Isaac Peral

Una muy evidente conjura

No era el momento y nada se puede hacer contra una conspiración de miserables gentes desalmadas, bien organizada y además con autoridad, es decir políticos.

-Le aseguro que es un magnífico libro, este que ha caído en mis manos…

Y es una biografía ¿verdad?

Pues sí, una  biografía,  me gusta tanto ese género, que se puede decir que hasta las persigo…

-Ya, ya, y esta,  ¿de quién es?

-Se trata de un personaje al que ya hace mucho tiempo quería referirme y del que venía buscando información:

–  Isaac Peral. –

Claro, efectivamente, un personaje muy singular.

– Pues  sí, es  extraño  ya que existen no sé si muchas, pero algunas personas  como  él,  a las cuales por diversas causas, sus obras sean del tipo que sean, artísticas o científicas, es igual,  no se les reconocen en vida  el valor  que les corresponden,  y después de muchos años afloran y son consideradas apreciables y hasta en ocasiones como esta, geniales. Habiendo ocurrido que  sus autores  no percibieron en vida las alabanzas y honores que  merecían.

– Curiosamente  a este, si se le reconoció su excepcionalidad, pero de manera muy fugaz,  aunque  luego incomprensiblemente, se difuminaron sus merecimientos.

Oiga,  ¿y de quien es el libro?

– Su autor es Don Agustín Ramón Rodríguez González, un historiador madrileño, Académico y Profesor de la Universidad San Pablo. Y además se puede decir que un especialista en temas navales. Valga para ello el hecho de que comenzó su carrera con una magistral tesis, precisamente sobre la llamada – Política Naval de la Restauración – y que  entre los muchos premios que se le han concedido, tiene uno que efectivamente lo demuestra  y acredita:   la  – Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco –

Y, ¿dice usted que le ha gustado el libro?

-Mucho, es efectivamente como dice la contraportada,  la más documentada y sobre todo serena biografía, de Isaac Peral.

Y doy fe de  que no es publicidad engañosa.

Además,  por si le faltaba algo al libro  tiene un prólogo magnífico de otro gran historiador, José María Jover Zamora.   Maestro este de historiadores.

Lo dicho, el libro es  una  verdadera complacencia para la información por un lado, y por otro, un verdadero encanto de aclaraciones y muy acertadas todas ellas.

Tal vez  en mi humildad, me permitiría objetar exclusivamente  algo sobre  la frase que acompaña al  título, que es: – Historia de una frustración  – .

Ya que aunque no hay duda, de que en eso efectivamente,  consistió la historia de este gran hombre al que ahora queremos acercarnos y conocer sus desventuras,  pero atendiendo al significado de la palabra frustración que nos ofrece el Diccionario  “Fracaso de una esperanza o deseo”,   y por supuesto admitiendo que lo fue, y muy profunda  sobre todo para el protagonista, sin embargo, en el momento actual  pasados ya los años, no estoy seguro de si sería posiblemente más acertada otra,  algo así como:

“Historia de una indecencia”.

Cuando lees el libro, sin querer piensas…

La verdad que es una lástima… Un pueblo como el español, sensible, afectivo, inteligente y alegre, pero… ¡que poco  de fiar son sus gentes!

Pensándolo bien, la verdad es que, nada de fiar.

Ante esta aseveración, una legión de cínicos ahora, se rasgarán las vestiduras, y otros pocos, pero  muy pocos,  son los que pueden pensar con razón, que sea algo extremada.

No,  para un español  la autocrítica es algo tan desconocido como puedan ser los profundos secretos astronómicos. Y  ha de ser por ello, que algunos ejemplos de frases como estas, no se han vuelto a repetir desde Atapuerca.  Naturalmente pronunciadas  eso sí, como verdaderas, y no como simple  formulismo de falsa etiqueta, que desde luego de esa manera  se vocalizan con bastante prodigalidad.

Pueden ser ejemplo,  algunas de estas…

– Pues sí, también yo puedo tener algo de culpa…

– Es posible, efectivamente que pueda estar equivocado…

– Desde luego reconozco que lo tuyo es mejor…

– Me doy cuenta de que estaba equivocado… perdona.

