Padilla, Bravo y Maldonado

Gente valiente

Orgullo, respeto y hasta una oración por ellos, de los que después de muchos años, los rememoramos.

Siempre es más agradable traer a esta tribuna personajes que por unas u otras razones triunfaron en sus vidas y llegan a este rincón virtual de vuestro mundo para ser amablemente recordados por ello.

Hoy no,  esto es una triste historia de desacuerdos, desavenencias y, por supuesto, conflictos, sobre todo eso, conflictos, que llevaron a la más terrible situación que puede darse en cualquier sociedad civilizada: una guerra civil.

Lo primero, ¿Por qué tres personajes?

Bueno, en realidad es como si fuera uno, son los comuneros de Castilla, y pensaban, lucharon y los tres perdieron lo mismo. La vida.

Para unos, héroes, para otros villanos, pero  por todos respetados.

No, por Dios, de ninguna manera, no eran terroristas, no se trataba de alimañas cobardes y despreciables, precisamente, eran todo lo contrario, eran hombres de bien; equivocados o no, pero valientes, esforzados y sobre todo, bien nacidos, jamás emplearon el tiro a traición, ni ponían bombas, que pudieran matar gente inocente sin riesgo propio, en una palabra, al referirnos a ellos todos sobre sus tumbas,  podremos siempre decir sin temor a equivocarnos, aquello de que:

– Descansen en Paz –

Con esto se entiende y queda claro, que no eran terroristas.

Pero veamos primero, el momento, luego las situaciones y por último las personas.

Trasladémonos a los años 1500 y pico. Reconozco dificultoso el intento, pero hagamos un esfuerzo de imaginación y entremos en aquel mundo.

Una pequeña ventaja supone que ya no era tan oscuro ni tan lúgubre como solo pocos años anteriores, la gente ya pensaba de manera algo diferente. Estaba cambiando la sociedad, nacía  lo que se ha dado en llamar, y con mucha propiedad, la clase media, era el momento, estaba llegando o incluso podríamos decir que había llegado el Renacimiento.

Renacimiento significa eso, volver a nacer, y España volvía a nacer. Había sido romana, visigoda, cristiana, musulmana y ahora por primera vez todo ese antiguo – ayer – se había  trasformado en un esplendoroso   – hoy -.

Comenzábamos a sentir la identidad de nuestros pueblos y con ella nuestras idiosincrasias.

Se hacían patentes nuestras diferencias, fruto de los entrecruzamientos raciales,  y era desde luego, más lo que nos separaba a unos de otros que la unión que políticamente se manifestaba hacia el exterior.

El vínculo matrimonial de dos personas es, sin duda, más sencillo que la conformidad y la convivencia entre los pueblos a los que representan, era el embrión de lo que siglos más tarde, conoceremos como el tan conocido -“spain is different” -.

Terminaba el XV y comenzaba el XVI.  Era otro mundo.

Nunca hemos sido un pueblo rico, cierto, nuestras riquezas naturales han sido siempre escasas.  Aquí, la minería es pobre, no sé si decir agostada, ya lo era entonces, ahora, lógicamente más. La agricultura de aquel tiempo, sin mecanizar como es natural, era casi exclusivamente de subsistencia. Teníamos, eso sí, una producción importante de un elemento esencial entonces, y muy apreciado:

La lana.

Pero la manejaban en exclusiva dos grupos de personas: los productores y los comercializadores.

Los primeros, los productores, aristócratas y grandes terratenientes, dueños de enormes extensiones de terreno que habían llegado a conseguir del poder político, los permisos necesarios para que los enormes rebaños aprovecharan más y mejor, con el pastoreo estacional, las posibilidades del terreno.

La célebre Mesta.

Basaban sus intereses exclusivamente, en mayor producción. Más producción, más provecho y por tanto más ganancias.

