Zenón de Somodevilla.

Marques de la Ensenada

El funcionario espejo, modelo y ejemplo para todos los servidores públicos.

-¿De dónde viene usted, ésta vez?

– De Villaumbrales, en la provincia de Palencia

– Y se puede saber ¿que ha ido usted hacer allí?

– Me interesaba ver una antigua obra.  El Canal de Castilla.

– Y es precisamente en aquel pueblo, donde se encuentra el Museo, y también hay un barco moderno en el que se puede navegar por su cauce. Muy bonito, la verdad. Me ha interesado mucho.

-¿No lo conocía?

– Pues la verdad es que si. Recordaba aquella maravillosa mañana hace ya muchos años, cuando andando, recorrí la orilla de aquel precioso canal desde Bobadilla hasta Frómista, cuando estaba haciendo a pie, esa etapa del Camino de Santiago.

– Me impresionó mucho entonces, aquella monumental obra, pero curiosamente ahora, después de tantos años y naturalmente, siendo la obra la misma y por supuesto también mis ojos, aunque estos, lógicamente más viejos,  resulta que la visión ha sido distinta.

– Recuerdo que entonces me sobrecogió la obra como tal y su entorno, pero sobre todo, y casi como siempre, el cuándo, es decir el tiempo en el que se construyó. Era, el siglo XVIII, sin embargo ahora me han interesado más, él quien.

– Explíquese, por favor, que no entiendo.

– Nada,  se trata simplemente de que al contemplar la ingente obra de este Canal y poniendo mi mente en los tiempos en que se realizó, casi sin querer, han venido a mi imaginación deseos de conocer quiénes serían las personas, bajo que condicionantes, y como llegarían a imaginar, realizar y  ejecutar, tan inmensa obra.

– ¿Y a que conclusiones ha llegado usted?

– De verdad, le digo, que  por su envergadura, por los tiempos de su realización,  por su costo humano y económico, no me la explico.

– Me asombra y, es por ello que me he puesto a bucear en su historia y a tratar de conocer sobre todo ahora, eso que le digo: el quién…

¿Y qué nos va a descubrir usted?

– Por Dios… líbreme el cielo…  yo enseñar, no de ninguna manera, ni descubrir siquiera, solamente entretener y aún eso, no estoy seguro de conseguirlo.

– En estos menesteres, pseudoliterarios  hoy en día, sin dar paso, a la fantasía, o a la ficción, es decir, en general a la novela,  es muy difícil enseñar nada. Quien de verdad desea conocer algo, simplemente, entra en Internet y ahí lo tiene todo a su disposición, y además con otro agravante, que  lo que no esté en Internet, es que no existe,  como dice un amigo mío, y posiblemente tenga razón.

– Es por ello que mi intención no va más allá de entretener, amenizar, distraer, y si alguna vez es posible, hasta divertir pero poco más.

-De todas maneras, aunque no lo pretenda, algo sí que enseña. Y como hoy, ya tenemos el asunto, pues adelante…

– Créame si le digo que nunca ha sido mi intención enseñar nada, lo que ocurre es que dada mi afición a la Historia, sí que se puede decir eso de que, “buceando” entre libros y sobre todo en Internet, se encuentran efectivamente cosas muy curiosas; yo simplemente las pongo de manifiesto, para que si alguna de ellas, interesa especialmente a alguien, pueda profundizar posteriormente, nada más, solo es eso, tiene en realidad, poco mérito.

– Adelante, entonces…

– Pues ya ve usted, el título lo dice todo; fue un Ministro, Don Zenón de Somodevilla un verdadero “fuera de serie”;  es lo que podríamos definir como, un auténtico ministro.

– Oiga, con eso de auténtico, que quiere decir ¿es que los hay falsos?

– La verdad, no lo sé,  no lo creo, simplemente se trata de que al intentar hablarle de un tema tan original como es el Canal de Castilla,  por ser  una obra que se realizó durante su ministerio,  me  ha recordado a aquel político.