Y tantas otras, que un español que se precie, jamás pronunciará con auténtica sinceridad.

-Muy triste, pero es así.

Efectivamente, pero lo grave en este caso consiste en que en ello, y solo en ello,  está la base, razón y esencia de la democracia.

La verdad entonces, es que tendremos que convenir….en algo,   con cuantos cínicos convivimos…

No estoy seguro de que en algunas otras latitudes de este antiguo mundo europeo, se pondrán a cocer las mismas habas, hasta es posible que sí.

De lo que  estoy convencido, es de que aquí, son auténticas calderadas.

Pues sí efectivamente, lo que se cometió con este hombre fue, una verdadera canallada.

Existe una frase que puede definir  bien estos hechos, escrita por el propio Peral, y que  figura en su informe.

“He ofrecido siempre a las autoridades españolas con lealtad  mi trabajo y mis ideas,  recibiendo  de ellas agravios que no creo merecer.”

Hasta aquí, solo mis apreciaciones personales que naturalmente pueden ser compartidas o no.  ¡Pues claro!

Veamos ahora los hechos:

Cierto  que la Historia Universal,  es simplemente la crónica de los logros conseguidos por aquel – mono – de pequeña cabeza y largos brazos que bajó de los árboles y comenzó a caminar sobre sus dos patas traseras.

El Australopopiteco.

Acontecimiento este,  que dicen los conocedores, que ocurrió en África, pero no se ponen de acuerdo casi en nada,  ni incluso sobre  los miles de años en que sucedió.  Es perdonable,  ya que pensándolo bien… hace tanto tiempo.

Pero desengañémonos,  la Historia Universal es solo eso, el relato de la consecución de sus conquistas,  la enumeración de sus triunfos  o  la reseña de sus victorias, únicamente eso.

En una palabra los éxitos del “mono”. Vamos…

Aunque la percibamos como mucho más compleja, en esencia es solo eso en lo que consiste la disciplina que estudia la historia de la humanidad.

Clarísimamente, lo que ha ido consiguiendo aquel remoto  “mono”.

-Pero, que eso sí desde luego, pensándolo bien, es muchísimo…. eh

Pues sí.  Ha sido nada menos que  ir modulando sus instintos para poder llevar una vida en sociedad, adquiriendo habilidades, e  ingeniando formas y normas para convivir.  También descubriendo energías naturales que le han permitido mejorar su existencia, y con todas ellas ir creciendo, no solo en número, que también, sino en todo tipo de prosperidades.

-Hay que desengañarse,  pero el  –mono –  es verdaderamente genial.

Para ello, bien es verdad que ha empleado miles y miles de años, y siempre les ha parecido a la mayoría de los mortales, en cualquier tiempo, que lo suyo, lo de ese momento en que vivían, era el máximo a conseguir.  De ello, que hayan vivido la mayoría siempre, más o menos felices.  Trabajando, eso sí, pero sin preocuparles a casi ninguno demasiado,  ni lo de antes,  ni lo posterior.

Aunque también han existido en todos los tiempos, otros  –distintos-  en los que la curiosidad fundamentalmente,  les ha llevado a  querer mejorarlo todo…  es una característica propia que precisamente los define y los hace eso –distintos-.

De siempre pensaban estos “distintos”,  entre  multitud de otras cosas en  ello,  y era una de los objetivos que parecía de mayor dificultad a conseguir. Se trataba, y era simplemente contravenir su anatomía, incluso su fisiología, realizando las dos habilidades que le estaban vedadas por la naturaleza, volar como las aves y nadar como los peces.

¿Intentos?…  podríamos decir que  cientos, posiblemente  miles, y ocurrió  como casi siempre, que no de golpe,  sino poco a poco  pero   se fueron consiguiendo.

Por ello,  que a nuestro protagonista de hoy, que podemos encuadrarlo en esa categoría de “otros”, no deberíamos  catalogarlo ni ponerle el  calificativo de  –inventor -.

En realidad inventar es concebir, realizar algo nuevo que antes no existía,  pero Isaac Peral  hizo algo que tiene tanto o incluso más mérito que inventar.

Consiste en  -conseguir-.

