Fray Gonzalo Jiménez de Cisneros.

El Cardenal

Un renovador. El hombre típico del Renacimiento.   Significativo religioso,  Importante autoridad eclesiástica, Discreto consejero,  Sólido político,  Hábil reformador, Amante de la cultura, Trascendental promotor, Sustancial organizador, y sobre todo y, ante todo, un hombre bueno.

Aquí, aquí mismo estoy.

Me parecía, hasta lógico, que si hoy quería  hablaros de un personaje de nuestra historia que cuenta entre sus méritos tener su propio museo, no era natural, ni prudente, que yo no lo visitara y pudiera así intentar transmitiros primero, mis impresiones y sensaciones sobre él  y, a la vez, acercaros al personaje todo lo que en mi modestia sea capaz.

Y es por ello que me encuentro aquí, en el propio museo.

Se trata del Centro de Estudios Cisnerianos, y está ubicado en el llamado Palacio de Laredo, en Alcalá de Henares.laredo-1

¿Y, naturalmente, me preguntaréis quién era este Laredo?

Se trata de un artista y arquitecto de origen vizcaíno que llegó a la ciudad complutense a estudiar, quedó prendado de ella, y decidió vivir para siempre aquí, y hasta llegó a ser alcalde;  como era natural, se edificó una casa, entonces en las afueras de la ciudad, que ahora ha quedado bastante céntrica, como es natural, a finales del siglo XIX.

La verdad es que llamarlo Museo de Cisneros parece, después de visitarlo, algo desmesurado, pues no guarda tantas cosas que pertenecieran directamente al Cardenal; pero eso sí, conserva uno de los pocos ejemplares de la Biblia Políglota que se conservan en el mundo.

Es posible que lo consideréis exagerado, pero a mí me pone un poco  “carne de gallina” ver, tan cerca, esta auténtica maravilla de libro; son seis volúmenes, y yo diría que al verlos así, tan cerca, irradian majestad, grandeza y  erudición, aparte de ser la materialización misma de nuestra cultura y de nuestra historia.

Son una verdadera preciosidad.

Aún, como digo, sin ser un  verdadero acopio de elementos propios del Cardenal, sí deja en el ánimo del visitante una visión de la grandeza del personaje: bulas papales, grabados de la época, documentos, testimonios, etc. Y, sobre todo, podríamos decir: un ambiente cisneriano que se respira en cualquier explicación y comentario que recibes en la visita guiada, sobre el edificio, sobre Alcalá, o sobre la Universidad  lo que hace que casi se nos presente con auténtica nitidez su imagen.

Y es que, si pensamos, es de tal magnitud la figura de Cisneros, que abruma un poco tratar de hablaros sobre él.

Son tantos los trabajos que acometió, tantos sus logros que han quedado para la posteridad; y tales la fama, jerarquía y honores que consiguió, que, en el fondo, agobia hasta contarlos, considerando que hablamos, y él mismo así lo define, solo de un fraile franciscano.

Veréis porqué: se trata de varias causas que hacen pensar y, a la vez, plantean algunas preguntas, para mí, difícilmente contestables, pero puede que estén respondidas aquí mismo, en su museo.

 ¿Cómo es posible que, con los años que han pasado, la figura de este simple fraile perdure tanto y tan importantemente en el tiempo?  ¿Cómo es posible, y a qué tan altas dignidades en el gobierno, en la política y, en general en la cultura, se ha tenido que llegar, para que su prestigio alcance hasta nuestros días?  ¿Cómo puede ser, y qué habilidades personales hay que tener para, sin ser un auténtico “docto en nada”,  es decir, como él se define, “un simple fraile franciscano” llegar hasta tan altas dignidades?  ¿Cómo podemos entender que un religioso, de un perdido convento, pueda alcanzar la grandeza de ser en dos ocasiones, dos, y ha de recalcarse,  durante más de veinte años, Rey de las Españas?

¿Será una de esas casualidades que pueden darse a lo largo de la historia?