El otro grupo, los comerciantes del producto, gentes de estamento social  más bajo, con menos recursos, pero que poco a poco, se estaban incorporando a una sociedad feudal, compuesta exclusivamente, de señores, siervos y clérigos y que aún con menos riquezas personales, llegaban a ella con mucho más  dinamismo comercial.

El resultado era  que  con ellos, comenzaba a hacer su irrupción en esa sociedad una llamada clase media, la mayoría de conversos, judíos o moros en las que el interés mayoritario consistía en que la producción no aumentara importántemente, puesto que como inmediata consecuencia, bajaban de manera alarmante los precios, y con ello sus ganancias.

Llega de esta manera el primer conflicto, y naturalmente es como siempre, de intereses.

Es curioso, se trata  de que en él, se identifican como si se tratara del objetivo de un milagroso y gigantesco microscopio apareciendo ante nuestra vista el germen que va a provocar casi todas las enfermedades que afectarán al país durante los siguientes siglos.

Consiste solamente en que a estos intereses se les asignen nombres diferentes: absolutismo, liberalismo, conservadurismo, progresismo, comunismo y un larguísimo etcétera de ismos.

Es indiferente, cada uno que tome el que quiera, o el que más le guste,  y después no hay más que añadirles los ingredientes necesarios: el aceite de la libertad, el vinagre del egoísmo y la sal de la distribución de la riqueza, es decir la economía, ahora ya tenemos la ensalada que acompaña a nuestra sociedad desde siglos.

A lo largo de ellos han existido toda clase de intentos de arreglar las situaciones conflictivas, con mejor o peor voluntad, ya se sabe, incluso ahora uno, pensó con mayoría absoluta, y creo que hasta con buena voluntad,  y  ha tratado, solo,  de  arreglar la economía, solo eso, pero de tanto pensar exclusivamente en ella, ha descuidado todo lo demás y “que Dios nos ampare” la que se puede liar.

Hasta aquí el momento.  Ahora las situaciones.

Comienza esta triste historia con el fallecimiento, en Medina del Campo a los 53 años, de  nuestra nunca bien ponderada, Reina Isabel.  Que en una cláusula de su testamento nombra Reina de Castilla a su hija Juana.

Y en buena lógica, así se llevo a efecto.

Con lo cual, pasó con su marido, el borgoñón, Felipe, (el belga, para entendernos)  como consorte, a ser promulgada Reina de Castilla.

Pero por poco tiempo creo yo que afortunadamente,  ya que a este primer Felipe, el “hermoso” lo llamaban,  no se le veían buenas maneras, y falleció, con lo cual a la pobre Juana que ya tenía pequeños cortocircuitos, se le cruzaron del todo los cables y hubo de ser inhabilitada, y no solo para el gobierno.

Las terapéuticas psiquiátricas de entonces eran así, 46 años encerrada en un castillo en Tordesillas.

La célebre cláusula de sucesión, tenía un codicilo que también decía, – algo ya se debía temer la madre – que en caso de enajenación mental, se hiciera cargo del gobierno su marido Fernando. Pero resulta que este, ya estaba en otros menesteres con una tal Germana, naturalmente mucho más joven.

Y ahí tenemos a Cisneros aguantando el temporal de una aristocracia de grandes terratenientes, que exigen privilegios inadmisibles.

Llega el Católico, efectivamente,  y se hace cargo de todo, pero al poco tiempo también fallece en Madrigalejo (Cáceres) a los 64 años, y vuelta a dejar a Cisneros como Regente, hasta que Carlos, el hijo de la Reina Juana, llegue para tomar  posesión como Rey.

La cosa, como vemos estaba un tanto “movidita” y es toda la verdad, la que expresa aquel refrán que dice:  – A rio revuelto…-

En contraposición a todo lo que históricamente hemos leído sobre el Rey que viene, que llegará más tarde a ser Emperador, voy a tratar de haceros llegar una reflexión que incluso en mi pobreza literaria podáis llegar a entender.

