Miguel

EL ABUELO   – Homo antecesor –

Parece imposible, que llevemos tanto tiempo aquí.

Pues, aunque no lo creáis, es verdaderamente así, os lo aseguro.

Yo he venido a verlo, y puedo confirmarlo con absoluta rotundidad.

Posiblemente, dentro de las cosas que hemos conocido a lo largo de nuestra vida, sea una de las más atrayentes; y lo es,  porque tiene ese extraño y exquisito encanto que posee todo lo natural; lo que nos es propio;  lo humano, en definitiva, y  al estar tan inmensamente lejos en el tiempo, y ser tantas las dudas que plantea, al menos a mí,  sin querer, me despiertan un interés y una curiosidad que sin reflexionar,  convierto en  auténtica fascinación, pero no sé si seré capaz de transmitiros en estas páginas.

Lo descubrieron aquí, en Atapuerca, lo cual significa que murió en este lugar y por tanto sus descendientes, hubieron de quedar bastante cercanos y ¿Por qué, no? pues, efectivamente, podemos ser nosotros.

Lo del nombre ya es otra cosa, había que ponerle uno, cuando lo encontraron y lo desenterraron,  más que nada por identificarlo, y lo llamaron, por sus características, Homo Antecesor, para la comunidad científica,  y no estaba mal, pero su verdadero nombre era TD6-5; cosa que, como comprenderéis, tampoco servía de nada, ya que no eran más que unas siglas, después veremos la razón de ellas; pero tampoco expresaba nada de él en cristiano, así que, con buen criterio y para que sonara más humano y popular, es decir, para los amigos, lo llamaron Miguel, bueno, Miguelón, en homenaje a Miguel Induráin, el ciclista, que estaba de moda en ese momento, por haber ganado el Tour.

Y no hay duda de que la idea fue estupenda.

Pero claro, lo importante, se  me olvidaba contarlo, es que este Miguel resulta que vivió hace unos 800.000 años, ¡nada menos!  ¿Imagináis lo que significan ochocientos mil años? Pues sí, efectivamente, es una auténtica barbaridad.

Pensándolo bien, es algo más, es una cantidad de tiempo que abruma; consideremos que desde tiempos de Cristo, hasta ahora, han transcurrido dos mil y muy pocos años, y esto es algo así como cuatrocientas veces ese tiempo.

¡Asombroso.!

Y esto, que parece casi rebasar nuestra imaginación, ¿Quién lo dice?,

Pues lo dicen gentes verdaderamente serias, auténticos científicos; no, desde luego que no, ni son políticos ni periodistas, es decir, que se les puede creer, sin temor a engaños; se pueden equivocar, claro está, como cualquier humano, pero eso es otra cosa;  hasta cuando no están del todo seguros de algo, lo dicen, y le ponen interrogantes a sus descubrimientos;

y como los conceptos son tan confusos e inciertos, establecen hipótesis o presunciones que, poco tiempo después, ante alguna otra aseveración bien documentada científicamente, desmontan enseguida.

Vamos, quiero decir con esto, que de verdad, son gente formal, responsable, y que por ello, no hemos de dudar de sus aseveraciones.

Está todo aquí, en Burgos, en el que llaman Museo de la Evolución Humana. museo_evolucion_humana

Muy cerca de donde estaba cuando lo descubrieron, en la llamada Sima de los Huesos perteneciente a unas cuevas cercanas, entre los pueblos de Ibeas de Juarros y Atapuerca, cerca de Burgos.

Eran conocidas de siempre estas cuevas, y hasta célebres; parece que ya hace tantos años, reinando el Emperador Carlos, en uno de sus viajes le hablaron de ellas y quiso visitarlas, y lo hizo, está documentado, y hasta parece que en buena compañía, la de  la Abadesa de las Huelgas, que como se sabe, ha sido siempre en la Historia de España una de las autoridades, en femenino, más importantes, ya que dependía del mismo Papa, y estaba, en categoría, por encima de la Curia Episcopal.