-Podría ser – pero no parece lógico, puesto que se trata de éxitos en campos tan distintos, como en política, gobierno, religión, cultura… pensándolo bien, no, no es razonable.

¿Será que la coyuntura política era, en ese momento de su vida, la auténticamente propicia para sus éxitos?

Pues, rotundamente, no, puesto que le tocó vivir momentos muy difíciles, con la muerte de la Reina Isabel, ya que hubo de  polemizar con su marido Fernando el Católico, personaje difícil y complicado, humana y políticamente hablando, y sobre todo, contender (podríamos casi decir batallar) con una aristocracia levantisca y dispuesta a romper la unidad de los reinos, por un lado en Castilla, y por otro en Aragón; que tanto montan…y que con tan  gran esfuerzo se había conseguido.

No, efectivamente, su gestión no fue fácil.

¿Será, entonces, que en aquel momento las posibilidades económicas pasaban por una situación propicia para el derroche que suponía crear centros de estudio, universidades, colegios mayores, etc.?

-Pues tampoco,  y precisamente porque en esos momentos se estaba concluyendo la reconquista de España, con la toma del Reino de  Granada a los musulmanes y, por supuesto, aún no llegaban de las ”Indias” los caudales que más tarde llegaron, o sea, que las circunstancias no estaban para grandes dispendios.11

El hecho concreto es, que este buen hombre alcanzó lo que no había conseguido  nadie a lo largo de los tiempos.

Es por ello, que podamos considerarlo, – el hombre “fuerte”- de aquellos difíciles momentos.

Y eso, seamos justos, merece nuestra admiración y nuestro máximo respeto.

Naturalmente, no hace falta deciros que con este, como con todos los personajes a los que pretendo acercaros en estos pequeños “divertimentos” o pespuntes míos, que forman lo que podríamos llamar “semblanzas históricas” para mis nietos, lo que suelo hacer es, lo primero, repasar libros sobre el personaje, naturalmente si los tengo, claro;  después, busco en Internet, pero ¡ojo!  que ahí, encuentras cada bodrio impresentable… por lo que tienes que tener mucho cuidado, ya que escriben, junto a verdaderos sabios, auténticos indocumentados.

De la figura de hoy, tengo un libro interesante, de un tal  García Mercadal,  pero me da la sensación de  que es muy novelado;  cuenta sobre él cosas curiosas, incluso hasta cuando en el viaje a Roma le roban los pocos dineros que portaba incluso la mula que montaba y en la que viajaba. ¿Por qué no?,  será verdad, pero tengo la impresión de que es demasiado escrupuloso y detallista en sus descripciones, y poco preciso en lo que a la auténtica imagen de la persona se refiere.

Por ello, y repasando muchas biografías, voy a tratar de resumiros y aproximaros a una de las más serias que he encontrado, que es la de la propia  Universidad de Alcalá de Henares; primero, por su auténtica seriedad científica,  y también, porque no es una simple lista de acontecimientos que le ocurrieron al Cardenal durante su vida, sino  un verdadero retrato personal;  eso sí, visto con ojos críticos, pero tratando de comprender sus estados anímicos, las circunstancias que concurren en su entorno y hasta los rasgos de su carácter que le hicieron, en cada momento, enfrentarse con las auténticas realidades que le tocaron vivir.

Igualmente, también me ha ayudado bastante el libro que ha escrito el hispanista francés Josef Pérez, al que por cierto, le acaban de conceder el Premio Príncipe de Asturias

Nace, el que será siempre conocido, como el Cardenal Cisneros, en la localidad madrileña de Torrelaguna, en el año 1436

Su nombre, Gonzalo Jiménez de Cisneros, que luego él mismo cambiará por el de Francisco, al entrar en religión en  la Orden Franciscana, y en honor al Santo de Asís.

