Juanelo Turriano

 Cierto sonrojo

Otro ejemplo más de lo que ha sido siempre nuestra torpeza en el trato a los científicos.

Qué gran verdad expresa la frase:    – Por sus obras los conoceréis –

Efectivamente es así la mayor parte de las veces. Cuando queremos conocer a alguien, lo que en principio y prioritariamente pretendemos, es  saber ¿qué hizo? es decir su historia. Y en general, lo primero que preguntamos suele ser  ¿a qué se dedicó?

En la especie humana, la curiosidad es una constante.

Y en el caso de la persona a la que nos referimos ahora no existe ninguna duda. Son sus obras precisamente, que ahora tanto nos admiran por considerarlas adelantadas a su tiempo, las que lo definen.

Pero, cuando acercándonos a ellas observamos que tuvieron tanta repercusión en su esfera personal, hemos de llegar a varias conclusiones: posiblemente la primera es que estamos ante uno de los genios más importantes de la humanidad, y no creo exagerar con ello.  Por otra parte que en una mente como la suya han de existir tantas dudas por resolver, que pudieron llevarle, como ocurre casi siempre con todos los sobresalientes, a planteamientos que se separan de la ortodoxia general, y que de ello pudo derivar el trato recibido por aquella sociedad y sus autoridades, para las que nunca han estado bien vistas las conductas distintas a lo establecido, como norma general.

Tampoco ahora, es verdad, pero en aquellos tiempos, mucho más.

Deseo aproximaros a él, y que lo conozcáis, para eso lo traigo aquí hoy y lo pongo en esta lista de personajes españoles ilustres. No, no era español, efectivamente, no había nacido aquí en España  cierto, pero gran parte de su obra se realizó aquí y es suficiente creo, como para incluirlo.

Aunque desde luego, eso de que no era español, puede decirse con ciertos matices… puesto que nació en el año 1500 en Cremona, ciudad del Milanesado, es  decir en un territorio italiano que en aquellos momentos pertenecía a la corona española. Así que dejémoslo en eso… en que no era español, pero con bastantes y discutidos matices.

Si consideráis que lo primero debería ser una definición como título, que plasmara la figura y el entorno de este gran hombre, diría, aunque no sé si queda un poco pedante, que sería algo así:

Ha sido, una de las mayores confabulaciones para la ingratitud y la deslealtad, además del mayor intento de eliminación por la indiferencia, que conduce a una persona al  abandono y al olvido.

Es decir, sin demasiados rodeos, simplemente, una vergüenza.

Pero no olvidemos, y desgraciadamente lo hacemos a menudo, que en España autoridad, ha significado casi siempre, autorización para poder impunemente hacer daño al adversario.  Es producto y uno de los síntomas de la ancestral enfermedad que venimos padeciendo: el odio que siempre nos hemos tenido entre nosotros.

La cosa no es solo de ahora, viene siendo así hace siglos.

Sabemos poco de los orígenes de este hombre, y lo poco que sabemos se ha ido difuminado en el tiempo, como gran parte de sus obras, sin embargo si conocemos su triste final. Podría resumirse en una de las frases de la carta que envía al Rey nuestro Señor, Felipe II que en ese momento era la cabeza de nuestra monarquía, que decía así:

– Habré de pedir limosna hasta para mí entierro –

A esos extremos, había llegado su situación.

En esas circunstancias se encontraba el hombre que había realizado auténticas maravillas mecánicas, que aún hoy asombran en relojería, astronomía, matemáticas, mecánica, hidráulica y otra muchas; que había sido requerido por príncipes de toda Europa, incluso por el propio Papa Gregorio XIII, para pedirle consejo en el cambio que se realizó en 1582, para adaptar, el calendario que actualmente nos rige, y abandonar el Calendario Juliano; al hombre al que se le había encargado, el estudio del drenaje de los canales de Venecia. Ese párrafo de su carta reflejaba el estado financiero, físico y psicológico, en que se encontraba uno de los hombres de mayor prestigio científico  en Europa.

Es que había elegido España para vivir…

Falleció en Toledo en Junio de 1585 y sus restos reposaban en el Convento de los Carmelitas de esa ciudad, pero se perdieron al ser incendiado y destruido con la invasión francesa.

