Miguel Primo de Rivera

En política no son suficientes las buenas intenciones.

Un buen hombre, amante de su Patria. Cuando ostentas el poder…nada. Solamente cuando te mueres, pasas a ser un dictador.

Posiblemente, y para dejar meridianamente claro cuál es mi posición con respecto al contexto general que plantea el personaje, sería buena una primera aclaración a este respecto:

Me ha correspondido vivir durante muchos años en una Dictadura como Régimen Político, y no lo recuerdo como adversidad, ni infortunio alguno. Eso sí, he de aclarar que jamás he entrado en política.

Sin embargo, y puede no significar mérito alguno, creo que como a muchas otras personas, ni me gustan, ni nunca me han gustado las dictaduras de ningún color. Aunque posiblemente también como a otros muchos, me importa de manera extraordinaria, solamente lo positivo o negativo que le ocurra a mi País.

En este momento político en el que ahora afortunadamente nos  encontramos, posiblemente, algunas personas no sean totalmente conscientes de las vicisitudes que han sido necesarias para llegar a un grado de libertades como en el que ahora vivimos. Incluso conociendo acontecimientos que nos intranquilizan y, que la ensombrecen en ocasiones.

Pero hemos de ser cuidadosos en nuestros juicios y sobre todo en nuestras decisiones,  puesto que como todos los fenómenos humanos, no solo este de la política, sino algunos otros,  tienen una particularidad muy singular, y es el hecho de ser fenómenos pendulares.

¿Y esto que quiere decir? pues simplemente que siguen una norma, así como la que rige el péndulo, que cuando sube, al bajar no se queda en el centro, sino muy al contrario, llega a ponerse en una posición absolutamente contraria y alejada de su inicio.

Sea por esto, y naturalmente, por muchas otras circunstancias, el hecho cierto es que resulta francamente complicado hablar, y sobre todo juzgar, lo que se denominan políticamente como  – dictaduras -.

Justifico, entiendo y, además comparto, que efectivamente habiendo nacido y vivido en un régimen de auténticas libertades públicas, es decir, en un  momento político de democracia, sea incluso difícil evaluar la satisfacción que  ha de producir y lo gratificante que debe ser, vivir en él.

Bastantes cosas, y también hasta personas en nuestra vida por no decir muchas, hay que perderlas para valorarlas.

Lo que sí ocurre ahora, es que algunos consideran que todos los males vienen dados por aquellas faltas de libertades políticas, que de hecho parecen darse en las dictaduras.  Otros sin embargo, no pensamos así  al considerar que nuestras privaciones sociales y culturales, que vienen,  desafortunadamente de muy atrás, naturalmente,  unido a nuestro ancestral espíritu latino, rebelde envidioso y violento, nos lleva a que siempre ocurra lo mismo. Y es que un número muy determinado de ciudadanos no se merezcan esas libertades políticas, que todos justamente demandamos.

Y de hecho con razón, puesto que históricamente siempre son de manera precisa esos grupos los que siempre han demostrado que cuando alcanzamos, las pretendidas libertades, que nunca las han sabido ni entender ni mantener y por supuesto, tampoco aplicar, ni utilizar.

Pero también hemos de comprender que existe un círculo, al que con razón, a este sí tendríamos que denominar “vicioso”, que consiste en que el desorden entraña desempleo y escasez, y en definitiva pobreza y penurias, que nunca han sido buenos consejeros para nadie.  Y que, naturalmente son indefectiblemente utilizados por los individuos conocidos de siempre, para poner en marcha,  no la ordenada y justa reivindicación, y sí por el contrario, la anarquía, el desorden, el atropello y a veces hasta el delito.

Nosotros, en las épocas en que vamos a fijar nuestra atención, éramos un país francamente pobre  y atrasado. Y era natural y hasta lógico el descontento de las clases menos favorecidas de la sociedad, y así ha sido siempre a lo largo de los siglos, y parece natural.  Es simplemente el ancestral enfrentamiento entre el trabajo y el capital, que en los países sajones se resuelve de una manera, y en los latinos de otra, que suele ser más violenta.