Sus padres, hidalgos que procedían de la villa de Cisneros en Palencia y, por tanto, con escasísimas posibilidades económicas, ya que en la sociedad de entonces, y hasta muchos siglos después, se mantenía con auténtica  rigidez una norma que excluía a los caballeros de cualquier trabajo:

“El trabajo no es trato de hidalgos”.  Y naturalmente, así les lucía el pelo.

Sus primeros estudios los realiza en Roa, (curiosamente, el sitio donde le tenía marcado el destino terminar sus días en este mundo a los 81 años,) junto a su tío, clérigo en esa ciudad y, con él, estudia lo que se conocía entonces como los primeros latines.

Pasa luego por Alcalá de Henares y Salamanca, estudiando Teología y Derecho, finalizando su formación en Roma, donde se perfeccionó en administración eclesiástica.

La verdad es que ahora, al pormenorizar sus estudios, no estoy seguro de que sea justa la apreciación que hice anteriormente de: ”docto en nada”  y, solamente fraile franciscano; pero en fin, puede ser que esta sea una de las múltiples respuestas a esas preguntas que antes exponía.

Se le concede, por el Papa Pablo II, el nombramiento de Arcipreste de Uceda, villa de la Provincia de Guadalajara, cercana a su Torrelaguna natal.

Y, aquí comienza uno de los episodios, posiblemente el más importante, o al menos, así lo creo yo, en la vida del que llegaría a ser cardenal.

Veamos los hechos: primero, nos demuestra que en todos los tiempos ha existido corrupción política; segundo, nos aclara el poder mediático que tenían entonces las autoridades eclesiásticas y, tercero, que como siempre suele ocurrir, cuando tienes la mala suerte de encontrarte en tu vida con un canalla, este puede hacerte la vida imposible.

Y así fue, cuando nuestro hombre reivindicó lo que en justicia se le había concedido, ante la autoridad correspondiente, resultó que esta autoridad eclesiástica era nada menos que el Arzobispo Carrillo, y que, como  ya tenía destinado el cargo para un familiar suyo, a este sinvergüenza, no se le ocurrió mejor solución que encarcelar al demandante. ¡Toma ya!

Y cuando yo llamo desvergonzado  a este tipejo, no penséis que lo hago sin motivo.

Este Carrillo, (¿comenzaría con él la maldición del apellidito?) era el que había ayudado a Isabel de Castilla, antes de su matrimonio con Fernando de Aragón; que luego, ya reina, casada, y gobernando con su marido, como los  Reyes Católicos de España, nombraron al Cardenal Mendoza Canciller Mayor de Castilla y, naturalmente, el Carrillo, muy español él, y por tanto envidioso hasta la médula, pasó a ser uno de sus más alevosos enemigos.

Es posible que podáis pensar que sea una visión subjetiva por mi parte, pero para demostraros que no es así, consultad en Internet  – Arzobispo Carrillo – y veréis que dice, textualmente: “que fue un personaje muy relevante en la Corte de Castilla durante los reinados de Juan I y Enrique IV (hermano de Isabel) y que su opinión fue siempre muy variable, acomodándose siempre a las circunstancias…”. – mal asunto -.

Resultó por ello, que nuestro futuro cardenal se pasó, gracias a este indigno sujeto,  nada menos que seis años en la cárcel, primero en Uceda y luego, en la fortaleza de San Torcaz.7

Libre ya de su cautiverio, en 1475, toma posesión del beneficio que por Ley le correspondía seis años antes, pasando muy poco después, a tomar posesión de la Capellanía del Cabildo de Sigüenza, de la que pasa, posteriormente, a ser nombrado Vicario General de la diócesis, esto ya en 1477, y, ¿Por quién? Pues naturalmente por la máxima autoridad eclesiástica en ese momento: el Arzobispo González de Mendoza.

Con lo que se demuestra que en todos los tiempos han sido conocidas las injusticias, y que cuando una persona sobresale de los demás, por su inteligencia, o por sus virtudes personales, siempre alguien, termina conociéndolo y valorándolo.