Si bien es cierto, que fue el personaje que más importancia, extensión y grandeza dio a nuestro País en todos los tiempos, en sus comienzos sobre todo, y por las razones que veremos, tuvo en contraposición a sus muy resplandecientes luces, también  sus más profundas sombras.

Hay una anécdota, bueno, puede ser una recreación, o incluso mentira, pero parece ser que en 1517 cuando llega a territorio español, Carlos, el hijo mayor de Juana, desde Flandes, donde había nacido, y que en ese momento contaba 17 años,  en medio de una gran tempestad, el navío que lo trae desde Bélgica, se refugia en el puertecito pequeño de una villa asturiana, que parece ser que desde entonces se la conoce con el nombre de Tazones, en memoria, podría ser, de con los que le recibieron, colmados de leche caliente los lugareños.

No tiene nada de particular que alguien, por el simple hecho de conocer los hijos que había traído al mundo Juana De Castilla, su madre, con Felipe (el belga), se plantee una simple pregunta:

Vamos a ver, si la Monarquía Española de estos Reinos que se heredan, es la de los abuelos por conducto de su madre, y a su vez esta, y del mismo padre, tiene otro hijo, Fernando, nacido y criado en España, ya que Alcalá de Henares era su cuna, y pocas cosas hay tan españolas, y además criado por sus abuelos Isabel y Fernando en su Corte, y no solo con su compañía sino hasta con su predilección… ¿Por qué hubo de elegirse a este otro hermano nacido en Gante y desconocido aquí?.

Son cosas de la formalidad monárquica, sin duda. Había nacido antes…

A saber, lo que posiblemente nos hubiéramos evitado en sufrimientos, angustias y adversidades, pero esto no deja de ser más que ficción.

La realidad era la primogenitura y en función de ella…

Llega a las Españas un nuevo Rey.

Y observad un importante detalle, siempre en todos los escritos de la época dice: “estos reinos”, no dice nunca – reino –.

Este es otro síntoma de la misma enfermedad que hemos padecido ancestralmente, otra característica propia, otra seña de identidad que nos caracteriza. Los malditos nacionalismos, que bien mirado con ecuanimidad y proporción,  no son más que los mal disimulados flecos de ese mantón que se llama en castellano: EGOISMO.  Hay también efectivamente otras, claro, pero no sé si decir que esta sea la más trágica de todas.

Y es por esto, que no me resisto, y perdonar por él inciso, a transcribir aquí por si acaso no lo habéis leído en el “pespunte” correspondiente, lo que le dice el Conde Duque de Olivares, muchos años depués cuando le escribe al Rey Felipe IV, aquel magnífico párrafo, que para mí, supone la auténtica y gran verdad de España:

“Tenga Vuestra Majestad por el negocio más importante de su Monarquía, el hacerse Rey de España: quiero decir, Señor, que no se contente Vuestra Majestad con ser Rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense, con consejo mudado y secreto, por reducir estas reinos de que se compone España al estilo y leyes de Castilla, sin ninguna diferencia, que si Vuestra Majestad lo alcanza será el Príncipe más poderoso del mundo”.

¡ Qué razón tenía ¡

Pero sí, efectivamente, vamos a lo nuestro, llega el muchacho de 17 años, para hacerse cargo,  y esto es muy importante  – por primera vez – en una sola persona, ya que hasta ese momento lo mejor que habíamos conseguido era que la unidad de los Reinos estuviera bajo la autoridad de un matrimonio, el de los Católicos.

Y trae con él, una corte de personajes extranjeros, que como él mismo, no saben hablar en castellano, ni conocen el carácter, ni las gentes, ni las costumbres, ni nada de lo de aquí.

Son borgoñones, que significa históricamente lo relativo o perteneciente al Ducado de Borgoña, asentado precisamente en esa Región del Norte  francés: La Borgoña

Encima él,  es un personaje no muy agraciado.  En Aragón, que son un poco más descarados, llegaron a decirle: “que cerrara la boca”, que le podían entrar las moscas, debido a su característica anatómica más sobresaliente, tanto, como su mandíbula inferior que le ocasionaba un importante prognatismo.  Y para mayor problema, y éste sí que era importante, al poco de estar en estas tierras, recibe otra herencia, la de sus abuelos paternos Maximiliano de Habsburgo y María de Borgoña por la que recibía Flandes, es decir los Países Bajos, Austria y los derechos a ser nombrado Emperador del Sacro Imperio.