Pero vamos a empezar con orden  como es menester y admitido por ley y principio en todos los tiempos, no nos ocurra como a Juanelo, que el indisponerse con la autoridad de la Santa Inquisición en la sombra y la de Felipe II, a la luz,  le llevaron a situaciones tan poco felicitarías.  Solo por el hecho de que era un: “distinto”, podríamos llamarlo un heterodoxo.  Hacía  además de muchas, muy trascendentes preguntas y además realizaba también artilugios mecánicos con formas humanas autómatas, lo que hoy llamaríamos robots, que podían ser considerados entonces esotéricos, misteriosos, alucinantes y posiblemente hasta casi mágicos.

Aunque, pensándolo bien, era el siglo XVI de lo que estamos hablando,  el Rey Prudente, como le llamaban, en 1559 en la mitad del siglo, todavía permitió en Valladolid, la muerte en la hoguera de Agustín Cazalla, aunque como adjuró de sus errores, lo estrangularon antes de quemarlo.

¡Qué barbaridad!

Parece ser que en efecto, con esto de estrangularlo queda demostrado que era prudente, magnánimo y compasivo el segundo Felipe, ya que al menos a Juanelo lo libró de esas atrocidades.

Sí, sí, desde luego, era muy piadoso… se le puede contemplar en el Escorial, con las manos juntas en actitud muy devota y hasta fervorosa.

Lo que son las cosas en estas peninsulares tierras, no hay quien puñetas las entienda, resulta que actualmente en esa ciudad castellana donde se le quemó por el delito de “protestantismo” al clérigo Don Agustín Cazalla y a sus dos hermanos, resulta que las calles que los recuerdan, la del Doctor Cazalla y la de Felipe II, están a menos de un tiro de piedra una de otra y las dos  en el centro.

¡Que te parece!

Bien, a lo que estamos y sin extravíos.

Nacido como decimos en Cremona, ciudad al Norte de Italia cerca de Milán, en fechas cercanas al 1500, no está bien determinado. Parece ser que de muy humildes orígenes. Se conoce que su padre tenía un molino precisamente en el rio que pasa por la ciudad, el Po.

Son descubiertas sus aptitudes de verdadero talento para la mecánica ya con pocos años de edad, la primera actividad que se sabe de él fue que entró como aprendiz en una relojería. Donde años después conseguiría el título de maestro.

De lo que sí estamos seguros, es que no acudió a ninguna Universidad, era y lo fue siempre, un autodidacta, es decir que podemos considerarlo lo que llamamos ahora un, ni ignorante, ni inculto.

Al escribir esto, me doy cuenta, de que actualmente también contamos con algunos ni-ni.  Lo curioso es que ahora de lo que se trata, es que:   ni trabajan ni estudian.

La primera noticia, verdaderamente histórica, que nos llega de su existencia es que cuando al Emperador Carlos, conocida su afición por los relojes, Europa le quiere ofrecer un magnífico regalo como Emperador, se piensa en el mecanismo que había fabricado un tal Giovani Dondi un siglo antes,  conocido como “El astrario”  que accionado por un mecanismo de relojería representaba los movimientos de los planetas en el espacio, según las teorías de Ptolomeo.

El regalo era verdaderamente magnífico, pero tenía un problema, no funcionaba.

Y se busca algún “maestro”, alguien que pueda componerlo, y aparece en la escena por primera vez Juanelo Turriano. Y no solo compone este, sino que además fabrica otro mejorándolo, al que pone de nombre  – Cristalino – parece ser una magnifica pieza de relojería compuesta de más de mil quinientas ruedas en la que interviene también, pero solo en el aspecto externo, el escultor Jacome de Trezzo, que años más tarde trabajaría bajo la dirección de Juan de Herrera, realizando el Tabernáculo del Retablo Mayor de El Monasterio del Escorial y que posteriormente, abriría un taller en Madrid precisamente en la calle que ahora lleva su nombre, junto a la Plaza del Callao. Jacometrezo.