Comienza así su carrera eclesiástica, no sin antes ocurrir un acontecimiento que marca, en gran parte su vida, a la que da un giro radical, ya que descubre su vocación al retiro y la oración, y decide ingresar en la Orden franciscana, donde, como hemos dicho, cambia su nombre de Gonzalo a Francisco y pasa a retirarse a la vida monástica en el convento del Castañar.

Era por aquellos años, sobre 1492, confesor de la Reina Isabel Fray Hernando de Talavera, que al ser nombrado Obispo de Granada, deja así  vacante el puesto de confesor real.

Y es nuevamente el Cardenal Mendoza quien recurre a Cisneros, ofreciéndole el cargo en la corte, y alegando para ello aquella frase que quedó para la posteridad:  – No crió Dios a Cisneros para dejarle oculto en el desierto de los claustros –  y sin duda este fue, considero yo, el momento en el que, definitivamente, ahora sí, cambió su vida.

Resulta curioso considerar cómo han evolucionado los tiempos y la sociedad en general y, sobre todo, los valores que primaban entonces  y  los que lo hacen ahora.

Pensad por un momento que, actualmente, estoy seguro de que a un jefe de recursos humanos de cualquier empresa, – y ya no digo nada si es una multinacional,- si le pides que haga un informe sobre un candidato con las características de este, para realizar una misión relevante, como la de confesor real,  en el informe dictaminaría simplemente:

 – No encontramos apto al candidato, por carecer de la versatilidad y competitividad suficiente para lograr los objetivos proyectados -, y se quedaría tan a gusto, posiblemente por ser verdad.

Pues, por entonces, no; efectivamente, dice la historia que, después de muchas vacilaciones y reservas aceptó el cargo, trasladándose a la corte, donde comienza a tener contacto directo con la Reina y que, dadas las características que concurrían en su persona, muy pronto se va a convertir en su fiel consejero.6

En 1494, con 58 años, es nombrado Provincial de la Orden Franciscana en Castilla; el fallecimiento del Cardenal Mendoza le permitirá acceder a la posibilidad de ser nombrado Arzobispo de Toledo, máxima dignidad eclesiástica y uno de los puestos políticos más importantes en los reinos hispánicos.

Llevó a cabo, desde esta autoridad, la reforma de su propia Orden, donde consiguió restablecer la observancia estricta de la regla franciscana que, entre otras muchas cosas, prohibía la posesión de propiedades y, posteriormente, por designación papal, la de todas las órdenes mendicantes; tarea que no fue sencilla, pues encontró dura resistencia por cuanto que  había de poner coto a innumerables inmunidades y privilegios, aunque con tenacidad y firme decisión,  llevó a cabo su misión.

12En 1499, funda la Universidad Complutense, posiblemente la más grandiosa obra de su vida, ya que su orientación pedagógica era absolutamente renovadora; se puede decir que es la obra de un auténtico reformador de la cultura, de un hombre del renacimiento, contando para ello con la inestimable colaboración de otro genio de aquel tiempo, Antonio de Nebrija.

Las obras de edificación de la Universidad se realizaron en varias etapas, ya que era un complejo de colegios mayores, pupilajes, biblioteca, fincas de recreo, – entonces no estaban de moda los campos de deportes – y hasta un hospital para estudiantes.

Todo ello en ladrillo y con auténtica austeridad franciscana.

Decía él: – Yo hago de barro lo que otros terminarán en piedra -.

Pudo ver finalizada su obra, y de él son las palabras que expresó a su conclusión.

 – Entre todo lo que el hombre mortal puede obtener en esta efímera vida, lo más importante es que logre alcanzar el tesoro de la ciencia. –

Parece que no es necesario, por evidente, resaltar la trascendencia que ha tenido esta institución académica a lo largo de la historia de España; simplemente, y a modo de recordatorio, pensemos en los miles y miles de personas que han recibido sus formaciones y estudios en ella, y las egregias figuras que por sus aulas han pasado; personajes tan dispares y geniales como Lope de Vega, Jovellanos, Quevedo, Tirso de Molina y muchos otros.