Resulta llamativo para nosotros hoy, el hecho de que pudiera ser tan caro hacerse nombrar, aún con todos los derechos, Emperador. Pero debía ser así como lo demuestra que tiene que conseguir para ello, cantidades importantes de dinero y con rapidez.

Los consigue efectivamente, y con ello se convierte en Carlos I de España y Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, y no como dice casi todo el mundo, y V de Alemania.

¿Sería lo del nombre tan largo, la causa de que fuera tan caro?

Puede que sí… habría que pagar a tantos…

La cosa se complica.  Extranjero, feo y encima pidiendo dinero.

Visita a su madre en Tordesillas y ya, en ese momento de la visita, un tal Chievres que viene con él, le pide a Juana que firme el acta en la que reconoce al muchacho como Rey, y la pobre chiflada, que está loca pero no tonta, pone sus pegas y les da largas y largas, terminando por no firmar.

Y se caldean bastante los ánimos.

Llega a Valladolid, a lo que va a ser la Corte de los reinos donde recibe la noticia de la muerte en Coca de nuestro Cardenal Cisneros. Menos mal, que no llegó a verlo, porque ya le tenían también preparada una encerrona los acompañantes borgoñones y él mismo, para desposeer de todos sus cargos al pobre anciano, puede que como “reconocimiento” a toda su labor de dos regencias.

Además, nombra con gran escándalo del personal, Arzobispo de Toledo, la sede que deja vacante tan insigne personaje, a un mozalbete de apenas veinte años, flamenco, naturalmente, llamado Guillermo de Croy.  Vale.

Y más que se calienta el ambiente.

Un poco a regañadientes, pero las Cortes de Castilla reunidas en Valladolid, por cierto en un precioso lugar como es la Iglesia conventual de San Pablo,  le conceden 600.000 ducados, para los primeros gastos, pero eso sí, le hacen llegar varias peticiones:

Que aprenda castellano, que cese el nombramiento de extranjeros y que respete algo más a su madre… Parecía natural, los castellanos siempre igual serios y respetuosos con la tercera edad, y eso que parece ser que no sabían que además, el muchacho era bastante “pendón” pues hasta parece ahora, después de tantísimos años, que se descubre la existencia de una “aventura” con la que había sido esposa de Fernando el Católico, la tal Germana de Foix.

Y  parece que con consecuencias.  Vamos, que entonces, casi como ahora, el que más y el que menos….. y hasta los tontos hacían ya en aquellos tiempos…  relojes, y no de cuarzo precisamente…

Siguen las maniobras recaudatorias, y en Aragón le dan 200.000 ducados,

¡ Y no te quejes, maño ¡

En Barcelona, cosa rara, algo más espléndidos 300.000.  Cuando se dirigía a Valencia, muere su abuelo Maximiliano y decide ir a Alemania. Pero aprovechando el viaje pasa por Galicia, para embarcar y manda un emisario a Valencia, para presidir allí las cortes. Naturalmente los valencianos lo toman a mal, y le dicen: Lo menos que puedes hacer, si quieres dinero, es venir tú personalmente a pedirlo.

El emisario era,  nada menos, que su propio maestro, el que lo venía  educando desde pequeño, y al que nada más llegar a Castilla había puesto a su lado como Consejero, aquel que más tarde sería Papa.

Adriano de Utrecht.

Y al que por supuesto, deja de Regente de los Reinos cuando se va de viaje.

Como ya estoy aquí, convoco Cortes ahora en Santiago de Compostela  para pedir dinero y además permiso para el viaje, pero la cosa aquí no funciona, ¡estos gallegos¡  dando la nota,  como siempre.