– Y  me ha interesado la persona y he tratado de acercarme a él, dándome cuenta enseguida de que efectivamente, se le  puede llamar, un verdadero y auténtico ministro.

– Entiéndame,  lo de verdadero, ya sabemos que efectivamente son todos los nombrados para dicho  cargo político y lo ejercen los que pueden ser llamados así, pero claro, pensemos en las diferencias tan abismales que existen entre unos y otros.

-Y en que basa usted esas diferencias tan desmedidas…

– Pues  lo digo, a propósito de  que en tiempos más o menos recientes asistimos a bufonadas impropias de una política seria, que de alguna manera nos han podido hacer llegar a perder a muchos ciudadanos la confianza en lo que debe ser un verdadero  ministro. Incluso, llevando a  la opinión general la idea de  que un cargo de esa categoría, lo puede desempeñar cualquiera.

-Se refiere usted, sin duda a nombramientos como los de Pajín o Aido, sin duda.

– Naturalmente, son auténticas farsas y chirigotas, impropias de la seriedad que tiene que presidir la función pública de cualquier País civilizado, aunque posiblemente ya estén olvidadas…

-Desde luego, posiblemente, ahí empezó la broma general de la política en España, que no sabemos cómo terminará…

– Efectivamente, lo ha definido usted muy bien… no sabemos…

– No, rotundamente este del que quiero hablarle ahora era un Ministro en serio, por ello lo de “autentico”.

– Sin embargo, a lo que se refiere usted, con relación a aquellos gabinetes ministeriales del tristemente recordado Señor Zapatero, nos han servido, para que cualquier ciudadano, sea cual sea su adscripción política, piense que para ser titular de un Ministerio no hace falta tener ni capacidad,  ni competencia, ni mérito, ni categoría alguna.

– Exclusivamente, con aquellos nombramientos, podía claramente pensarse que con el carnet de un partido político, era suficiente; y desgraciada o afortunadamente, no es así.

– Sin embargo, para lo que indudablemente sirvieron, eso sí y de manera cierta, ha sido para que toda persona medianamente informada, se diera cuenta, que desde un puesto relevante, como es un ministerio, se puede, con discreción y sentido práctico, forjarse un suculento porvenir posterior, sin disposición, aptitud, ni talento alguno.

-Entonces este, del que nos quiere hablar, ¿era otra cosa?

– Bueno, lo que se dice otra cosa, no, era rotundamente, todo lo contrario.

-Y, ¿porqué este, precisamente?

– Por nada especial. Es simplemente como le decía antes que me lo ha recordado, justo esa obra que como le he dicho vengo de visitar y cuando he investigado someramente su biografía y su trayectoria política, para que posteriormente, si alguien  lo desea pueda valorarla con mayor amplitud,  me encuentro, efectivamente, con un verdadero “excelente” como le decía.

­ – Es a él, y a su política a quien debemos esa monumental obra, que denominamos – El Canal de Castilla,- la puso en marcha durante su tiempo  en el Ministerio en el año 1.753 y puede asegurarse que en su momento fue la obra civil hidráulica, más importante de nuestro país, pero también otras muchas de verdadera enjundia y proyección política.

-Y  entender, que la verdadera gobernabilidad, significa siempre  progreso y mejora de una Nación y ha de estar sustentada a las directrices, orientaciones y pautas, que los ministros de cualquier gobierno pongan en marcha.

– De ello la responsabilidad que conlleva el cargo.

– Bien, pues vamos a conocer al hombre, que posiblemente, ha tenido más responsabilidades políticas acumuladas durante toda la historia de este País.

– Qué barbaridad, se puede decir así, en general… ¿Él que más?

– Hombre, se puede decir como expresión coloquial, pero usted me dirá, cuando le explique que llegó a tener bajo su obligación, nada menos que hasta cinco carteras ministeriales y todas de gran contenido político.

– Desde luego, es verdad, yo no conocía nada semejante en la Historia.