Y con este alegato no se piense, ni por un momento, en que estoy defendiendo los regímenes dictatoriales, de ninguna manera.

Pero eso sí, estimo que con algunos de ellos, se han conseguido por el hecho de que, aunque forzada, se han alcanzado momentos de paz y estabilidad pública  el tiempo suficiente durante el cual se ha intentado llevar al país a situaciones de florecimiento cultural y económico, que de otra manera hubiera sido totalmente imposible conseguir.

Valga como ejemplo muy representativo de las dos tendencias o puntos de vista mencionados un hecho que lo aclara y en el que están representadas ambas.

Cuando a los tres meses de la instauración de la Dictadura de Primo de Rivera, los presidentes del Senado, el  Conde de Romanones, y del Congreso de los Diputados, Melquiades Álvarez,  le recuerdan al Rey que la Constitución ordena que pasado el plazo se han de convocar elecciones generales.

Son fulminantemente destituidos ambos mediante Decreto.

Y se justifica con una frase, que ha quedado para los anales de la política:

El País no se impresiona ya con películas de esencias liberales y democráticas, quiere orden trabajo y economía.

Hago unas introducciones muy largas, ¿verdad?

Pues  son simplemente, un intento para que se piense con ellas, que en política ni todo es blanco ni negro, y que solamente existe, una amplia gama de grises. Y no hay en esto ninguna duda de que es sola y exclusivamente, la buena voluntad de los gobernantes, su talante democrático, su honradez y sobre todo su disposición de no dañar al administrado, aunque sea adversario, en lo que tenemos que confiar únicamente los ciudadanos.

Y en verdad, estos atributos, son  tan escasos y fugaces, como pueda ser la iluminación de un relámpago.

Aunque desde mi punto de vista, y esto es una simple opinión personal sobre el tema que nos ocupa, sí creo, que pone de manifiesto la llegada a la escena política de un personaje, que con importantísimo bagaje de  buena voluntad intentó sacar al país de una situación penosa, lamentable, y hasta vista con óptica actual, de bochornosa crisis económica, política, y sobre todo moral.

Pero estaba claro, que no habría de salir bien.

Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, nació en Jerez de la Frontera en 1870, en el seno de una familia de rancio abolengo militar, él así mismo, era también un militar que se distinguió en las campañas de África, donde prácticamente hizo su carrera. También se distinguió en otros frentes llegando pronto a conseguir el Generalato, ya que por méritos de guerra los ascensos naturalmente eran muy rápidos. Ocupó después  altos cargos como Capitán General de varias regiones militares, en 1922 estaba destinado en la Capitanía General de Cataluña. Y desde este cargo    conoció de manera  más cercana, cuál era el verdadero ambiente del momento, y las verdaderas circunstancias en que vivía el país.

Como serían estas, que para definirlas literalmente y en todos los foros, sean de cualquier ideología, se la ha llamado la época del “bandolerismo”, y con toda la razón.

Los sindicatos obreros habían crecido exponencialmente desde algunos años atrás, las huelgas se sucedían continuadamente y la conflictividad laboral y el desorden eran  terribles.

Entre los años 1918 y 1921, solo en dos años, se dieron en España 800 atentados, es de destacar el asesinato, por los anarcosindicalistas catalanes Matéu, Nicolau y Casanellas del Presidente del Consejo de Ministros D. Eduardo Dato, en la puerta de Alcalá de Madrid, que aunque juzgados y condenados a muerte, fueron indultados por Alfonso XIII, y meses después puestos en libertad por la segunda República.