Es decir, primero conocer a fondo, luego idear, después proyectar  y al final  resolver,  todos y cada una de los  difíciles impedimentos que se plantean para la consecución de un proyecto, en este caso permanecer bajo el agua.

Eso hizo él. Nada menos que lo más difícil.

– Conseguirlo -.

Siempre una vez vencidas las dificultades,  ya el desarrollo de cualquier  cuestión de que se trate  es imparable,  y no es que sea rápido, es mucho más,  se convierte en vertiginoso.  Véase lo ocurrido con esto.

Pero, mucho cuidado…antes de seguir adelante, pensemos que en este caso lo conseguido era un arma, precisamente eso,  nada menos que un “arma”.

Y muy poderosa por cierto.

Efectivamente, y  con la que incluso cualquier mente de aquel momento veía claramente  que con su posesión,  se magnificaban las ventajas y se podía conseguir una  superioridad  manifiesta en un campo como es el del  mar,  en el que ancestralmente, de siempre  los  -monos – han dirimido y siguen haciéndolo muchas de sus diferencias.

Aunque… entra en juego ahora, algo que también ha inventado el “momo”.   Él poder.

-Pues sí, efectivamente son geniales,  pero pueden así mismo resultar repugnantes.

Y esto, ya no es que sea difícil de explicar, es casi imposible. Puesto que detrás hay, desde sentimientos como la soberbia, la envidia o  la avaricia.  Incluso otras circunstancias, y alguna de ellas también complicada de entender  como son  las finanzas.

Esos elementos fueron los que desafortunadamente gravitaron sobre aquella buena persona, pero también eso sí, tampoco exenta de algo que acompaña siempre a cualquier humano, el orgullo.

Marino de vocación, estudioso, trabajador, valiente, abnegado, pero  al que el destino puso en un lugar y en un momento, que podemos definir como,  poco oportunos.

Así,  así lo describen todas las biografías que he leído de Isaac Peral, y naturalmente todas no pueden estar equivocadas.

Veamos por ello exclusivamente, esas dos variantes el momento y el lugar:

En cuanto al momento, hemos de reconocer que no era maravilloso.

Cuando viene Peral al mundo, está ocupando el Trono de España, Isabel II. Casada ya hace cinco años con su primo hermano, aquel indecente individuo, que lo de menos es que fuera homosexual, lo importante es que era un repugnante, desaprensivo y desvergonzado sujeto caracterizado por vocación exclusivamente, para la intriga.  Francisco de Asís de Borbón, Duque de Cádiz.  Y todavía no tienen descendencia, y parece que dadas las características de aquel execrable marido de la que la han provisto a la pobre Reina, no la tendrán nunca.

Habían nacido dos varones, de  los dos primeros embarazos de la Reina y resultaron fallecidos al nacer.

Y es en 1851, precisamente el año en que nace Peral,  cuando  la Soberana tiene con su tercer embarazo, su primera hija viva, la Infanta Isabel, la “Chata”  y que por tanto en ese momento es,  – Princesa de Asturias.-

Por cierto, figura durante su vida, muy querida en el Madrid de entonces,  a la que  se le dedicó  aparte de una calle con su nombre,  otra  llamada Calle de la Princesa,  un Hospital, un teatro y  además un precioso monumento.

Aunque resulta que ya  es  llamada por él pueblo,  la “Araneja”, pues se conoce que su paternidad se debe al “acompañante” en ese momento de la Reina, Juan Ruiz de Arana.

Venía fraguándose y era natural, pero ahora ya comienza  el escándalo y el desprestigio de la Monarquía.

El País, sufría además una importante penuria económica,  cultural y hasta moral, podríamos hasta denominarla grave en todos los campos, se dieron bastantes años de malas cosechas,  la industria era casi inexistente,  aunque paradójicamente fuera en aquellos  años  cuando se inauguraron los primeros ferrocarriles, pero en realidad la situación general  era verdaderamente calamitosa para la población.

El Ejército no corría mejor suerte, ya que carecía de equipamiento y preparación, pero sin embargo,  fue el elemento esencial  del que se valieron los políticos del momento para que con su intervención en las actividades bélicas que se imaginaron, y pusieron en marcha, que recibieron el nombre de  “Guerras de África”,  y por supuesto con la gran cantidad de recompensas en forma de ascensos y títulos nobiliarios, junto con la estimulación del ardor patriótico de la población, fueron  suficientes para apartar la atención de los ciudadanos de la auténtica y triste realidad.