Posiblemente alguien piense…

¡Qué barbaridad!, qué manía más tonta, la del Emperador, con los relojes…

Pues sí efectivamente, aunque en realidad si lo consideramos bien, el reloj es el mecanismo de mayor grandeza y la culminación en su momento del ingenio humano, al intentar conseguir nada menos, que algo tan trascendente y difícil,  como medirlo.

La evolución humana es consecuencia, en parte, del ingenio y comenzó con la rueda, dispositivo con el que se consiguieron los más importantes adelantos y uno de ellos con su contribución y especificidad, fue precisamente lo que supuso en su momento el reloj, y  que  pasa ahora por los ordenadores, y seguirá en un futuro, no sabemos por dónde.

No hay ni que contarlo, el Emperador quedó tan encantado del ingenio que le presentaron, que ordenó que de forma inmediata, se pusiera a su servicio el artífice con una holgada  asignación económica.

Y este fue el principio de una gran amistad…  como dicen al final de aquella gran película “Casablanca”.

Cuenta Ambrosio de Morales, un cronista arqueólogo e historiador y catedrático de Alcalá de Henares, cordobés y fraile jerónimo de la época, que fue tanta la admiración que profesaba, el Emperador Carlos por Juanelo que hasta su fallecimiento en Yuste,  lo tuvo siempre a su lado.

En buena lógica, ahora alguien, también preguntará…

¿Oiga, y se conservan aquellos relojes?

Pues no, desgraciadamente, se perdieron. Seguramente algún “listo” de los que nunca han faltado en todos los tiempos, lo desmontaría y…

Aquí en España, y digo esto exclusivamente, por si en algún momento sale en una conversación y no tenéis a mano el teléfono para consultarlo en Internet, el reloj más antiguo que se conserva, pertenece al Patrimonio Nacional, y se encuentra en el Monasterio de el Escorial, se llama “El Candil” y,  perteneció, efectivamente, al hijo del  Emperador, Felipe II.

Fue en el tiempo de aquel retiro de la vida oficial, de uno de los hombres más poderosos de la tierra, Carlos I de España y Quinto del Sacro Imperio, en el que convivió en el Monasterio extremeño con sus grandes amigos, los frailes jerónimos y también con su relojero, en la placidez y bonanza de un clima apacible, jugando con él al ajedrez y admirando a diario los progresos técnicos de los mecanismos que le realizaba el singular genio de Juanelo.

Uno de ellos, un autómata de los muchos que fabricó en aquel aislamiento, representaba una dama que toca el laúd.  Se encuentra en la actualidad en un museo de Viena.

¿Quién lo vendería?

Consistían exclusivamente estos autómatas en mecanismos de relojería adaptados a esta función, pero realizó también en esa época, algunos otros mecanismos ingeniosos, como un reloj diminuto, que se le ocurrió al emperador para llevar en uno de sus dedos, como anillo.

Al fallecimiento del Cesar, que por cierto se produjo por fiebres palúdicas y no de la enfermedad que padecía desde su juventud, a la que entonces llamaban podagra, o gota, como la conocemos actualmente, y que según cuentan las crónicas el Emperador “administraba” convenientemente con toda clase de abundantes manjares de preferencia grasos y contundentes, y fue entonces cuando Juanelo pasó al servicio de su hijo y heredero, Felipe II.

En la Corte del Rey prudente, que por ese sobrenombre se le conoce, a Felipe II, fue nombrado Matemático Mayor.

Y que sepamos, intervino en obras de todo tipo, desde estudios astronómicos, construcción de molinos, ejecución de armamento, cañones incluso de una ametralladora, hasta el diseño y colocación de las campanas, con imponentes grúas diseñadas a ese efecto, en las torres de El Monasterio del Escorial.

Posiblemente, esta obra fuera encargada precisamente por su arquitecto, el muy conocido Juan de Herrera, que era uno de  sus grandes amigos.

Que sepamos también, realizó el Canal de Colmenar, el Pantano de Tibi, obra ésta, por cierto, ordenada por Felipe II, en la que intervinieron las más preclaras mentes de la época, a mediados de siglo XVI, Juan de Herrera, y Juan Bautista Antonelli,  y que representaba la construcción más ambiciosa de ingeniería civil de la época, con sus más de cuarenta metros de presa en arco, sobre el rio Monnegre, en el término municipal de  Muchamiel en Alicante.