Bien es cierto, que en España la muerte en atentado terrorista de un jefe de gobierno no era nueva, pues anteriormente ya habían sido asesinados por terroristas,  Prim, en la calle que actualmente se llama Marqués de Cubas, y que entonces se llamaba calle del Turco, en Madrid (1870) Cánovas de Castillo, en el Balneario de Santa Águeda en Vizcaya, (1897) y Canalejas en la Puerta del Sol también de Madrid (1912)

En Andalucía la situación era espantosa, la miseria en la que vivían sobre todo los campesinos, unida a las expectativas que llegaban del triunfo de la revolución bolchevique, llevaron a una situación de anarquía tal, que se quemaban cosechas, se repartían fincas y se realizaban todo tipo de tropelías; lo que llevo al Gobierno a declarar el estado de guerra.

En Cataluña los conflictos empresariales eran de tal magnitud y se radicalizaron de manera tan importante que se llegó a crear una asociación empresarial llamada – Federación Patronal – para luchar contra los obreros y sus representantes;  esta asociación  recurrió incluso a contratar pistoleros a sueldo para eliminar a personas destacadas del sindicalismo.

Murieron asesinados en aquellos años destacados empresarios, políticos, y representantes de movimientos obreros.

No podemos pasar por alto otra circunstancia que todavía agravaba más la situación que padecía aquella sociedad, y que mantenía a la población en un estado de perpetua intranquilidad, y falta de moral ciudadana.  Era que la guerra de África continuaba, con desastres como el de Anual, el Barranco del Lobo, y otros muchos que costaban continuadamente vidas y vidas humanas.

Con este panorama lamentable y desolador, y por supuesto también bajo los efectos del célebre Informe Picaso incoado por el tío del que más tarde sería nuestro genial pintor, para aclarar las posibles responsabilidades de los mandos militares en las desgraciadas campañas de África.

En Septiembre de 1923 – Primo de Rivera – con la aquiescencia del Rey Alfonso XIII, del clero, de los militares, de la burguesía, de la patronal e incluso de los sindicatos obreros, hace un pronunciamiento militar incruento, e instaura un Directorio militar, que él mismo encabeza excluyendo a los políticos profesionales.

Ha dado comienzo con ello la llamada: – Dictadura de Primo de Rivera -.

En sus comienzos no hubo resistencia alguna, puesto que aunque los derechos constitucionales estaban abolidos, era tal el desencanto del régimen que se padecía en el momento, y también porque en su discurso  lo que realmente era  una verdadera  dictadura militar, se presentaba como puramente transitoria, que por ello, incluso los socialistas mostraron una neutralidad benevolente.

La Constitución de 1876  quedó abolida, se disolvieron las Cortes, y se pasó prácticamente, ante una ciudadanía atenta y expectante pero eso sí, sin  desorden alguno, a esa Dictadura Militar.

Su primer gran éxito, sin duda, fue la conclusión de la Guerra en África conseguida de manera rápida con el desembarco  de tropas españolas en Alhucemas, y  con la  derrota y posterior captura de Abdelkrin, jefe de la sublevación, lo que llevó de manera inmediata a la pacificación del territorio.

El Directorio militar, era simplemente un órgano consultivo, puesto que Primo de Rivera como ministro único, gobernó en solitario durante dos años.  En ellos se instauró nuevamente el “somaten” que era una institución  civil de caracter – pseudopolicial – de origen catalán  para la defensa en general de la ciudadanía, ampliándola a todo el territorio nacional y convirtiéndola así en una de las bases del régimen.

Ya en 1925 fue abolido el Directorio Militar y pasó a crearse un Directorio Civil, así como un Partido Político denominado – Unión Patriótica -,  que desde un principio se consideró como una forma encubierta de perpetuar la Dictadura, en el intervenían como ministros  personalidades civiles de prestigio como José Calvo Sotelo en Hacienda, Eduardo Aunós en Trabajo, en Fomento el Conde de Guadalhorce y José Yanguas Messia como Ministro de Estado.