Si nos referimos a la Marina, muy similares eran sus circunstancias por no decir que peores, ya que en este caso su equipamiento, es decir los barcos, eran entonces y lo siguen siendo, inmensamente más costosos.

Es precisamente en aquellos  tiempos del  reinado de Isabel II, cuando definitivamente se comienza ya a prescindir en los buques de guerra, de las velas y de los cascos de madera.  Y por  ello además,  que su valor para fabricarlos  fuera mucho mayor.

Con el Marqués de Molins, Mariano Roca de Togores, como Ministro de Marina, sobre 1855 cuando atendiendo al denominado en aquel momento lo que vino a llamarse – Plan de Escuadra –  cuando se comienza a tener  por los dirigentes del País conciencia de la  importancia  que suponía tener una verdadera Armada.

Tengamos en cuenta que nuestro poder naval fue durante  aquellos  años prácticamente nulo, nuestra Armada se componía de un escaso número de fragatas como la   –Almansa-  todavía con casco de madera, y poco más, y para que a nadie le pueda quedar ninguna razonable duda, la cosa llegó en 1884, al límite de tener que suspender los exámenes de ingreso en la Escuela Naval,  simplemente porque no había barcos que pudieran destinarse a tal fin.

Y son aquellos azarosos años del  “Sexenio Democrático” y hasta los de la Restauración borbónica con Alfonso XII,  los que vive nuestro protagonista de hoy,   batiéndose honrosamente como corresponde a su profesión militar, en las conflagraciones armadas en la que participa España.  Guerra de Cuba, guerras carlistas y otras.

Había ingresado en la Marina a los 14 años en Cartagena su lugar de nacimiento, y donde su padre estaba destinado como Capitán de Infantería de Marina.

De su muy honrosa carrera militar, es posible que lo auténticamente más destacado pueda ser,  como demostración de su auténtico fervor por el mar, y al mismo tiempo su perseverancia en el servicio, y su constancia,  aplicación y abnegación  en él, que de sus 25 años como perteneciente a la Armada, pasó 16 de ellos embarcado.  Navegó en 32 buques de guerra, alcanzando el empleo y grado de Teniente de Navío.

Un verdadero y auténtico  – marino – en toda la extensión de dicha denominación.

Aunque sin perder por ello en absoluto, nada que pueda ver disminuida  esta apreciación, sin embargo su memoria hemos de entender que ha pasado a la Historia, no por esto, y hasta es posible entenderlo, ya que la Armada como Institución a la que sirvió con auténtica lealtad, no se portó con él parece que al menos, adecuadamente.

Es posible, que lo conozcamos más como otra cosa, un científico.

Llevaba atendiendo, precisamente por esta condición suya de estudioso y erudito, la ocupación de profesor de Física y Matemáticas, en la Escuela de Aplicación de Estudios de la Armada al dejar el servicio en la mar por causas médicas.

Y es precisamente, desde  el trabajo metódico, lento pero perseverante, cuando llega a tener ultimada su gran obra.   Que consiste nada menos, que en resolver prácticamente todos los auténticos problemas que suponían la posibilidad de la navegación bajo el agua: Energía, propulsión, dirección, inmersión, flotabilidad,  así como respiración de los tripulantes en esa circunstancia, tiempo de permanencia en ella, armamento y su utilización para el ataque, y otras muchísimas más.

Esa fue su gran obra.

Y, ¿cuando se dio a conocer…?

Venía fraguándose mucho tiempo atrás, es natural, hemos de pensar que en lógica, podrían incluso ser años, pero desde luego con seguridad mucho tiempo de estudios personales, pruebas, observaciones y ensayos teóricos, guiado todo con imaginación, creatividad, pero sobre todo con profundos conocimientos de navegación.

El momento hasta es posible que estuviera determinado por una situación política que se dio en un momento puntual durante 1855, al que se denominó  la “Crisis de las Carolinas”.  Consistente en una  “casi” conflagración armada entre el entonces poderoso Imperio Alemán y los restos que persistían de nuestro Imperio Español, por la posesión de unas Islas en el Océano Pacífico.