– Pues sí, efectivamente, es desconocido y además inaudito, aun más, cuando le diga que, cuentan los comentaristas del momento, que vivieron cerca de él, algo todavía más asombroso. Los distintos departamentos estaban perfectamente atendidos y la prueba es que en todos se tomaron, bajo su acción, resoluciones de gobierno tremendamente importantes.

-¿Y cómo es posible que una persona tenga esa capacidad de trabajo?

– De verdad, no lo sé.

– Me imagino varios factores, el primero que fue durante toda su vida soltero y no se le conocieron inquietudes ni  desazones amorosas, familiares ni económicas. También, un  pre ilustrado, es decir, uno de aquellos políticos bien-intencionados, que disfrutamos en aquellos tiempos,  que pretendían una sociedad distinta, y que, por supuesto, sin acertar en todo, desde luego lo que sí consiguieron fue modernizar este País.

– Y sin duda también, porque poseía esa inaudita capacidad de trabajo, desconocida entonces, – bueno y ahora – que llegaba a jornadas de trabajo de hasta 16 y 18 horas.

– De no ser por obligaciones protocolarias, que no pudiera eludir, dicen de él: que, desayunaba, comía y hasta cenaba, en el propio despacho, sin dejar de “funcionar”, – que precisamente es el verbo del que se deriva la palabra funcionario,- ocupándose de los distintos asuntos de su competencia, de manera prácticamente continuada.

A la lectura de este párrafo, varios de nuestros empleados públicos, están siendo atendidos por el SAMUR de cuadros convulsivos de posible origen neurológico. Cuando se repongan del shock que les incapacita momentáneamente se incorporarán a la lectura.

-Pero siga, siga usted, es natural…no están acostumbrados a estas descargas electro-psicológicas

– -Como le digo, son tantas, tan variadas y tan importantes las decisiones iniciativas y proyectos que se llevaron a cabo bajo su responsabilidad, que bien podemos afirmar, que es una de las personalidades políticas a las que más tengamos que agradecer su gestión al frente de los diversos cargos públicos que desempeñó.

– Por todo ello, creo que sería bueno que, aunque por encima y de manera ligera, conozcamos un poco a la persona y sus circunstancias.

– Pues, efectivamente, sería interesante, vamos a ello…

– Lo primero, una curiosidad.

– Es la única persona nacida en dos localidades diferentes.

-¿Cómo dice usted?

– No, no se asuste, verá, se trata de expresar de  una manera simple,  que existen dos Partidas de Bautismo, legales las dos, en otras dos localidades diferentes: Hervías y Alesanco, en la Comunidad de la Rioja y separadas por no más de diez kilómetros. En las dos se inscribe a un varón nacido el día de San Zenón, 20 de Abril, de año 1702.

-Y ¿cómo puede ser esto así?

– Tiene una sencilla aclaración, se trata de una, llamémosle argucia, del padre del protagonista, que al inscribir su nacimiento, lo hace en la localidad de la que era vecino y también en la otra, de donde era oriundo, para  estar seguro de que, a su hijo, le sería reconocido el titulo de hidalguía sin necesidad de tener que realizar laboriosos y hasta dificultosos trámites administrativos.

-¡Será posible!, el Siglo XVIII y ya se padecían entonces las mismas penas que ahora. La burocracia maldita: ese conjunto de normas, trámites e instrucciones que ralentizan cualquier gestión administrativa y con ello,  hasta nuestra propia vida.

– Estancan, efectivamente, mucho la  nuestra, pero en cambio despejan muchas otras vidas, con  comodidad, bienestar y sobre todo con la tranquilidad que proporciona no tener que pensar. Se vive y hasta algunas veces bien, simplemente velando por que se cumplan los reglamentos establecidos al efecto, es decir “funcionando”.

-¿Y apartando este, casi chascarrillo ¿qué nos puede contar usted de este ilustre riojano?

– En verdad, cosas muy curiosas.

– Así como en primer lugar queda esa, digamos anécdota, de sus dos nacimientos, me gustaría añadir otra particularidad, ya que algunas veces, son estas pequeñas puntualizaciones las que nos hacen recordar un personaje. Siendo oriundo de una comarca del interior peninsular, riojano por más señas, es decir no siendo un hombre de mar, posiblemente, sea la persona, a la que la Marina, tenga más que agradecerle.