Uno de los mejores elogios que se han podido hacer a esta obra, lo hizo concisamente un Rey francés;  fue precisamente una frase de Francisco I, que dijo de ella:

 – Un fraile ha realizado en España una obra que en Francia no la hubieran terminado varios reyes -.

También es, más o menos, de aquella época, otra de las grandes realizaciones arquitectónicas con que quiso dotar el Cardenal a Alcalá de Henares: se trata de la Iglesia Magistral; para ello, decide demoler la vieja colegiata, casi ruinosa – de la que el Arzobispo Carrillo no se ocupó nunca –  y  realizar un nuevo proyecto inspirado en la Catedral primada de Toledo, que llevó a cabo, Pedro Gumiel.

Se trata de lo que conocemos actualmente como la Santa e Insigne Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor.iglesia-magistral

Y me preguntaréis, ¿a qué viene eso de Magistral? ¿Qué significa?

Hoy en día, prácticamente nada, es un simple título honorífico, pero entonces era muy importante, ya que significaba que todos los canónigos que pertenecían a ella,  habían de tener el título de “magister” lo que hoy llamaríamos doctores en Teología.

Solamente existe otra Iglesia Magistral en el mundo, y está  en Lovaina. ¿Qué, por qué?, Pues veréis: hemos de hacer antes, para entenderlo, una pequeña reflexión.

 En este momento es bastante normal que todo el mundo hable de las pensiones, suben, bajan, pierden poder adquisitivo, hay que reformarlas, etc. etc.

En aquellos tiempos no.  Cuando por imperativos de edad te retirabas, o te retiraban de tu actividad, te quedaba para terminar tus días solamente lo que tuvieras ahorrado

Entonces, ¿Quién fue el que inventó el concepto de jubilación?  Es decir, el hecho de que cualquier persona que ha dedicado toda su vida a una actividad, y cuando la edad no le permite seguir en ella, pueda cobrar una cantidad suficiente para su mínimo desenvolvimiento, hasta el fin de sus días.

Estoy seguro (es broma) que alguno contestará: los auténticos progresistas, Tojo y Méndez, que a fuerza de pasearse de Cibeles a Sol, con el mandil masónico por delante, han conseguido, lo de las jubilaciones.

Pues no, de verdad que no,  la realidad es otra, y consistía en que,  pidiendo una dispensa que daba el mismísimo Papa, las personas que habían ejercido de canónigos en la Magistral, tenían derecho a percibir una renta vitalicia que les  permitía subsistir holgadamente, con cargo a las rentas eclesiásticas.

El cardenal, consiguió esa dispensa y, con ello, poner en marcha algo que le preocupaba de manera importante, lograr para sus “magister” ese beneficio, que por entonces no se conocía, incluso, ni con el nombre de jubilación.

Eso, posiblemente, no será poder ser llamado progresista, desde luego, pero en mi opinión, lo que sí significa, es ser un verdadero genio de buena voluntad.

Veamos ahora otra de sus realizaciones.

La introducción de la imprenta, que si bien, con ella se realizaron algunos libros como el – Vita Christi –  traducido del latín, lo verdaderamente destacable será la impresión de la Biblia Políglota Complutense, que llevó diez años de preparación y cinco de impresión, en seis tomos, tamaño folio y compuesta, simultáneamente, en cuatro idiomas latín, griego, hebreo y caldeo.10

Sus redactores fueron Pablo Coronel, Alonso de Zamora, Alonso de Alcalá, Diego López de Zúñiga, Hernán Núñez de Guzmán, Demetrio Lucas, y Elio Antonio de Nebrija

De los seis tomos, cuatro corresponden al Antiguo Testamento, el quinto al Nuevo Testamento y, el sexto es un apéndice, algo así como un diccionario.