Bueno, pues ya que me voy, las convoco en La Coruña, a ver  si hay más suerte.  Aquí, de mala manera, pero consigue dinero y el permiso para marcharse a Alemania.

¡Anda!  feo, que te llevas nuestros dineros, pero déjanos tranquilos.

El ambiente ya, se pone que arde.

Y para que no exista ninguna duda de que todo tiene un trasfondo financiero, obsérvese esta frase extraída de la carta que dirigen al Rey, y que se conserva, según leo, en el Archivo de Simancas:

Que se guarden las rentas destos reinos para defendellos y acrecentallos e desempeñarlos, que no es razón que Su Cesarea Majestad gaste las rentas destos reinos en las e otros señoríos que tiene.

Más claro, imposible.

Lo que viene a continuación, os va a sonar, es curioso y hasta triste pero con seguridad que os va a sonar.

En las iglesias de todas las ciudades de Castilla comienzan a aparecer pasquines incitando a la revolución, y desde los púlpitos se predica el levantamiento.

Con lo cual yo, saco algunas conclusiones: la primera, que desde tiempos  de Recaredo, en este País, todo lo que se dice desde los púlpitos se traga sin masticar.

Segunda, que siempre existen idiotas que, cobardes o valientes, se ponen en marcha tan pronto se les incita a ello, con palabras más o menos bien dichas, es decir, con elocuencia, que entonces se formulaban desde el púlpito y ahora desde la televisión.

La tercera es la duda, que me viene acompañando durante toda mi vida, en cuanto a que ya que existen tantos planteamientos espirituales de tanta enjundia y profundidad para reflexionar sobre ellos desde el púlpito, ¿a qué viene entrar en los materiales y mundanos?

Pues es así, pero yo, nunca lo entenderé.

Menos mal que estos promotores eclesiales, auténticos instigadores e ideólogos, al menos tenían nobleza suficiente, para incluso en ocasiones ser hasta ellos mismos, como en el caso del Obispo Acuña, los que se ponían al frente en las batallas, y no se parecían a los malnacidos que conocemos ahora, que se limitan a mandar a otros que muevan con patadas el arbol, para que caigan las nueces.

El hecho es que se monta el “lio”, pero de tal magnitud que se convierte en poco tiempo en una auténtica guerra de dimensiones importantes.

Las ciudades que intervienen más directamente son Toledo, Segovia y Valladolid y naturalmente, sus regidores se ponen al frente de las tropas reclutadas en pueblos y ciudades, formando un auténtico ejército de toda la zona de influencia que era prácticamente toda Castilla para combatir a las tropas imperiales.  Pero no olvidemos que en aquellos momentos Castilla era el territorio más grande de Europa, y correspondía a lo que actualmente son las Comunidades de las dos Castillas, Madrid, Extremadura, Andalucía, Galicia, Asturias, País Vasco, La Rioja, Murcia, Navarra y hasta Melilla y  Canarias.

En Burgos, donde se localizaba el monopolio comercial de la lana, y que por cierto, era otro elemento perturbador de la sociedad, en cuanto que, las demás ciudades castellanas veían con envidia esta exclusiva para la venta al por mayor y posterior traslado a los puertos del Norte, para su embarque y trasporte a Flandes.

También por esto se habían dado  altercados, pero de menor entidad, sin embargo fueron Cuenca, Palencia, Salamanca, Guadalajara y Madrid, junto con las ya nombradas, las que tuvieron  más destacada participación en la revuelta.