– ¿La Marina precisamente?

– Pues sí, la verdad es que toda su vida estuvo, de diversas maneras, ligada a la Armada.

– Conocemos muy poco de su juventud y  sus estudios, ya que las primeras noticias que tenemos de él, es que se encuentra ejerciendo como escribiente en una casa consignataria de buques, en la ciudad de Cádiz.

– Era el año de 1720  y a un importante personaje del momento, Don José Patino, – Intendente General de la Armada -, que se encuentra en este momento en Cádiz, no sabemos por qué feliz contingencia, le es presentado nuestro protagonista.

– Pensemos que con esa edad, 18 años, no podrían ser muchos sus estudios, sus méritos, ni incluso sus conocimientos, pero efectivamente, algunas cualidades referentes a su dedicación e inteligencia debió ver, para que lo “fichara” inmediatamente, nombrándolo oficial supernumerario del Ministerio de Marina.

– Y desde aquí, la carrera es meteórica, llegando a conseguir, bajo las monarquías de Felipe V y sobre todo en la de Fernando VI, los cargos de mayor autoridad, que solo a modo de curiosidad,  y muy esquematizados son, nada menos, que estos:

Secretario  Consejero y Ministro de Estado. Superintendente general de Rentas y Millones del Reino. Juez privativo del Resguardo de todas las rentas del Campo y Puertas de Madrid. Superintendente general de la Renta del Tabaco del Reino. Lugarteniente general del Almirantazgo. Notario público de los Reinos de España. Secretario de la Reina Doña Bárbara de Braganza. Capitán general del Ejército y la Armada. Caballero de la Orden del Toisón de Oro. Caballero de la Orden de Malta.  Y muchas más.

– Con lo cual, sin ninguna duda, se convirtió en el hombre más importante de la monarquía de aquel tiempo, y hasta puede ser, que de todos los tiempos

-¿Pero cómo es posible? ¿Alguna vez en la Historia de  España, la Administración ha recompensado a un funcionario de esta manera?

– Pues sí, a este, que podríamos llamar, un Superministro.

-Evidentemente, habría de ser por realizar esa ingente labor en todos los órdenes, pero tampoco tendría a su lado nadie que le hiciera “sombra”.

– Sí, claro, su labor fue, realmente ingente en todos los cargos que desempeñó, pero no crea que no tenía en su derredor solamente gentes sin talento, unos de sus compañeros en labores de Gobierno era, nada menos, que Don José de Carvajal y Lancaster, que simultaneo con él varias y diversas responsabilidades. Pero era más introvertido, podríamos decir, más serio que nuestro protagonista.

– Oiga, y así sin profundizar mucho ¿podría usted enumerarnos sus más destacadas actuaciones?

– Naturalmente, pero incluso sin pormenorizar, son tantas que…

– Pero bueno, las más importantes a mi juicio son:

– En general, sus actuaciones en política internacional fueron siempre, eso sí, siguiendo las directrices de los Reyes, equilibrar las influencias entre las dos grandes potencias, Francia e Inglaterra, para la conservación de la tan apetecida paz. Aunque, personalmente, sus preferencias estuvieron siempre cercanas a Francia.

– También de orden internacional, fueron las negociaciones que mantuvo con la Santa Sede, para firmar el Concordato de 1753, y pensemos que no debió ser mala su actuación, ya que hasta se le ofreció el capelo cardenalicio, que con digna humildad, rechazó.

– En orden interno, sus decisiones, abarcaron los más diversos campos: economía, justicia, impuestos, ejército, marina, industria, comercio, agricultura, policía, bienestar social, y otros muchos.

– Entiende usted ahora lo que le decía antes  de Superministro…

-Pues sí, efectivamente, tenía usted razón.