Posiblemente, fuera en alguno de sus múltiples viajes hacia el Norte, ¡era tan viajero nuestro Emperador!  en los cuales siempre hacía un descanso en Burgos, y aprovechaba para deleitarse con un plato que le preparaban allí, la célebre – Olla poderida – que significa de los poderosos, no podrida como la llaman ahora, que ha sido siempre una especialidad de aquellos parajes castellanos,  y que, en realidad, es un cocido de alubias, con carnes, aves, embutidos, etc. etc.  Dice Calderón de la Barca, de ella, que es la “Princesa de los cocidos”, y la cita Cervantes en el Quijote; efectivamente, es un delicioso manjar, pero en fin, una auténtica barbaridad culinaria.

Desde luego, lo más propio para un enfermo de podagra, que la llamaban entonces, como era el Emperador, y que ahora lo llaman gota.

Pero vamos a lo nuestro, que luego mis lectores dicen siempre que me voy por los cerros de Úbeda.

Por cierto, eso de los Cerros de Úbeda, es lo que contestó un lugarteniente de Fernando III, llamado Alvar Fañez, que se presentó una vez finalizada la batalla por la conquista de la ciudad,  ante el Rey,  y este le preguntó,  que donde se había metido,  y como contestación, dijo que se había perdido por los cerros de esa ciudad.

Y debió hacerle al Rey, y a toda su corte, mucha gracia, quedando la explicación como frase popular.

Desde entonces, cuando alguien se aparta… ¡bueno eso!

Resultaba que sí, que las cuevas estaban ahí desde tiempo inmemorial y salvo algunos, llamémosles chiflados, nadie les hacía caso; pero resultó que, para intentar transportar al País Vasco, carbón y mineral de hierro, se adjudicó a una compañía inglesa la construcción de un ferrocarril de vía estrecha.

Comenzaron las obras, que atravesaban unos altos y, para salvarlos, la compañía realizó una zanja con objeto de dar paso al ferrocarril; obra que dejó al descubierto,  oquedades, cuevas y  zanjas, donde se comenzaron a encontrar fósiles y huesos.

Fue en 1976, cuando un ingeniero que realizaba su tesis doctoral sobre fósiles de osos, encontró restos que parecían humanos, y se los presentó a Don Emiliano Aguirre, verdadero promotor de las excavaciones científicas.

Ahora son Patrimonio de la Humanidad y uno de los yacimientos más importantes en paleontología del mundo que, con el descubrimiento en el año 1992 del cráneo de Miguelón, tienen renombre universal.

Ahora incluso, han sido declaradas por la Unesco como Lugar Universal Excepcional.

Y es, ese mismo, el que he querido que sea nuestro personaje de hoy; un antecesor, muy antiguo, sí, pero no por ello menos propio, menos allegado, es posiblemente, no nuestro abuelo, puede que sea más, bis o tatarabisabuelo, ni se sabe, pero, desde luego, uno de los nuestros, sin duda.

Naturalmente, ahora no, pero en su momento  vital era, poco más o menos, así:

No me resisto a presentároslo.4

Bien es verdad, que sí, tenéis razón, no es demasiado guapo;  pero, mucho cuidado con los comentarios, ya que, como hemos dicho, puede ser abuelo de cualquiera de nosotros.

A este, lo encontraron junto con muchos más, después de innumerables trabajos en la llamada – sima de los huesos -, donde también se han ido encontrando otros restos humanos.

Una pelvis, muy robusta, de hombre posiblemente, a la que se puso de nombre “Elvis”, en recuerdo del rey del rock; un húmero y una tibia.  A estos dos últimos, no les han puesto nombre o, al menos, yo no los conozco.

Y están allí, y son los originales, podéis ir a verlos.

Puedo aseguraros, que es interesantísimo.

Se trata de que, además, hoy en día, son muchas las informaciones que se extraen de un cráneo humano con las sofisticadas técnicas de que se dispone.

La edad es casi lo de menos, aplicando Pletismografía, Tomografía Axial, el célebre TAC, y otras muchas, conocen los técnicos multitud de detalles.

Por ejemplo, de Miguelón, se sabe que es posible que muriera de una simple infección dentaria que, naturalmente, se complicó de manera importante, dejando huellas perceptibles en los huesos, y que fuera luego una sépsis  generalizada lo que causara su fallecimiento.

Eran ya personas que vivían en sociedad, en realidad, grupos de unos treinta, cuarenta individuos, cazadores y recolectores; con unas características físicas que se aproximan a las nuestras: eso sí, con capacidad craneal menor,  unos 1.000 c.c.

Aproximadamente, como uno cualquiera de los dirigentes del PP.