Aunque el Rey actual, Felipe (que nadie malinterprete), el de entonces Felipe II,  no era, desde luego, tan aficionado a la relojería, si se sirvió de las habilidades de Juanelo que sepamos, con ocasión del grave accidente que sufrió su hijo Carlos, entonces todavía heredero de sus reinos.

Era de gran estimación en aquellos momentos, la figura de un santo, lego franciscano, Fray Diego de Alcalá,  considerado muy milagroso, ya que  su fama había trascendido de manera notoria,  y ha de ser cierto puesto que no solo en aquella época, sino que ha sido uno de los santos más representados en la pintura española, puesto que lo figuran en sus obras, Murillo, Zurbarán, Alonso Cano, Ribera y muchos otros.

El hecho es que ante las tribulaciones del momento crítico, dado el severo accidente sufrido por el heredero golpeándose la cabeza, al Rey se le ocurre, aparte de mandar traer las reliquias del Santo, hacer la promesa, de que de salvarse el enfermo, mandará hacer él otro milagro consistente en que Juanelo realice un autómata con la figura del Santo.

El milagro se produce, efectivamente, y como es lógico el encargo a Juanelo también, y por supuesto, su realización.

Y es una auténtica maravilla.

Cierto que como en tantas otras ocasiones en cuanto a la consecución del milagro, sería también de justicia no olvidar la intervención de Andres Vesalio, médico privado de Felipe II, que realizó al accidentado una trepanación, posiblemente de las primeras que se efectuaron en la historia de la medicina moderna, y que naturalmente, mejoró de manera inmediata la hipertensión intracraneal por edema cerebral, que padecía el enfermo.

Como en ocasiones anteriores, la pregunta será la misma.

¿Se conserva, aquel maravilloso mecanismo autómata?

Sí, se conserva, y cuando al funcionar se desplaza, mueve los labios como rezando, se da golpes de pecho, sube y baja una cruz y un rosario, como besándola… en fin, es una verdadera obra de arte.

Y se encuentra ahora… parecía natural también, en otro Museo.

En este caso, el Nacional de Historia de los EEUU, en Washington.

Era de esperar.

Aunque, si queremos dar completa cuenta de sus obras, en el campo de los autómatas, no hemos de olvidar, posiblemente, al más popular de ellos, que siempre se denominó el “hombre de palo” y que aun actualmente en su recuerdo, tiene en Toledo una calle, que según la tradición era en ella donde circulaba por unos carriles el muñeco de madera, haciendo, unas veces las delicias, y otras, los espantos de los viandantes.

Lo describe Antonio Ponz, conocido como “el Abate”, en su obra – Viaje de España en el que, se da noticia de las cosas más apreciables y dignas de saberse que hay en ella – impresa sobre 1775, en la que ofrece una descripción detallada de las características del autómata.

Pero, todas estas obras que aún de no mucha entidad práctica, aunque de una complejidad mecánica importante, serían reseñables ahora exclusivamente, por el hecho del momento en que fueron realizadas, pero  pasarían a un segundo plano al compararlas con otra imponente en magnitud, trascendencia y dificultad, que realizó en la ciudad de Toledo.

Su célebre  y monumental “artilugio” para elevar el agua, desde el rio Tajo, hasta el punto más alto de la ciudad, su Alcázar.

Efectivamente fue por una parte, la obra que le encumbró profesionalmente, dándole notoriedad y fama, pero que también le llevó en lo personal,  a la ruina más absoluta.

De siempre, venía siendo conocido el gran problema de la ciudad de Toledo, su – abastecimiento de agua.-

En épocas muy antiguas, los romanos lo habían pretendido solucionar, aunque con ciertas dificultades. Habían construido una conducción por cañerías, basadas en la idea de los tubos comunicantes, que conducían el agua hasta unos depósitos de los que se supone forme parte la Cueva de Hércules, pero que con el tiempo había caído en desuso.

