le agrade.

– Por último, y para terminar vea usted, con que ingenio ensalza al Santo,  nuestro Lope,  en estos pequeños versos en los que parece con ellos decirlo todo:

                          El arado con que el suelo

                     rompe agora, es como un velo

                         de este misterio profundo

                     que siendo arado en el mundo

                        vino a ser cetro en el cielo.

Y observe usted además, que se trata del Patrón, como le digo, de Madrid.

Precisamente, de una ciudad como él mismo: sencilla, sin añadidos, fácil y  asequible como lo es su Santo para todos, ingenua y sincera  para cualquier español, y discreta y natural para quien llega a ella.

Y será posiblemente por eso, por lo que el mismo Lope de Vega, también como a su Patrón le dice a Madrid con sus versos…

                          No dudes ciudad dichosa

                     que has de verte ennoblecida

                           crecida y esclarecida

                        por tu reliquia famosa

                    por su muerte y por su vida.

 serás Corte de los Reyes, su casa y sus ejercicios

                          tendrás ricos edificios

                         en ti se darán las leyes

                        las dignidades y oficios.

                      No habrá ingenio, policía

                            hermosura, cortesía

                 grandeza en que en ti no halles

                 templos, plazas, casas, calles

                    te harán insigne algún día.

                 Todo es bien que en ti se vea

                     pués en efecto eres aldea.

 

Un verdadero ejemplo de humildad, y con ello de dignidad, y por supuesto envidia de algunos.

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