Estas islas que actualmente forman la llamada Federación de Estados de la Micronesia, se encuentran geográficamente al Sur-Oeste del Pacífico,  formando un conglomerado de unas 600 pequeñas islas y atolones que fueron descubiertas  hacia  el año  1.500 y pico por el español Alonso de Salazar, y fueron durante años conocidas como  – Las Islas de los hombres pintados –  Aunque el verdadero nombre con que su descubridor las denominó fue,  de San Bartolomé.

Muchos años más tarde otro explorador español Francisco de Lezcano, sobre el año 1685,  al visitarlas, tomó posesión de ellas en nombre del Rey de España que en ese momento era Carlos II.

Nada se sabía de ellas, ya que por no haber, no existían  ni tan siquiera misioneros, puesto que las tentativas realizadas por la Compañía de Jesús habían resultado infructuosas dada la  idiosincrasia de los aborígenes, agresiva y hasta criminal.  Bien es cierto sin embargo, que en toda aquella extensa área geográfica del Pacífico que incluye naturalmente las islas Filipinas, y todos los remotos, exóticos  y perdidos territorios, queda como ancestro de la presencia española por aquellos desconocidos parajes, una lengua llamada “chamorra”, un verdadero idioma malayo-polinesios con evidentes influencias del castellano.

Pero allá por el año 1885 quiso España, ya que teórica y tradicionalmente se consideraban posesión española, implantar en ellas derechos aduaneros, enviando allí a uno de los  pocos barcos  en buen uso que manteníamos, un crucero  – El  Velasco -,  y posteriormente desde Manila otro,  el trasporte de guerra San Quintín.   A lo cual Alemania e Inglaterra se opusieron enviando precisamente Alemania,  muy pocas fechas después, algunas  unidades de guerra que recalaron en el puerto entonces llamado de  Tomil,  que actualmente se llama  Yap.

La situación llegó a ser de una gran tensión y ni los esfuerzos diplomáticos eran capaces de calmarla, con lo cual se avecinaba una verdadera conflagración armada. Que aunque estuvo muy cera de producirse no llegó  afortunadamente a  declararse, ya que nuestro representante  en aquel territorio tenía izada la bandera española y los alemanes consideraban que ondeaba en territorio alemán.

Ni que decir, que nuestro patriotismo parecía ser insultado por la poderosa Alemania y no faltaron manifestaciones de pundonor ofendido, llegándose a expresiones en boca de algunos políticos que han quedado para la historia, en este caso del mismísimo Alberto Aguilera:

Más vale honra sin barcos que barcos sin honra 

Pero la realidad que siempre es tozuda,  puso de manifiesto en toda su crueldad  la verdadera calamitosa situación en que se encontraba nuestra Marina de Guerra.

Ya habíamos sufrido la independencia de prácticamente todos los países americanos, aunque en aquel momento seguíamos  aún reteniendo Cuba y Puerto Rico,  siendo la situación de nuestra Armada  como decimos, verdaderamente angustiosa.  Mucho, en cuanto al número de sus barcos,  pero lo importante consistía en que  los modernos buques de guerra  de la mayoría de los países industrializados estaban construidos ya de hierro, cuando los nuestros eran todavía de madera.

Por supuesto, que la entusiástica exaltación nacional llevó a manifestaciones multitudinarias,  ya que prácticamente todos los periódicos nacionales abrieron suscripciones públicas para la compra de barcos de guerra, como si una flota de guerra moderna, pudiera improvisarse de momento.

Afortunadamente a última hora, la sensatez  se impuso y pudo la diplomacia conseguir, siguiendo las instrucciones del entonces Jefe del Gobierno Don Antonio  Cánovas del Castillo,  llevar  la  cuestión a un laudo ante el Papa, consiguiendo la paralización de las intimidaciones, que salvaron la posibilidad de llegar a una verdadera guerra abierta.

Fue el Papa León XIII  quien dictó un auto, que firmaron España y Alemania, en el cual se le reconocía a España la soberanía sobre aquellos territorios,  pero  se concede a Alemania libertad de comercio, pesca y navegación por sus aguas territoriales, y  además la soberanía sobre unas pequeñas islas llamadas Marshall.