Aún así, era natural que en muchos sectores de la sociedad seguían existiendo los naturales anhelos de constitucionalismo que veían con esta maniobra, como afirma la historiadora Genoveva García Queipo de Llano

La voluntad de permanecer en el poder y no marcaba ningún camino preciso para salir del régimen dictatorial.

En el tercer aniversario de su proclamación, intenta Primo de Rivera la creación de una llamada  – Asamblea Nacional Consultiva – con objeto de crear el proyecto de un nueva Constitución.  Intervinieron en ella verdaderas personalidades destacadas del Derecho, de la política y hasta de las artes: José María Peman, Gabriel Maura Gamazo y Juan de la Cierva y otros muchos.

A nadie gustaba, por una u otra particularidad el anteproyecto, y al que menos, parece ser que al propio Primo de Rivera por considerar que otorgaba un papel demasiado importante a la Corona.

Con lo cual quedó estancado.

Y siguiendo como antes las acertadas notas de la historiadora Genoveva García Queipo de Llano:

Lo que acabó por arruinar a la Dictadura como fórmula política fue su propia incapacidad para encontrar una fórmula institucional diferente del pasado.

Y personalmente por mi parte, diría que así mismo arrastró también con ella a la Monarquía.

Por otra parte es difícil, por su extensión y diversidad tratar de enumerar los logros que durante este momento político de la Dictadura se llevaron a efecto en nuestro país, que fueron de todo tipo, sociales, estructurales, culturales, y de los más diversos tipos.

La estabilidad en el empleo, con la promulgación del Código del Trabajo en 1926, siendo ministro de trabajo D. Eduardo Aunós.

Así mismo se elevan, por primera vez, y sustancialmente, los emolumentos de los maestros, y la tasa de analfabetismo pasa de un 71% a un 52%, aumentando importantemente el número de estudiantes y      sobre todo por primera vez de  – estudiantas –  universitarios.

Se consigue acceso de la mujer al mundo laboral. Construcción de viviendas sociales, con el Plan Nacional de casas baratas, de las que en Madrid todavía algunas barriadas perduran. Se funda el Instituto Nacional de Reformas sociales.  Se construyen 25 Institutos de Enseñanza Media,  y sobre todas ellas la más llamativa, tranquilidad social.

Es posible que junto con esta paz social y la terminación de la guerra de Marruecos, sean con el aspecto económico y el de las infraestructuras realizadas, lo más llamativo de la Dictadura.

Tienen lugar la creación de las grandes compañías, como la Arrendataria del Monopolio de Petróleos CAMPSA, la Compañía Telefónica Nacional de España, que construye por entonces para sus oficinas el primer “rascacielos”, la célebre Telefónica de la Gran Vía de Madrid,  el Sistema Nacional de Loterías del Estado,  la Tabacalera y otras.

Así como a través del Plan Nacional de Firmes se construyen unos siete mil kilómetros de carreteras, siendo el embrión de nuestro sistema viario nacional actual, que hasta ese momento habían sido desde tiempos de Carlos III, de tierra compactada,  y cuando no, reutilizaciones de antiguas calzadas romanas.

Igualmente unos diez mil kilómetros de vías férreas;  comienzan las obras de las grandes presas para el aprovechamiento del agua de nuestros cauces fluviales, en riego y producción de energía eléctrica, y se consigue prácticamente la electrificación del país, a través de la creación de las Confederaciones Hidrográficas de los grandes ríos.

En otros ámbitos se funda el Patronato de Turismo, que será, pasados los años, la futura red de paradores de turismo, así mismo se funda el Banco Exterior de España;  posiblemente no sea exagerado expresar que los logros de los que se vanagloriaron gobiernos posteriores como la República e incluso el franquismo se deben a los éxitos del gobierno de Primo de Ribera.

Viendo ahora con la perspectiva del tiempo la situación de la que se venía, y viendo los triunfos de este momento político, parecería lógico hacerse algunas preguntas. Veamos algunas:

¿Había tantas cosas por hacer?