La alta aristocracia en los primeros momentos de la rebelión quedó un tanto al margen, salvo casos muy particulares, pero tan pronto como al bando comunero se unieron siervos, en petición de mejoras sociales y salariales, la aristocracia comenzó a pensar que lo mejor sería pasarse al bando realista; y más, al darse cuenta muy pronto, de que el comercio de la lana, su mayor activo, era mucho más rentable para ellos seguir vendiéndola en grandes cantidades al extranjero, Flandes e Inglaterra preferentemente, con lo cual las posibilidades de comercialización y de cualquier tipo de industrialización, quedaron en Castilla prácticamente olvidadas

Por otra parte, unas medidas políticas muy inteligentes tomadas por el Regente del Reino, Adriano de Utrecht, al que por algo luego lo nombrarían Papa, dieron el mando del ejército realista a dos personajes relevantes como autoridades castellanas, el Condestable de Castilla, Don Iñigo de Velasco y el Almirante de Castilla Don Fadrique Enríquez, en cuyo feudo de Medina de Rioseco se instaló el Cuartel General del ejército realista, en el  cercano  pueblo de Torrelobatón donde tenían su castillo la familia Enríquez.

Que por supuesto fue asaltado e importantemente dañado, así como el pueblo por las tropas comuneras.

Durante los dos años que duró el conflicto armado, se dieron todo tipo de enfrentamientos, toma de ciudades, incendios, saqueos, refriegas y en dos ocasiones, verdaderas batallas en campo abierto, una cerca de Tordesillas, y otra, la más importante, en Villalar, donde el bando comunero fue derrotado y prácticamente aniquilado.

Queda en su recuerdo una placa en el Ayuntamiento del pueblo.

Y en la plaza  encontramos la Iglesia de San Juan Bautista y el monolito en recuerdo de los Comuneros

Era el 23 de Abril de 1521.

Es, ese día el que se ha escogido, como recuerdo de la batalla, para la celebración actualmente, del Día de Castilla y León.

Las bajas totales, unos 1500 hombres, y de ellos unos 1100 del bando comunero.

Al día siguiente día 24,  fueron ajusticiados los jefes del bando vencido, por decapitación. ¡Toma ya!

Don Juan de Padilla, natural de Toledo. Juan Bravo, nacido en Atienza (Guadalajara) y Francisco Maldonado de Salamanca, como jefes de las milicias comuneras, cayeron muertos por el hacha sin más dilaciones.

Visto con perspectiva actual, nos produce escalofríos. De aquí, que sea siempre difícil entender la historia y desde luego,  no existe ninguna duda de que los años transcurridos, han ido dando cierto barniz de mayor civilización, a las actitudes que tienden a mejorar la sociedad y a hacerla más culta, más comedida y proporcionada.  Aún así, hemos de entender con tristeza, que esa disposición, tendente a mejorar como grupo, no ha dado ningún resultado positivo, puede ser, que hasta al contrario,  en lo referente a las personas de manera individual.

Por desgracia es así, ocurre ahora que existen personas que realizan actos malvados, que no se atreverían a llevar a efecto, de no existir esa benignidad o mansedumbre, con que los contemplan las leyes que nos viene imponiendo nuestra cultura y nuestro progreso.

Hasta me atrevería a decir que, posiblemente, lo que hemos ganado como grupo, lo hemos perdido individualmente.

Concluida la Batalla de Villalar, con lo que prácticamente la rebelión estaba sofocada en su mayor parte, quedó un solo reducto, Toledo, donde logró llegar, precisamente, uno de los que mandaban las tropas, junto a los ejecutados, el Obispo Acuña, que con la mujer de uno de los  ejecutados en Villalar, Padilla, y refugiados en el Alcázar, lograron mantener algún tiempo una situación de rebeldía.

Bien es verdad también, que en aquel momento, y como siempre, aprovechando la coyuntura, Francia había, sin motivo aparente,  invadido Navarra y hubieron de mandarse prácticamente todas las tropas disponibles allí.

Ella, María Pacheco tiempo después, a la toma de Toledo por las tropas imperiales, se sabe que logró huir y llegar a Portugal, donde vivió hasta su fallecimiento, y el Obispo, que por su jerarquía no podía ser ajusticiado se le recluyó en el Castillo de Simancas, de donde trató de huir dando muerte al aguacil, por lo que el propio Carlos, que ya había regresado de Europa, firmó personalmente la sentencia y murió en garrote vil en el propio castillo, el 24 de Marzo de 1526.