Y, ¿cuál sería la razón para que Alemania admitiera esta decisión?

Por un lado, que aquellos parajes eran entonces prácticamente el verdadero fin del mundo, y parece ser que no merecía la pena arriesgar nada por ellos, por poco que fuera…

Véase a este respecto unas declaraciones del propio Bismarck, después de los acontecimientos, que aparecen ahora en Internet:

¿Qué podíamos hacer?  ¿Bombardear la posesión española?   Me impulsaban muchos a ello, pero pensé que sería un gasto para levantar nuevos odios y discordias internacionales….

La verdad de todo esto,  es que desgraciadamente, pasados algunos años en los que nuestra situación no hizo más que agravarse, en el año 1898 después de la perdida de Filipinas y Cuba, por un tratado Hispano-Germánico,  España vendió a Alemania aquellas  islas por 25 millones de pesetas.

Así termino todo.

Aunque pudiera ser que estos hechos, que  podemos llamar hasta humillantes,  fueran el fulminante que propiciaran  que nuestro  gran hombre,  que vislumbraba  el magnífico poder  de su invento en la práctica militar, sacara a la luz sus ideas en aquel momento para poder ponerlo en marcha, conociendo su patriotismo, pero la verdad es que no lo sabremos nunca.

El hecho es, que lo presenta a sus superiores y su idea obtiene un importante y hasta clamoroso éxito.

Magnífico, grandioso, imponente, formidable,  un arma que puede revolucionar la lucha en el mar,  un elemento que puede cambiar efectivamente nuestra importante desventaja, algo que sería capaz de equilibrar nuestro atraso técnico y logístico….

¡Que maravilla!  Cualquiera, aunque no sea técnico se da cuenta de las ventajas y lo poderosa que puede ser un arma como esta en el mar.

Técnicos de todas las ramas realizaron escrupulosos estudios de posibilidades, en cuanto al entonces más que ambicioso proyecto, y confirmaron sus posibilidades de éxito.

Ocupaba en aquel momento el Ministerio de Marina Don Manuel de la Pezuela  y Lobo-Cabrilla, un magnífico marino que al retirarse del servicio activo había sido nombrado Senador vitalicio y ocupaba el Ministerio en el gobierno de Cánovas del Castillo.  Fue el propio ministro quien alentó el proyecto y su construcción. La asignación para su construcción fue entonces de 300.000 pesetas  y con ellas, pudo realizarse el proyecto, naturalmente  bajo la estrecha y atenta mirada de su promotor.

La verdad es que visto hasta aquí, ¿parece todo tan bonito…? Hasta yo mismo y ahora, entiendo el júbilo de toda la población de entonces ante ello.

Naturalmente, y esto pudo ser una de las importantes partes  del problema.

Isaac Peral pasó en poco tiempo a ser una auténtica celebridad. Prestigio, honores, notoriedad, en fin, el auténtico hombre del momento.  Agasajos, banquetes, en una palabra – la gloria -.  España entera vibraba y se apasionaba con el que consideraban verdadero benefactor y defensor de la Patria.

Y no solo es,  que también naturalmente, algunas de nuestras  celebridades, aquí no caen del todo bien.  Aunque después eso sí, de los momentos iniciales casi siempre estrepitosos y de escandalosa algarada general,  ocurre que esas nuestras celebridades, no se puede olvidar que son españolas igualmente,  y sus características son muy similares a las del sustrato del que proceden.

Fueron muchos los los errores de acción y de omisión, por cualquiera de  las dos partes y posiblemente enumerarlos sería demasiado prolijo, pero…. ¿Por que no?   Intentemos  enumerarlos:

Primero.- En las altas esferas de la política, no es que no encajara bien, es que el proyecto en principio no se tomó en serio, pareció entonces al comienzo como de ciencia-ficción.

Segundo.- Estuvo absolutamente descuidada la seguridad, bien es cierto que nunca llegaremos a saber la verdad en cuanto a ella, que hasta pudo venderse.