Pues, sí, efectivamente, primero por no haber sabido los gobiernos  equilibrar las distintas tendencias políticas, entre liberales y conservadores y segundo porque entraban ideas nuevas de inclinaciones  más radicales a las que los políticos de todos los bandos no se quisieron enfrentar.

¿Hubo algo que no se hiciera en tiempo de Primo de Rivera?

Se hicieron en aquel tiempo político tantas realizaciones y  de tal calado social, y estructural que posiblemente habría que contestar negativamente, pero algunas actuaciones de tipo político, si faltaron.

¿Siendo así, por qué esta situación fue tan poco duradera?

Hay motivos de toda índole para explicarlo: Primero, un motivo pura y simplemente humano y biológico: D. Miguel Primo de Rivera era diabético, y por aquellos tiempos, aún no existía la insulina ni los medios terapéuticos que conocemos actualmente.

La primera insulina se descubrió, por Nicolae Paulescu en el año 1921, y sus posibilidades de rebajar las cifras de glucosa no fueron reales hasta bastantes años después y por supuesto no se conocieron en los tiempos de vida de D. Miguel, que murió en Francia, exilado de manera voluntaria, enfermo y desmoralizado a los 60 años de edad.

¿Qué motivos provocaron entonces la caída de Primo de Rivera?

Naturalmente el primero fue la falta de apoyo del Rey.

Pero, ¿Por qué?

Pues había bastantes razones, la primera que los catalanes sintieron muy pronto que aún manifestando, como lo hizo siempre, su simpatía y hasta, según decía en sus discursos, su cariño, por esa región de España, nunca se sintió, ni nacionalista, ni separatista.

Segundo, porque para la realización de esta cantidad de obras, hacían falta enormes sumas de dinero público, y por ello intentó, aunque sin conseguirlo, subir los impuestos con lo que naturalmente se granjeó la enemistad de las clases opulentas de la sociedad.

Coincidía también que la bonanza económica internacional de los “felices años veinte”  había terminado con el “crac” del año 29, y fue hasta necesaria una devaluación de la peseta.

Tercero porque había existido siempre en el ejercito dos corrientes de opinión enfrentadas, una que defendía los ascensos en el escalafón por méritos de guerra, y otra que no lo admitía y propugnaban exclusivamente la antigüedad. No es necesario decir que  al tomar partido y decretar los ascensos por méritos de guerra, inmediatamente el arma de artillería se convirtió en su peor enemigo.

Y, Cuarto que aunque tímidamente al principio, comenzó a elevarse la conflictividad laboral, pero sobre todo, y esto posiblemente fue lo determinante del ocaso de aquel gobierno, comenzaron las revueltas estudiantiles a consecuencia de la postura de influyentes figuras intelectuales que no veían bien la postura gubernamental y se sentían reprimidos en sus libertades públicas, fundamentalmente Unamuno y Valle Inclán.

Es decir, en poco tiempo estaban en su contra los liberales, los conservadores, los republicanos, los anarquistas y los intelectuales y esto provocó que en Enero de 1930, presentara su dimisión a Alfonso XIII.

Por otra parte, gesto que le honra personalmente pues ha sido con Adolfo Suarez, el único mandatario español que ha tomado esta decisión, ante la sospecha de que la opinión pública no estaba por completo a su favor, e inmediatamente se exiliará de forma voluntaria en Francia donde murió muy poco después.

Desde mi punto de vista, un buen hombre, un gran militar, pero sobre todo, y para mí lo más importante, un hombre con verdadero amor hacia su país.

Y que es natural, como  su país era España, no se lo reconoce.

Por supuesto.

Pero nosotros, sin juzgar en absoluto su gestión, y solo por aquel afecto que intuimos a su nación y con ello a sus conciudadanos, y solo por eso, lo recordamos aquí, intentando como siempre, que su memoria permanezca algo más entre nosotros.

 

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