– Es posible que podamos decir, que nos encontramos ante la figura política que ha realizado la más colosal labor conocida en nuestra historia, ya  que se trata de que sus actuaciones, en los once años que duró su competencia en labores de gobierno, se llevaron a cabo en campos tan diversos, con magnitudes tan considerables, y con proyecciones posteriores de tal trascendencia, que no podemos más que admirar y estimar su gran talento.

– La creación bajo su tiempo de gobierno, de obras y realizaciones como: El primer catastro.  La puesta en marcha de los tres astilleros, de Cartagena, Cádiz y Ferrol.  La mejora, y por primera vez, la estabilización en la balanza de pagos del País.  El fomento del comercio y  la industria, con la rebaja de los arbitrios. La abolición de los monopolios en las importaciones de América. Importante mejoras en los transportes. Las obras del Canal de Castilla. Importación por primera vez, de sabios extranjeros para mejora de nuestras instituciones. Fundación del Colegio de Medicina de Cádiz y del Observatorio astronómico. Fundación de las primeras academias de ciencias y de buenas letras.  Casi es mejor no seguir…

-No, por favor, no siga usted, es abrumador

– Efectivamente así es. Para abreviar, podríamos decir que parece que en su tiempo de autoridad, absolutamente todo pasaba por su mano.

– Naturalmente, como en toda obra humana,  y es natural, hubo sombras confundidas entre tantas luces. Venía ya  de antiguo una demanda general en cuanto a que, la etnia gitana se fuera acomodando a los condicionantes mayoritarios, ya que por entonces, sus comportamientos no correspondían a las normas de convivencia establecidas; y fue él quien se encargó de ello.

-Y, ¿dígame usted, como terminó este gran hombre?

– Pues naturalmente, tratándose de España:

– Desterrado

-¿Qué me dice?

– Es lógico, hemos sido siempre así.

– La excelencia aquí, no solamente no se premia, se castiga y a veces cruelmente.

– Tenga en cuenta, que nuestro capital pecado ha sido siempre, lo que yo llamo: la “Soberenvidia”, es decir, que vemos desde nuestra ancestral e inculta arrogancia, en cualquiera que no piense igual que nosotros, a un enemigo.

-Lo dice nuestro catecismo  – El que no está conmigo está contra mí –

– Y en verdad, no hemos mejorado con los años, puesto que se ha añadido en la actualidad otro pensamiento muy difundido igualmente y, al que se acoge fervientemente todo español que se precie:

– El fin justifica los medios –

-Pero en realidad, ¿cómo fue su ocaso, bueno podríamos decir, su caída en desgracia?

– Verdaderamente la causa, casi es lo de menos.

– Aquel hombre había puesto, con su política, los cimientos de los mayores éxitos en dos periodos de monarquía, la de Felipe V y Fernando VI. Esbozando los posteriores, de políticos cómo Floridablanca, Aranda y Campomanes.

– Aquel hombre que había conseguido que nuestra Armada, que él consideraba fundamental para la defensa de nuestros territorios y comercio con América, que antes de llegar al gobierno, se componía de unos 25 navíos, llegase a tener más de 150, y otros tantos en construcción.

– Aquel hombre que puso en marcha importantes obras de todo tipo, pero fundamentalmente, la casi faraónica  del Canal de Castilla, que  con sus 207 Kilómetros,  solventaba entonces el transporte de los excedentes de grano de la meseta a los puertos del norte, y que por supuesto, todavía en la actualidad, da servicio de riego a cientos y cientos de hectáreas de tierras secas.

– Pues aquel, aquel mismo fue, al que le  mandaron  los guardias a su casa, a las tres de la mañana del día 20 de Julio de 1754, para detenerlo y desterrarlo.

-Y, ¿la causa?

– Traición a la corona –

– Y, ¿la explicación?

– Unas Órdenes que había dado al Virrey de Méjico, para desalojar del territorio colonos ingleses y que se podían interpretar, naturalmente, con mala fe, como causa de una posible guerra con Inglaterra

– Pero ¿quien hacía esa denuncia?

– Un innoble y despreciable sujeto, que incomprensiblemente había sustituido a su muerte al Ministro Carvajal,  en el Departamento de Relaciones Exteriores. Se llamaba: Ricardo Wall,  adepto y reconocido partidario de la causa inglesa.