Y encima, Viernes Santo.

Ni que decir tiene, que este hecho histórico de las guerras comuneras ha tenido todo tipo de juicios.

Aquí cabe perfectamente, eso tan calderoniano de que – todo es según el color del cristal con que se mire-

Ciertamente, se han dado a esos desgraciados hechos, toda clase de interpretaciones.

Desde ópticas liberales y progresistas considerándolos el germen de la lucha social. Categoría de auténticos héroes se les dio con el liberalismo del Siglo XIX, alcanzaron la titulación de gloriosos mártires y se les rinden honores y se levantan monumentos en su memoria.

Sin embargo muchos otros, consideran el movimiento comunero como una auténtica resistencia al cambio, aferrándose a las viejas costumbres y negando con ello la apertura a una auténtica modernidad de la sociedad representada por las ideas que llegaban de Europa.

Pero en el fondo, es solo un conflicto de intereses, como siempre.

Y también, como siempre, la provocación durante la contienda, y naturalmente hasta mucho tiempo después de ella, de cientos y cientos de tragedias humanas, con pérdidas de seres queridos, mutilaciones, horrores, calamidades, odios, castigos, rencores y heridas, en definitiva, infringidas a una sociedad por motivos que nunca quedarán del todo al descubierto, por mucho que se analicen.

Sin duda, la época era propicia a ello, se dan situaciones caballerescas que ahora, hasta es posible que entendamos mal, pero ciertamente, eran otras no solo las costumbres y  usos, sino que también lo eran, las personalidades.

Por ejemplo, se cuenta que Padilla, ante el verdugo, dice: – Ayer era día de pelear como caballero y hoy es día de morir como cristiano. –

Puede que hasta  sea mentira, pero no me podéis negar, que es verdaderamente conmovedor, emotivo y hasta enternecedor.

Como también, lo que dice Juan Bravo, igualmente en el patíbulo, dirigiéndose al verdugo: Por favor, matadme a mí el primero para no ver la muerte de los caballeros más grandes de Castilla.

Eso sí, el tiempo todo lo desvanece, y en 1526, después de innumerables persecuciones y castigos, Carlos entiende que ha de promulgarse un Perdón General.

Ya es Emperador y comprende muy claramente que su sitio está en  Castilla.  Comienza a evidenciar el problema que planteaba su conducta, y como consecuencia, toma importantes decisiones políticas, por un lado  también va conociendo más a la gente  y desprendiéndose de toda su corte de extranjeros. Baja los impuestos, aprende castellano perfectamente, y  también otros idiomas, cuando dice aquello de:

“-Hablo francés a los hombres, italiano a las mujeres, español a Dios y alemán a mi caballo- “

Efectivamente comienza a entender y a querer a España, ya que va comprendiendo la nobleza de sus gentes y llega a amarlas.

Al final de sus largos años de gobierno, presume de sentirse español, e incluso desea terminar aquí su vida, se hace traer a un palacio que se construye en Yuste,  donde efectivamente fallece acompañado de sus queridos frailes jerónimos, asistido de su inseparable médico Andreas Vesalius, Vesalio en castellano, en compañía de su fiel relojero Juanelo Turriano,  y muere de algo, también entonces muy español, que gracias a Dios, es hoy casi anecdótico. Paludismo.

 

Él, que durante toda su vida había padeció, gracias a su glotonería, lo que entonces se conocía como podagra, y que le acompañó gran parte de su vida.

Hemos de concluir resaltando y exaltando su memoria, ya que sin duda alguna, forjó la mayor grandeza que los siglos han conocido para nuestra España, que con prudencia continuó su hijo y, que a partir de ellos dos, con su incompetencia, torpeza, errores y egoísmos, han desbaratado todos los gobernantes, unos más y otros menos, que desde entonces vienen siendo.