Muchas otras formas de elevación del agua desde el rio se habían intentado, pero sin éxito. Y era aún en aquel tiempo, los lomos de los burros los que proporcionaban con cántaros, el agua a la ciudad.

Aunque era itinerante, en aquel momento estaba instalada en la ciudad de Toledo, todavía la Corte; y en lo más alto de ella, en su Alcázar, habitaba Felipe II.

Y naturalmente también vivía en la ciudad, Juanelo Turriano y según he leído, no sé donde, pero cerca del rio.

Parece ser, que con las autoridades municipales de la ciudad, firma un contrato nuestro personaje, para tratar de conseguir elevar el agua nada menos que a unos 50-60 metros de distancia y, a una elevación de entre 90 a 100 metros.

Algo que parecía auténticamente irrealizable en aquellos tiempos.

El acuerdo era, que recibiría una cantidad de 8.000 ducados y una renta anual para él y sus sucesores, en el caso de que llegaran más de 5.000   litros de agua al día, pero sin embargo, corrían de su cuenta todos los gastos de ejecución de la obra.

Y lo consiguió, en Febrero de 1569, efectivamente, llegaba al Alcázar una cantidad de agua, mucho mayor de lo acordado, entre 14 y l6 mil litros; había conseguido con su mecanismo, uno de los mayores éxitos técnicos del momento.

Pero las autoridades se negaron al pago, al considerar que el agua no podía ser aprovechada por el pueblo, ya que quedaba exclusivamente, en posesión del  Alcázar.

Hasta realizó un segundo artilugio, también con éxito, pero el hecho es que presumiblemente por su total descapitalización y también por  los gastos de mantenimiento del aparato que eran superiores a lo planificado, llevaron a Juanelo a una situación económica y psicológica de absoluta incuria.

Incluyo aquí un dibujo artístico, pero magníficamente realizado por Alejandro Vega en el Trabajo que realizó en el año 2011 donde de manera muy evidente se plasma la magnitud de la obra:

Aunque también es posible que sobre esta fotografía conozcáis mejor su envergadura:

Ahora bien, lo curioso y digamos que casi fascinante, es que después de de los siglos que han pasado y con las mentes auténticamente sobresalientes que lo han estudiado, todavía este en cuestión la forma y la mecánica del artilugio de Juanelo, para hacer elevarse el liquido esos casi cien metros, desde la superficie del rio, hasta los puntos más altos de la ciudad.

Aparte, naturalmente, de que en su momento fue la gran atracción mecánica,  y que incluso, varios autores clásicos, lo citan en sus obras, y que naturalmente, lo visitaron todas las personalidades y autoridades de la época.

Muchos años después, lo estudió, para intentar recomponer su funcionamiento, un ingeniero madrileño Luis de la Escosura en 1885, que incluso escribió en las memorias de la Real Academia de Ciencias Exactas, una intervención titulada:   -El Artificio de Juanelo y el Puente de Julio Cesar – siguiendo las descripciones escritas en vida, por el humanista y amigo de Juanelo, Ambrosio Morales.

Hasta 1997, venía siendo aceptada la solución de Escosura, pero persistían las dudas y hasta la incertidumbre, y en ese año otro estudioso, Ladislao Reti, en este caso un croata, ingeniero y químico, afincado de siempre en Argentina, lo estudió de nuevo y propuso otra solución.

Se la llamó así solución Reti. Y sobre ella, un artífice y porque no,  artista toledano, llamado Juan Luis Peces construyó por encargo de la Diputación, una maqueta de madera a escala, verdaderamente magnífica que demuestra palpablemente el funcionamiento con detalle de la acción de los llamados tirantes y forzantes, que son la verdadera clave del mecanismo.

Existe y se puede ver ahora.

Parecía con ello resuelto el enigma.

Pues no.

Otro científico, historiador y autoridad reconocida, nacido en Huesca en 1940,  Don Nicolás García Tapia, aporta a esta especie de confusión, nueva luz.

Hace muy pocos años, sobre el 2010, otro ingeniero y a la vez amigo de la historia, Francés Xavier Jufre, de la Universidad Politécnica de Barcelona ha realizado otro estudio, con variantes  sobre el “ingenio” de Juanelo en Toledo, en los que hace intervenir las llamadas escalas de Valturio.