– Tanto, que se demostró y queda escrito, que el Embajador ingles ante la Corte española, redacta una nota a Londres  inmediatamente a su caída en la que dice textualmente:

-“Ya no se construirán más barcos en España”.

-¡Oiga! verdaderamente inaudito, produce verdadera vergüenza escucharlo

– Ciertamente,  siempre ha ocurrido lo mismo:

– Pasa, como dice nuestro querido Quijote: que sin querer, te conviertes  de – sosegado hidalgo en caballero andante – y te vienen a la mente pensamientos sobre qué nuestros males, como nación, siguen siendo los mismos aunque afortunadamente, mucho más atenuados, gracias a que hemos mejorado las instituciones aunque, no a las personas.

– El trono, al que felizmente le hemos desprovisto de esos autoritarismos y  lo hemos convertido exclusivamente en un bien remunerado árbitro, que dicen algunos, que resulta incluso, más barato que una república, y al que se le ha de pedir exclusivamente dignidad, incluso hasta en la familia.

– El altar, al que se le ha desprovisto de aquella desorbitada influencia ante la sociedad, lo que no ha de significar que pensemos que pueda perdérsele el respeto; como algunas “mocitas” modernas ahora, enseñando las tetas en una Iglesia, que sin ninguna duda, ha de ser considerado un delito, ya que está clara y exclusivamente realizado, con  ánimo de ofensa a terceros.

– Y, por último a la – aristocracia-  posiblemente, la más culpable de todos nuestros ancestrales males, injusticias y padecimientos. Formada desde siempre por los “destacados”, que ahora, modernamente los hemos convertido en políticos y que por sus hechos vemos, cada vez con más claridad, que desde luego todos no se merecen nuestro respeto; aunque si desde luego, nuestra consideración, simplemente,  por si existiera la remota posibilidad de que alguno de ellos, fuera una  persona digna, diciendo alguna vez, la verdad.

-Caray, se despacha usted a gusto; de esta manera no pensará usted en hacer carrera como escritor.

– Pues no Señor, no creo tener, ni  edad, ganas, ni merecimientos para ello.

-Créame usted que lo entiendo.

-Pero mire, ¿se da usted cuenta de lo poco que nos ha referido  sobre el Canal de Castilla?

– Tiene usted toda la razón. Siendo tanta la envergadura de la obra, sin querer,  ha brillado más su artífice, aunque ha de considerar usted que estas líneas, tienen de siempre más la intención de llevar al ánimo del lector a los personajes que a sus obras.

– Prometo remediarlo, si me es concedido el tiempo, el ánimo y la inclinación.

-¿Alguna cosa más para terminar?

– Pues sí.  No me gustaría terminar sin poner de manifiesto una circunstancia que de alguna manera, ensombrece algo la figura de este gran hombre.

-Pues es una pena…

– Verdaderamente lo es, aunque es de rigor contarlo…

– Finaliza su destierro y se incorpora a la Corte, por voluntad expresa del nuevo Rey, Carlos III.

– Aunque, efectivamente, no se le concede ya el “estatus” político que posiblemente se mereciera, tal vez por el hecho de que su edad y circunstancias no lo permitieran, pudo incluso ser, porque en ese momento existieran otros más idóneos, o hasta podemos pensar, que de alguna manera, fuera injustamente postergado, nunca lo sabremos.

– Lo cierto es que,  existen evidencias de su implicación en el muy célebre Motín de Esquilache.

– Y naturalmente ahora, vuelve nuevamente a ser desterrado.

– Posiblemente en esta ocasión, con razón.

– Fallece en esta situación, después de más de diez años,  el 2 de Diciembre de 1781, en la villa de  Medina del Campo.

– Siempre nos quedará la razonable duda, de si habiendo sido un incansable trabajador, un gran cumplidor y un magnífico luchador, le faltarían dotes de encajador…

– No debemos olvidar que era español.

– Una pena.

 

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