Puede que alguien pregunte…

– Oiga, ¿queda algún recuerdo tangible de estos hechos?

– Pues sí, queda uno y del todo original.

– Es precisamente el pendón de los comuneros de Salamanca y se encuentra en la Catedral Vieja, en la capilla de Talavera.

……..

-Pues… ¡ Muy bien ¡… Estupendamente… Dirá el sufrido lector, está todo contado, lo del Emperador y lo de la guerra, lo de la historia y hasta lo del pendón…

– ¿Pero de ellos…qué?  ¿Solo el título?

– Pues, efectivamente. Es verdad.

– Juan Padilla, un toledano hidalgo. Su padre importante autoridad de la ciudad y él capitán de sus milicias. En principio mal predispuesto a la autoridad Real  ya que no se le habían concedido ciertas pretensiones que reclamaba sobre posesiones en la provincia de Jaén.

– Todo un carácter. Como lo demuestran sus opiniones públicas contrarias a la presencia de extranjeros en puestos importantes del Reino que venían con el nuevo Rey.

– Y por si faltaba algo, casado con María Pacheco, que en realidad se llamaba María López de Mendoza y Pacheco hija del Marqués de Modéjar y Conde de Tendilla, conocido como el  “Gran Tendilla” y de Francisca Pacheco, hija a su vez del primer Marqués de  Villena.

– La más alta alcurnia del Reino. Y además una soberana mujer, con carácter suficiente como para llegar a enfrentarse al mismísimo Emperador, como en realidad  hizo.

– Defendió Toledo, a la muerte de su marido, primero junto a Antonio de Acuña, un auténtico soldado, aunque Obispo de Zamora, pero luego sola, evitando la rendición de la ciudad hasta el final.  A última hora, hizo como Puigdemón, pero en lugar de a Bélgica, que hubiera sido peor, se marchó a Portugal, donde termino sus días.

– Una gran mujer y un gran hombre.

– ¿Diferencias?  Pues sí.  Ella, posiblemente  al no poder cortársele la cabeza, se ha quedado sin monumento.

……..

– Juan Bravo. El segundo Comunero. Nacido en  Atienza (Guadalajara) en 1483 y muerto a los 38 años también,  por corte de la cabeza, que expresado así, en verdad  suena fatal, pero era lo que estilaba entonces.

– Perteneciente así  mismo,  a la nobleza, pero de menor rango, aunque primo de la Pacheco y de la familia Mendoza por parte materna. Es dirigida por él, y precisamente en Segovia, donde verdaderamente comienza la revuelta, en la que se ahorca al “realista” y procurador en Cortes Don Rodrigo de Tordesillas.

– Tiene su correspondiente monumento en Segovia.

     -El tercer Comunero: Que en realidad fueron dos.

Pedro y Francisco. Los dos del mismo linaje,  el de los Maldonado, cuya casa solariega era la muy célebre Casa de las Conchas en Salamanca. Por supuesto también de la mejor alcurnia de la ciudad.

-Resultaba que Pedro estaba casado con una hija del Conde de Benavente personaje ligado a la Corte, y existían recelos entre el pueblo, que en realidad era el que componía el grueso de la fuerza.

– Toma el protagonismo del mando Francisco, primo suyo aunque los dos en distintos momentos, pero fueron ejecutados.

– Y hasta como recuerdo para tiempos posteriores y ejemplo, se mandó que incluso su propia casa, la de Las Conchas en Salamanca le fuera a manera simbólica también cortada la cabeza y que desde entonces no pudiera lucir la torre que la adornaba.

Como puede observarse, ninguno perteneciente a la alta nobleza, ni al pueblo llano.

Hidalgos sí.  Todos.

Y como final, y en su recuerdo:

Acertados o equivocados, pragmáticos o soñadores, inducidos o atrevidos, cualquier cosa, nunca lo sabremos,  pero honorables y desde luego buena gente.

Merecen por ello, que ante su tumba, todos podamos decir con respeto…

-Descansen en paz –

 

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