La nuestra ahora, la normal, andará por los 1400-1450, de media, pudiendo llegar algunos, los más listos, hasta 1500.

Más fuertes y robustos que nosotros, eso sí; de entre 1,65 a 1,70 de altura y con rasgos físicos similares al hombre actual, tal vez, con unas caras de más brutos que los de ahora, como este que vemos, pero, eso en algunos casos, según se mire.

Una característica importante, sí los distinguía del hombre actual:

Eran caníbales.

Comprobado. Bien, pero que nadie se asuste, pues posiblemente fue eso, lo que de verdad nos hizo humanos.

Veréis la razón.

En unas excavaciones llevadas a cabo en Olduvai, en Tanzania, por científicos españoles, han encontrado el esqueleto de un bebé, de unos dos años de edad, y como consecuencia de los estudios realizados en él se sabe que murió de anemia.

Pues bien, asegura uno de estos investigadores lo siguiente:

Puede esto horrorizar a los vegetarianos, pero, sin carne no habría posibilidad de tener un desarrollo cerebral tan grande como el que tenemos. Y esto lo afirma Manuel Domínguez Rodrigo, arqueólogo de la Universidad Complutense de Madrid, y aunque puede ser cierto, creo yo, que es mucho asegurar, puesto que pensemos que eran, también cazadores.

Pero cuando, aunque solo muy superficialmente entras en este mundo fascinante de la paleontología, sin querer, comienzas, como siempre, a tener dudas y casi sin darte cuenta, por esa bendita propensión que se llama curiosidad, no tienes más remedio que hacerte preguntas, muchas preguntas, se agolpan en la mente.

En realidad, ¿Cuándo? ¿Cómo? y ¿Dónde? empezamos a ser lo que actualmente somos los seres humanos.

Dudas, teorías, conjeturas, suposiciones, en fin, hasta hace poco,  eso era todo.

Pero, efectivamente, nosotros, los humanos hemos de tener, como todo, un comienzo.

Y parece que, afortunadamente, gracias a los descubrimientos de los antropólogos, y a las técnicas modernas que ayudan a interpretarlos, estamos un poco más cerca de saberlo.

Sí, este mundo se mueve, como otros muchos,  gracias a grupos  de personas, que no se si decir  que afortunada o desgraciadamente,  vivimos haciéndonos durante la mayor parte de nuestra vida, preguntas y preguntas.

Existe también otro grupo extenso, de personas a las que no les es necesario hacerse preguntas, sin duda, más sensato que el nuestro, puesto que no tienen dudas.

Es el mundo de las creencias, frente al de las ideas.

Lo plasmó maravillosamente bien,  a mi modo de ver, uno de los más importantes pensadores, de todos los tiempos.

Tal vez, lo mejor que podamos decir de él, pueda ser, que con enunciar su nombre, sea suficiente: Don José.

Efectivamente, si en algún momento de vuestra vida podéis leer un libro suyo, titulado “Ideas y Creencias” de Ortega y Gasset, entenderéis clarísimamente las diferencias entre esos dos mundos.

Lo que de verdad ocurre en este campo, como en algunos otros, en general de la ciencia, es que dada su complejidad y dificultades,  avanza muy despacio, y  por ello, los progresos se realizan  en escalones, más o menos importantes, y a grandes intervalos.

No hay ninguna duda de que uno de esos escalones para el aumento de estos conocimientos, en lo referente a la evolución humana, lo realizó Darwin, con su teoría de la evolución.

Eran ideas que parecían absolutamente descabelladas, y a las que se oponían con vehemencia “todos”; pero constituían el resultado de algo anterior, que venía fraguándose desde Galileo, que ese sí, ese fue el auténtico y verdadero padre de algo, que se llamó desde entonces, Método Científico, y a él, a su persona,  autentico padre de la Ciencia.

Y nada menos que a principios del siglo XIX, a este Darwin, un inglés, que comenzó la carrera de medicina, pero que en realidad fue luego, de todo menos médico: botánico, geólogo y, sobre todo un gran observador de los fenómenos naturales, se le ocurrió exponer, en una obra titulada –El origen de las especies – la aseveración, de que el hombre, por evolución natural, procedía del mono.

Y, ni os cuento la que se armó.