Naturalmente, fueron incontables las dificultades para su ejecución, ya que no existían tipos de imprenta en esos idiomas y hubieron de fundirse,  “ex profeso”.

Se realizaron mil doscientos ejemplares, que se vendían entonces a seis ducados y medio.

Pero él no llegó a ver su obra a la venta, aunque sí alcanzó a examinar la finalización del último volumen y se expresó con este comentario:

– Aunque hasta el presente he llevado a cabo muchas empresas duras y difíciles para la nación, nada es más de mi agrado, y por lo que debáis felicitarme con más efusión, que por esta edición de la Biblia -.

Después de su muerte, la autoridad de la Inquisición, pasa a los dominicos, con lo que la Biblia Políglota, por haber intervenido en ella hebreos y moriscos, se convierte en una obra prácticamente prohibida, y ello obliga a que Guillén de Brocar, uno de los mentores más importantes en su edición, busque en Roma, ante el Papa, su autorización, y lo consigue, pero como el Pontífice para legalizar, ha de visar todos los ejemplares, vuelve a España y desde Alcalá son llevados casi todos los volúmenes a Valencia, y embarcados para trasladarlos a Roma.

El barco naufraga, y se pierde una  gran cantidad pero  indefinida de ejemplares.  ! Lástima ¡

Vamos a conocer, ahora, algunas facetas importantes de su vida política.

En 1492, y con ocasión de acompañar a los Reyes en un viaje a Granada, considera que la obra de conversión de los musulmanes granadinos, realizada por Fray Hernando de Talavera, va muy despacio, y resuelve quedarse en la ciudad, poniéndose personalmente al frente de ello.

Cierto que los primeros tiempos obtuvo grandes éxitos, pero que luego, y posiblemente por exceso de celo evangelizador, al aplicar métodos más intransigentes, despertó el  descontento general, llegándose a complicar tanto la situación, que llevó a lo que se conoce como la guerra de las Alpujarras.

De ello que, al quedar resuelta la situación militarmente, aconsejará a los reyes, tomar la decisión drástica de expulsar a los moriscos.

O, se convertían o se marchaban.

Y se marcharon.

En estas condiciones, efectivamente, la labor pastoral había pasado a segundo término, y el fallecimiento de la Reina Isabel, todavía marcó más su labor, puesto que la complicada situación que se presentaba en Castilla había de ser solucionada por alguien, y Cisneros lo entendió así.

Había fallecido ya, en 1497, a los 19 años, el heredero varón, de los “católicos”.

El Príncipe Juan.

Aquel, que dicen, que murió “de amores”, y Juana, heredaba la corona castellana por mandato del testamento real de su madre, pero también por una cláusula, debía ceder esos derechos a su padre, en caso de enajenación mental.

Esto creaba dos bandos, los partidarios de que reinara Juana que, en definitiva, era poner en el trono a su marido Felipe, conocido como el hermoso, Felipe I;  o los que preferían que siguiera reinando el marido de la Reina Católica fallecida, Fernando.

La situación era complicada, por un lado, Felipe no era ni castellano, ni siquiera español y, sin embargo, se cumplió el testamento literalmente, y el matrimonio Juana y Felipe subieron al trono.

Bien es cierto, que por poco tiempo, pues a los pocos meses Felipe fallecía, dejando a la pobre enajenada Juana, sola, y si no fuera porque parece una falta de respeto, diríamos que, fané y descangallada, como en el tango.

Y tanto, ya que se  pasó la pobre, cuarenta años encerrada en un castillo en  Tordesillas.

Bueno, pues el asunto se complica, puesto que Fernando el Católico, su padre, ya no estaba en Castilla, naturalmente, se encontraba en sus estados de Aragón  y:

 ¿Quién tenía suficiente prestigio como para ejercer la regencia?

¡Pues claro!.  Cisneros.