Tercero.- La envidia de compañeros y jefes de armas, llevaron a situaciones auténticamente comprometidas y desagradables   en la propia Institución  militar, con animosidades, enemistades  y hasta arrestos.

Cuarto.- Hemos de pensar también, que la situación económica del País no era lo que se dice boyante para gastos, y que incluso algunos responsables políticos podían no los considerar  idóneos los realizados en el proyecto.

Quinto.- Las potencias industrializadas y acaudaladas del momento, cuando tuvieron noticia del desarrollo del arma, no podían permitir su puesta en marcha.

Sexto.- Existían personajes, ya en aquellos tiempos,  que se dedicaban al tráfico de armas, al espionaje retribuido y a todo tipo de malversaciones en estos campos de la guerra.

Séptimo.- La prematura muerte de Alfonso XII, en el otoño de 1885, inmediatamente de la crisis de las Carolinas, dejó a la Nación en un estado de postración política importante.

Octavo.- Sin tratarse de que a la Regencia de María Cristina de Habsburgo, pudiera achacársele ningún escándalo como los de anteriores épocas, muy al contrario, ya que ha quedado para la Historia con su merecido nombre, con el que el pueblo la conocía y hasta se puede decir que la distinguía, el de Doña Virtudes. Sin embargo los vaivenes de gobiernos de uno y otro color no pudieron enderezar ni las finanzas, ni la política exterior que desembocó finalmente en el desastre final de 1898.

Noveno.- Sin que pueda ser algo determinante, también puede pensarse en la importancia que pudiera  tener en aquel momento, y como pueda ser juzgado, que un oficial de no muy alto rango en el estamento militar, fuera  visto viajando por toda Europa, sin el inflexible rigor al que están acostumbrados los marinos, comprando materiales, motores, y todo tipo de elementos necesarios para la construcción del submarino.

Decimo.- Es perfectamente posible que las experiencias de Peral abrieron muchos ojos en el extranjero y que  fueran muchos de sus logros  copiados inmediatamente al otro lado de nuestras fronteras, con lo cual la carrera armamentística de los submarinos fuera desde entonces apresurada y hasta fulgurante.

Undécimo.-  Los intentos de compra de los planos y de las consecuciones técnicas  para el funcionamiento del  “torpedo sumergible”, aunque dada la hidalguía, nobleza y patriotismo de Peral, no se consiguieran, corrobora la idea del importante interés de la potencias internacionales que tenían, no solo en conseguirlos, tanto como que no se llevaran a efecto en España.

Duodécimo.- Y aunque nunca llegaremos a saberlo, posiblemente esta sea la causa, naturalmente unida o simplemente acompañada, de la actitud personal en realidad miserable de Beránger, al que posiblemente órdenes superiores políticas hacen que ese importante proyecto quede sumido en el más absoluto abandono.

Décimo tercero.- Hasta es posible que Peral conociera esta situación, y en su desesperación intentara  desde la misma política ponerlo de manifiesto, pero le resultó imposible.

Decimocuarto.-  Peral, en algunos momentos se dejó llevar por el entusiasmo de su entorno.  Los partidarios, amigos y hasta seguidores, que los tenía y muchos, no le ayudaron a entender que precisamente Inglaterra era poseedora de  todos los elementos que  España necesitaba y de los que tendría que servirse precisamente, para una reconstrucción de su Armada, como eran las técnicas de construcción modernas, proyectos tecnológicos,  y hasta personal especializado.

Décimo quinto.- No se puede negar que nuestras gentes y entonces posiblemente más, han pecado siempre de impresionables, posiblemente por su falta de cultura, que exalta hasta la gloria héroes, a los que luego en poco tiempo desdeña y abandona. Su auténtica victima aquí,  fue Peral.

Décimo sexto.-  Hemos de concluir, aduciendo que el submarino Peral ha de considerarse que en su momento, pasó a ser una  verdadera cuestión de  Estado, y tratada por tanto como corresponde, con la absoluta falta de sensibilidad, emotividad y sentimiento humano.

¿Quiere decirse entonces que de verdad, ante todo esto, pudo ser una verdadera “canallada”, todo lo referente al Proyecto Peral?

Pues categóricamente, habrá de darse el más rotundo – sí -.

Una pena.

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