De cualquier manera y como vemos, es verdaderamente asombroso, pero  siguen apareciendo, teorías, hipótesis y conjeturas sobre cómo era en realidad el verdadero mecanismo  y su funcionamiento.

Es posible, que sea suficiente conocer el hecho, de que las monumentales y admirables obras de aquel gran hombre en Toledo, funcionaron hasta 1639, y por falta de mantenimiento y abandono llegaron a desaparecer.

Puede  que alguien se quede con ganas de preguntar:

Oiga, ¿y queda algo más, como recuerdo de aquel gran hombre?

Con su nombre y a su memoria, una calle en Madrid y un Instituto de Enseñanza en Toledo, un busto de mármol, parece ser que del escultor Alonso Berruguete  y  poco más.

Aunque hace pocos años una admirable idea puede convertir aquel cierto sonrojo y bochorno, al que nos referíamos en cuanto a la forma que la sociedad de su tiempo lo trató, en cierta satisfacción puesto que su nombre se perpetúa en una digna Institución llamada Fundación Juanelo Turriano creada en el año 1987 por Don José Antonio García Diego y que tiene como fines la promoción y coordinación del estudio histórico de la Técnica y de la Ciencia en sus diversas vertientes

Institución ésta a la que nos referimos, a la que por supuesto, nunca agradeceremos bastante el interés y los esfuerzos que realiza en favor del conocimiento de la historia de las diversas ramas de las ciencias en general. Y valga para ello, el destacado ejemplo de su  patrocinio, a una de las de las instalaciones culturales más interesantes que poseemos en España, y lamentablemente poco conocida, como es, la Real Casa de la Moneda de Segovia.

También se conserva en su memoria y me entero por Internet, este  auténtico milagro actual, que desde luego, este sí que lo es: que si ponéis en el buscador,  – los cantos de Juanelo -, una buena persona, de las muchas que intervienen y hacen posible el portento, llamado: José Antonio Domínguez de Gracia, cuenta, en una muy  documentada intervención, la historia de unas enormes piedras llamadas “los juanelos”.

Es muy curiosa la historia, y no la voy a repetir yo aquí, ya que sería privarle a su autor del merecido protagonismo.

Pero recomiendo que lo leáis, es muy interesante.  Yo simplemente incluyo para que conozcáis en toda su soberbia prestancia esas piedras en una fotografía propia realizada donde se encuentran, en el Valle de los Caídos.

Poco más queda por conocer de nuestro protagonista de hoy que pueda ser reflejado en un mínimo acercamiento al personaje como este, aunque sí reseñar alguna circunstancia.

En ocasiones, las sociedades, son así de injustas con algunas personas.

Puede que sea cuestión de suerte y hasta de simpatía personal, incluso de encanto y buen trato, y hasta también de cordialidad, la verdad es que se escapa a mi entendimiento, – no lo sé -.

Sin embargo, lo que queda perfectamente claro, es que, la – la Historia –  con mayúsculas, ha de estar reservada a los profesionales de ella, a los que con rigor, la estudian, analizan y trasmiten, efectivamente.

Ahora bien, estos otros pasatiempos, que pueden ser llamados, aproximación, acercamiento y hasta vulgarización, o incluso, si se desea “mini” historia, cuentan solo con la exclusiva rigurosidad que concede la lectura de varios profesionales, y no la de uno solo; y por ello tienen naturalmente, la  mínima  disciplina académica que  puede ofrecer, haber atendido los   múltiples  criterios con puntos de vista algunas veces dispares.

Pero, eso sí, siempre con el miramiento de tratar respetuosamente a las  personas, con sus felicidades y desgracias, triunfos y fracasos, y hasta con sus miserias y grandezas.  Y  hasta incluso tratando de comprender sus personalidades, sus vivencias y sentimientos, y sobre todo, en mi caso como siempre, intentando que encontréis con su lectura, en aquel apartado íntimo y virtual rincón de vuestro mundo, que prometí al comienzo de esta aventura, un  simple acercamiento a uno de ellos, de aquellos que fueron.

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