Y la ejerció, ya lo creo que la ejerció, y con autoridad, fuerza, discreción y prudencia. Pero veamos, ¿cuáles eran sus objetivos prioritarios?, pues, por un lado, el inmediato regreso de Fernando a Castilla y, por otro, el mantenimiento del orden social ante una nobleza insurrecta y levantisca.

Siempre ha sido verdad eso de:    “A río revuelto….”

Al regreso de Fernando el Católico, éste agradece los servicios prestados por Cisneros, y le ayuda a conseguir el cardenalato.

Ahora sí, ya es Cardenal.

Y es, en esta etapa cuando se pone a disposición del Rey, que le encarga acciones militares, que ahora, en estos momentos entendemos mal, pero que eran perfectamente naturales en aquellos tiempos. Y lo vemos intervenir en la toma de Orán, plaza que pasó a depender del Arzobispado de Toledo.

Y  aumenta, todavía más su prestigio, y es nombrado Inquisidor General.

En 1516, muere Fernando el Católico, y nuevamente tenemos montado el “lio”.

Y vuelve Cisneros a ser nombrado regente, y con  ésta van dos.

Pero, con la diferencia de que, en este momento político, es más complicada la situación, y requiere más habilidad, puesto que ahora tiene que enfrentarse a distintas sublevaciones de nobles que, aprovechando el “vacío de poder”, pretenden recuperar los privilegios perdidos durante el gobierno de los “católicos”.

Parece que no le faltaron “agallas”, vamos a llamarlo así por ser eclesiástico, ya que el Cardenal organizó, en muy poco tiempo una milicia urbana, que recibió el nombre de “Gente de la Ordenanza”. Y parece que debidamente formadas, y equipadas con un considerable armamento, en el patio del palacio arzobispal, hizo salir a un balcón,  a varios nobles y contestarles, a sus preguntas, sobre que – en qué basaba su legitimidad -, respondiéndoles:

 – Esto son mis poderes -.

5Y esto ya, cercano a los ochenta años de edad.

Aquellos eran hombres, y no los de ahora. ¡Hasta los  “curas”!

– Que diría mi abuela.

Y concluyó su “obra” de la mejor manera posible, tratando de entregar, con los máximos honores, y digo tratando, puesto que no llegó a ver con vida a Carlos, el que llegaba para hacerse cargo de la Corona, y  ser luego el emperador Carlos I de España y quinto del Sacro Imperio.

Antes de llegar a ello, en el viaje que le llevaba a recibirlo, y  habiendo ya  renunciado a todos sus empleos, encontró la muerte en Roa, y casi podríamos decir, también, Gracias a Dios, puesto que de esa manera se ahorró la humillación que le tenían preparada los colaboradores borgoñones del nuevo Rey que naturalmente, consistía en desposeerlo de todos sus cargos.

¿Qué, que más, hizo este hombre? Pues de todo.

La verdad, es que había conseguido tal autoridad, dados sus innumerables cargos, que se podía permitir mandar en cualquier cosa.

Fue suya la disposición por la cual se instituía la obligatoriedad de la identificación de las personas con un apellido fijo, que hasta ahora no había sido así, y los miembros de una familia, incluso hermanos, podían tener distintos apellidos.

Con la entrada en vigor de la ordenanza de Cisneros, los apellidos del padre y la madre quedaban fijados y pasaban a ser los de todos los descendientes.

Durante su segunda regencia, planificó la llamada – Reforma Indiana -, que habría de ser llevada a cabo por unos religiosos denominados Comisarios Regios: fueron nombrados tres priores entre los Padres Jerónimos, recibiendo las “Instrucciones para el buen gobierno y reforma de las Indias”.

Habría otras muchas realizaciones suyas, incontables, pero sintetizando, hemos de entender que en primer lugar, fue un hombre del renacimiento, un auténtico reformista, y en segundo una persona que acumuló por diversas circunstancias, un poder político inmenso, pero que afortunadamente, lo desempeñaba con una integridad absoluta, dedicación inagotable, y una formidable buena voluntad para con sus semejantes.