Bien es verdad que, lógicamente, y como en tantas ocasiones, ha prevalecido la razón y, para demostrarlo, valga solamente el hecho de que todos los años se celebra en el mundo científico el aniversario de su nacimiento, que se han puesto en circulación monedas con su efigie, y que está enterrado, no siendo miembro de la realeza, en la abadía de Westminster; y hasta que la propia Iglesia Anglicana, en 2008, publicó un artículo con ocasión de su 200 aniversario, en el que se disculpaba ante Darwin, por haber interpretado mal sus ideas y animaba a todos a entenderle.

Parecía natural, era un concepto que la soberbia humana admitía tremendamente mal;  había alcanzado el poder, la ciencia, el espacio, era dueño del mundo o, al menos, se lo creía, y era tal su endiosamiento que no quería de ningún modo sentir en su condición corporal, el sello indeleble de su origen animal, y nada menos que – el mono -.

Otro escalón, se produjo en 1962.  En aquel año, se celebró una reunión organizada por la Fundación Wenner, en un castillo de Austria, a la que acudieron los más importantes especialistas en evolución humana, pero, curiosamente, no había antropólogos, eran distintos expertos que estudiaban especies vivas, y dentro de ellas, cromosomas, hemoglobina, y proteínas.

Fue uno de los asistentes, Morris Goodman, un judío americano de la Universidad de Detroit,  el que presentó por primera vez la auténtica clave de la evolución humana, su filogenia, con el conocimiento de su genética; era lo que podíamos llamar el “carnet de identidad” de los seres vivos.

Se disiparon por completo las dudas, éramos, efectivamente, descendientes de los monos.

Años después, tras el descubrimiento del genoma humano, quedó corroborado al conocer que, efectivamente, nuestros genes son muy cercanos a los de grandes simios.

Ahora, ya podemos, con absoluta seguridad, sonreír al recordar aquella célebre expresión que pronunció la esposa de un obispo anglicano, cuando su marido le anunció que había escuchado, en una conferencia, que descendíamos del mono, y la buena mujer exclamó aquella frase que ha quedado para la posteridad:

– ¡Cielos! Esperemos que no sea cierto, pero de serlo, que nunca llegue a ser del dominio público.-

¡Extraordinario!

Parecía natural, desde el principio, que fuera África la cuna de todos nosotros, y no sé porque,  pues  parece que sí.  Veréis.

Ahora, voy a daros otra noticia, en este campo de la ciencia, las noticias, suelen levantar la boina.

Parece ahora, que nuestro amigo Miguelón  es casi “moderno”.

¡Agárrate!

Resulta que en el año 1974 un tal Donald Johansson, americano, descubrió cerca de Adís-Abeba, en Etiopia, un esqueleto casi completo de un homínido mucho más antiguo.

5Se trata de 52 huesos de un esqueleto de mujer, joven, de estatura pequeña, un metro aproximadamente, y unos 25/30 kilos de peso, en vida, con un cráneo similar al de un chimpancé, que andaba erguida sobre sus miembros inferiores.3

Es una auténtica monada, de verdad, y aunque lo parezca, no es chiste.

Si tenéis interés, hay una reproducción magnifica en el museo arqueológico nacional, en la calle Serrano, en Madrid.

Y claro, pasó como con Miguel.  Esta, se llamaba AL 288-1, y para la ciencia la llamaron – Australopitecos afarensis – pero, lo mismo que a Miguel, lógicamente, también la pusieron un nombre que sonara bien, y la llamaron – Lucy – era una canción de los Beatles que estaba de moda entonces.

También esta puedo presentárosla

Y aquí viene el lio, resulta que nuestra querida Lucy, vivió hace aproximadamente 3,2 millones de años, ¡ahí es nada!  Es, como para no creerlo; pero resulta que la datación está hecha con todas las garantías que resultan de técnicas muy sofisticadas, de bioestratigrafía, luminiscencia y paleomagnetismo.

Los huesos originales se encuentran en una caja fuerte en Adís-Abeba.

Bien, pues como parecía natural, que los huesos allí, no hacían nada, alguien con sentido común parece ser que los ha llevado a la Universidad de Texas, en Austin y en ella, un tal Kappelman los ha estudiado a fondo;  en realidad, es como una autopsia, pero de un cadáver de hace tres millones de años.