Tal vez, su celo evangelizador desmedido, pueda ser lo que enturbie su figura, que tiene, ¡cómo no! leyenda negra, como la tienen todas las personas que han hecho algo importante en este país.

Se le achaca, por ejemplo, mandar quemar multitud de libros de una biblioteca en Granada  – La Madraza -. Existe una crónica de un tal Vallejo, que copio literalmente:

 – Y para desarraigarles del todo de la sobredicha su perversa  mala secta, les mandó a todos los dichos alfaquís, tomar todos sus alchoranes y todos los otros libros particulares, quantos se pudieron aver, los cuales fueron más de III o V mil volúmenes entre grandes y pequeños, é hazer muy grandes fuegos é quemarlos todos -.

En su pensamiento, concibe que la invasión de los musulmanes, en el año 711, ha sido una temible quiebra en la línea histórica natural de España, que debería haber sido solamente  romana, gótica y cristiana.

Efectivamente, se conoce que Cisneros nunca fue antisemita, sin embargo, reprobaba y denostaba, como dice Josef Pérez la religión de Mahoma, respetando exclusivamente, la medicina árabe.

Y es, precisamente este autor, al que debemos un maravilloso estudio de este nuestro personaje de hoy, el que en uno de sus libros recientemente publicado, nos aproxima de manera genial a una de sus más características determinaciones:

Es el hecho, de que sus lealtades fueron siempre dirigidas más que propiamente al Rey, ni incluso al Estado, lo fueron a los súbditos.

Dice en su libro: La política del Cardenal estaba destinada principalmente a la defensa del bien común, de la justicia y del orden público, situándose siempre por encima de las facciones y de los partidos.

Y añade algo muy curioso y, de cierta actualidad:

Los políticos debían huir, ante todo, del monstruo de la corrupción, pues como decía el Cardenal:

 “el  sabía que muchos habían venido a la casa Real con muy poca hacienda y que, puestos en oficios, a los cuatro o cinco años labraban grandes haciendas, compraban casas y, hacían mayorazgos, es decir que robaban al Rey, o al Reino y, que era gran cargo de conciencia del príncipe el consentirlo”.

¡Qué barbaridad!

Como es posible, que esto se dijera hace cinco siglos…

Sí parece que se pueda leer, de otra manera, pero, en el periódico de ayer…

Además de asceta, reformador y político, Cisneros fue un generoso mecenas de instituciones culturales y científicas, cumpliendo el ideal del hombre renacentista.

Hasta, en el epitafio de su sepulcro puede leerse lo siguiente:

            Yo, Francisco levanté a las musas un grandioso Liceo

              Ahora encerrado en un pequeño sarcófago me veo.

                Uní la púrpura con el saco, el yelmo con el capelo,

                        Fui fraile, caudillo, obispo y cardenal.

             Incluso por mi valor, se unió a la cogulla una diadema,

              Cuando, al gobernar yo, me obedecía España entera.

8

No me gustaría terminar este “divertimento” que hago ahora para vosotros, sin ofreceros algo, como más propiamente “personal” de nuestro protagonista, es un detalle que posiblemente tiene poca relevancia, pero pienso que algunas veces son esos pequeños detalles,  se recuerdan más, que una larga serie de conceptos, fechas y acontecimientos;

Precisamente por eso, por ser una auténtica curiosidad:

Si observáis, en todas las imágenes que tenemos del Cardenal, – entonces naturalmente, no existía la fotografía – aparece de perfil; es curioso, pero en todas es así, y resulta que era simplemente, porque a un lado de la cara, en el labio tenía de nacimiento, una pequeña deformidad.

Y por lógica, o bien a petición suya, – algo de coquetería,- o por propia decisión de los que realizaban los grabados, siempre aparecía el perfil. “bueno”, pero claro, el escultor que llevó a cabo la talla que reproduce su figura para su panteón, ese no, y precisamente es ahí y solo ahí, donde se reproduce el defecto.

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