Podía tener como unos 15 años, aproximadamente; y con unos “escáner” de alta resolución ha conseguido averiguar que las fracturas que presentan los huesos son compatibles con un traumatismo por caída de unos 10 a 15 metros.

Pues sí, podría ser desde un árbol, al suelo, pero desde luego, lo que es seguro, es que era bípeda y andaba posiblemente algo más torpemente que nosotros, pero sin ninguna duda, por el suelo.

Es una noticia del periódico de hace muy pocos días.

Siguiendo ahora, como parece natural seguir, dando “marcha atrás”, en esta lista que ahora nos ocupa, ya, no la boina, se nos pueden levantar hasta los pelos.

En 2001, en la región de Menalla, en el Chad, antigua colonia francesa, y actualmente República del Chad se ha encontrado un cráneo humano, al que se le conoce como Toumai, que en lengua aborigen significa –nacido en la estación seca- que se ha datado como que vivió, hace unos siete millones de años.

Es el fósil humano más antiguo que se conoce.

Estaría, al decir de los paleontólogos, en la divisoria entre los verdaderos homínidos y los auténticos monos.

Sería esa transición en la que tanto pensamos y no sabemos definir, ese “salto” que intriga a tantos, y de tan diversos campos científicos.

No hace falta contaros, por sabido, la cantidad de docenas y hasta cientos de fósiles humanos que hay descritos entre estos que yo he nombrado  para vosotros, con unos nombres dificultosísimos, el homo ergaster, el habilis, el pitecántropo, etc… es maravilloso verlos, con sus especiales características, que efectivamente nos van dando una idea de la evolución, pero también, no lineal, no directa, no consecuente del anterior al siguiente en el tiempo.

Y sobre todo, que los nombrecitos dificultan una barbaridad.

De ahí, que os dijera yo al comienzo, la buena idea que supuso llamarle a Miguel así, y no por las siglas, que por otra parte, todos los fósiles que se han ido encontrando las tienen y se trata exclusivamente de la capa del terreno y su profundidad en el yacimiento donde ha sido encontrado.

Pura identificación, como la matrícula de los coches.

También, hasta esto, demuestra que la gente que se dedica a la especialidad es seria, ordenada y perfectamente responsable

Pero en realidad, la primera pregunta sería: ¿Pero qué tiene que ocurrir para que le podamos llamar hombre, y no mono?

¿Racionalidad?  ¿Y eso que es?

Podría ser, la bipedestación, o la  fabricación de herramientas, aunque esto no es del todo seguro, ya que ahora se ha demostrado que algunos primates las fabrican.

Hay otras muchas aseveraciones, pero las más admitidas son tres: Lenguaje, Consciencia y Mente simbólica.

Pero, realmente, nada está claro y menos cuando ahora, con los conocimientos actuales sobre genética, sabemos que la línea de evolución no es directa y simplemente evolutiva en el tiempo, como pensaba Darwin; sino que, unas especies han ido desapareciendo y dando paso a otras, y esto se sabe  gracias al estudio de los descubrimientos genéticos y al tratamiento técnico que posteriormente se hace de ellos.

Casi podríamos aseverar, sin temor a equivocarnos que la realidad del ser humano actual, es decir, del – homo sapiens – es una simple enumeración de  las distintas especies que han ido desapareciendo.

Una verdadera historia de extinciones.

 Ante estos magníficos hallazgos, una sola cosa queda de manifiesto sin duda alguna:

La extraordinaria capacidad de los llamados homínidos, es decir hombres o casi hombres, de adaptarse siempre a los diversos entornos cambiantes que les ha tocado vivir.

Ya no es solo la adaptación a un medio, más o menos hostil; es la adecuación, con diversas transformaciones,  a los muy diversos medios, teniendo en cuenta que también juega un papel importante el hecho de que usando sus instintos, haciendo uso de su posible inteligencia, y hasta de sus posibilidades morfológicas, es posible que  las mismas emigraciones pueden ser vistas como formando parte de la adaptación.

De cualquier forma solamente el hecho de que lo veamos, y estemos aquí,  es auténticamente el triunfo de una humanidad que se ha perpetuado, y hemos de desear fervientemente que, incluso, con la humillante carga de soberbia con que la han conformado sus importantes logros,  pueda ser capaz de seguir a lo largo de ese  maravilloso camino eterno de la supervivencia.

Dios quiera que sea así.

.

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: