Miguel de Cervantes Saavedra

La inmensa fortuna de un desafortunado

De cómo uno de los mayores éxitos literarios mundiales puede aparecer en la carrera de un hombre, con tan disminuida hacienda y colosal ingenio.

Cervantes es un caso único en la historia de la humanidad.

Casi con toda seguridad, podemos aseverar que él, ha hecho más conocida España que ningún otro personaje de este País.

Sin duda, ha sido el verdadero artífice de lo que hoy hemos inventado, y puesto tan de moda, que es la  < Marca España >

En muchos lugares remotos del mundo, puede ser curioso, pero a España la conocen por el Quijote. Tanta ha sido durante siglos, y lo sigue actualmente siendo, su trascendencia internacional.

Don Miguel de Cervantes Saavedra. El verdadero Fénix de los ingenios.

La mayor gloria literaria de todos los tiempos.

Es precisamente a él, y a su talento, a quien mejor podría aplicarse una de sus  frases preferidas cuando se refiere, en sus escritos, a la batalla de Lepanto, y dice:

       – Que vieron los pasados siglos y esperan ver los venideros –

Es posible que una de las más exactas definiciones que se hayan hecho de su figura literaria, quede referida con tanta realidad en otra frase de Navarrete, uno de sus mejores biógrafos:

         –Es uno de aquellos seres humanos que el cielo concede de cuando en cuando a los hombres para consuelo de su miseria y pequeñez. –

Es verdad.

Y naturalmente, ahora, se espera la biografía de un genio, o lo que puede parecer lo mismo, de un afortunado.

  •  Pues, curiosamente, no es así.

No sé, si se contarán por cientos, pero por docenas, seguro que sí, sus biografías; y en todas ellas se intenta, y considero que con bastante razón, presentarlo como un personaje excepcional.

Ciertamente, lo merece por su obra.

4Pero, admitiendo esto, lo llamativo es que su vida transcurre por unos cauces de absoluta normalidad, para los tiempos en que vivió; incluso, podríamos decir que rayando en la vulgaridad, y hasta en la imperfección. Inclusive, podríamos decir, y hasta en el desacierto, por no llamarlo desmerecimiento; pero, exclusivamente, en lo que se refiere al ámbito personal. Puesto que el valor de su creación ha sido, sigue siendo y, lo será durante muchos años, suficiente para enorgullecernos como españoles.

No, efectivamente, no fue un hombre afortunado en su vida; su crónica es una  continua carrera de pequeños fracasos, en lo personal, en lo profesional y, como consecuencia, en lo económico.  Un enemigo contra el que siempre luchó durante su existencia fue la escasez y, en consecuencia, la necesidad.

Lo cierto es que fueron tantas las amarguras que sufrió su persona durante sus días en este mundo, que solo se pueden ver compensadas con las innumerables apologías y encomios que ha tenido, y sigue teniendo su memoria.

Muy al contrario que su compañero de profesión y contemporáneo, Lope de Vega, que disfrutó desde muy joven del éxito y su corolario: la fortuna.  Cervantes no, bien porque no supo obtener los decididos favores de ningún mecenas que se fijara en su obra, o bien puesto que casi hasta  el final de su vida, no viera la luz su obra magistral, El Ingenioso Hidalgo.

Aunque, ¿por qué no?, también en algo podemos achacarlo a su carácter un tanto altivo y arrogante, como el de todos los genios. Se vislumbra bien, a nada que repasemos algunas de las frases que se deslizan en sus obras, como por ejemplo:

Del Licenciado Vidriera:   “Yo no soy bueno para palacios, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear”.
O esta, del Quijote:   “Venturoso aquel al que el cielo le da un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo más que al mismo cielo”.

Sea como fuere, el caso es que gran parte de su tiempo en este mundo le persiguió la mala fortuna, lo que le llevó desde el alejamiento de su tierra, al desarraigo familiar; a la guerra, en la que es herido y al cautiverio durante años. A su vuelta, al paso por la cárcel  en dos ocasiones y durante todo este tiempo, a la estrechez económica que le persiguió reiteradamente.

Verdaderamente, es cierto que  no fue una persona agraciada.

Y es curioso, pero esto resulta ser lo más llamativo de su biografía.

Pero no penséis que yo pretendo, aquí y ahora, plasmaros otra semblanza completa de su vida, no, de ninguna manera; sería pretencioso, reiterativo y hasta necio por mi parte.

Es tal el éxito que se derivó desde la aparición de su genial novela, que podríamos decir sin exageraciones, que llega hasta nuestros días; que han sido, como decíamos múltiples las biografías que existen del personaje.

Desde las más antiguas, que datan del 1737, están la de Mayans i Siscar, la de Fernández Navarrete, de 1819, hasta las más modernas de Canavaggio, Cristóbal Zaragoza, y hasta la de Astrana Marín (en siete tomos), de 1948.

Pues bien, en todas ellas se trasluce la semblanza de una persona que lucha toda su vida contra la adversidad.

Es la permanencia de alguien, en un medio hostil.

Algunos de sus biógrafos lo presentan como un auténtico genio, en todos los órdenes. Otros, como un personaje vulgar, incluso común y corriente, en el que se produce  en un momento de su existencia la genialidad, pero todos coinciden en que es un personaje en lucha permanente contra elementos externos: justicia, administración, finanzas, cautiverio, crítica, compañeros de profesión y hasta con su propia familia.

Uno de los más profundos estudiosos de su vida, hace una descripción que posiblemente sea la más acertada de todas, ya que se trata de una verdadera síntesis de su existencia,  veámosla:

“Cervantes vivió pobre y obscuro, y no tuvo mejor suerte en su funeral. Pero si su edad le negó los honores debidos a su ingenio, a su literatura, y a la integridad de sus costumbres, la posteridad, más justa, le compensa con ventaja, derramando con larga mano flores en su sepulcro”.

Efectivamente, la frase es a mi modo de ver correcta, solamente pueda ser controvertida en uno de sus asertos, y es en el referente a las “buenas costumbres”.  Ya que, si como está documentado,  hay una orden de arresto por haber herido en riña a un tal Antonio de Sigura, maestro de obras, y ser condenado a serle cortada la mano derecha o a diez años de destierro, y tener por ello que marchar a Italia. Si además, a su vuelta a España, tiene una aventura amorosa con la mujer de un tabernero, llamada Ana Franca de Rojas de la que nacerá su hija natural Isabel, nacida en 1548, y reconocida.  Y si a esto añadimos su paso en tres ocasiones, de ellas dos documentadas, por la cárcel; e incluimos dos excomuniones, es difícil concebir que al autor de la frase no le nublara un poco el sentido por el hecho de ver en la figura, exclusivamente al genio y no al humano.

Así pues, solo a modo de simple ojeada y, muy por encima, consideremos los hechos documentados que conocemos de su existencia. Sabemos por su acta bautismal, que debió nacer el día de los Arcángeles, es decir, el 29 de Septiembre, San Rafael, San Miguel, y San Gabriel y, uno de esos nombres le pusieron, en Alcalá de Henares, donde vivía en ese momento, año 1547, el matrimonio compuesto por Doña Leonor de Cortinas y Don Rodrigo de Cervantes.

Ella, Doña Leonor, una gran mujer, posiblemente esa que existe siempre cercana a un gran hombre, más adelante veremos porqué. Oriunda de Arganda, era de familia acomodada de labradores y de hecho culta para la época, puesto que conocemos que sabía leer y escribir con soltura, por documentos que lo atestiguan, redactados y firmados por ella.

El padre, Don Rodrigo, personaje un tanto extraño de condición, sordo de naturaleza y cirujano de profesión, actividad esta que como todas las sanitarias, se advierte aquí, nunca ha estado remunerada con demasiada holgura ni esplendidez.

Se trataba entonces de lo que hoy denominaríamos enfermero, ya que se ocupaba en su labor profesional del tratamiento ambulante de las que, por entonces eran consideradas patologías menores, incluyendo las extracciones dentarias, práctica de sangrías, extirpación de abscesos y furúnculos, cura de  úlceras, y en general, los cuidados que no requerían la intervención médica.

Personaje un tanto desdibujado en todas la biografías de nuestro protagonista, y sin duda, con menos entidad personal que la madre. Siendo curioso que ninguno de los estudiosos de nuestro genio universal le preste demasiado interés, y si lo hacen algunos,  es para de manera no muy directa, hacernos llegar la idea de algo que en estos momentos se entiende mal en nuestra sociedad actual, como es el tan conocido concepto de < limpieza de sangre >.

Era efectivamente aquella sociedad en la que le tocó vivir a nuestra mayor gloria nacional, un mundo en el que contaba, y mucho, esa consideración.

El hecho de pertenecer a una familia que no pudiera denominarse de “cristianos viejos”, es decir, que tuviera algún ancestro judío o moro, era considerado un inconveniente formal  muy desfavorable para cualquier actividad, y el padre de nuestro protagonista parece ser que provenía de familia de los llamados < cristianos nuevos >.

De hecho, no presenta los certificados de limpieza de sangre que le exigen para concederle algún beneficio administrativo, cuando vuelve de su cautiverio y de la guerra.

Miguel es el tercer hijo del matrimonio, antes que él habían nacido sus  dos hermanas mayores, Andrea y Luisa; un hermano menor Rodrigo, con el  que compartiría su cautiverio en Argel y otra hermana, Magdalena. Este sería el cuadro completo de la familia, ya que no contamos dos fallecidos a temprana edad.

Su juventud es un largo deambular por ciudades de toda España junto a su padre, al que seguramente ayudaría tratando de paliar lo mejor posible, el defecto físico de su sordera.

No está documentado, pero parece que a su paso por Córdoba o Sevilla, es posible que acudiera al colegio de los Jesuitas, y poco más se conoce de su juventud, excepto que, con seguridad no cursó estudios universitarios, lo que en su momento le valió el apelativo mas inexacto que se le ha dado nunca,  ser el “genio lego”.

Se conoce documentalmente que, en el año 1566, su familia y él están instalados ya en Madrid, precisamente cuando Felipe II establece la corte ahí, tiene por tanto 12 años.  Pues bien, solo unos años después, es decir, no llegaría a los 17/18, un personaje conocido como gramático eminente y renombrado humanista, Don Juan López de Hoyos, que en ese momento ostenta el título de Rector del Estudio de la Villa, presenta  a petición de la Corte, una “Relación Oficial” por el fallecimiento de la tercera esposa del Rey – Felipe II –  Isabel de Valois, en la cual, entre otros, van incluidos unos versos, por cierto maravillosos, y cuyo autor es Miguel de Cervantes, al que llama el presentador  mi  < caro y amado discípulo >.

 Y este es el comienzo de su carrera literaria.

Como diríamos ahora, “apuntaba maneras”.

No me resisto a que los conozcáis ya que son los primeros de nuestro genio, y sobre todo, a una edad tan temprana.  A mí particularmente me han parecido siempre, desde que los leí, de una gran belleza, y por ello los incorporé en el “pespunte” correspondiente al personaje, pero los reitero ahora:

                                              Cuando dejaba la guerra
                                           Libre nuestro hispano suelo
                                               Con un repentino vuelo
                                              La mejor flor de la tierra
                                            Fue trasplantada en el cielo
                                              Y, al cortarla de su rama
                                                 El mortífero accidente
                                               Fue tan oculto a la gente
                                             Como el que no ve la llama
                                             Hasta que quemarse siente.

Puede que, muy poco tiempo después, se produzca el lamentable e infortunado incidente del que nos da cuenta un documento que se encuentra en el Archivo de Simancas, fechado en 1569,  por el cual se manda prender a Miguel de Cervantes por haber herido en duelo a un tal Antonio Sigura.  Presumiblemente, según refieren varios autores, por salir en defensa de la honorabilidad y consideración de sus hermanas, que parece ser, estaban muy necesitadas de ella, y por lo que ha de ser castigado al destierro.

Este  puede que sea el motivo por el cual conocemos que precisamente en ese tiempo viaja  a Roma y consigue ponerse al servicio del Cardenal Acquaviva.

Permanece unos años en Italia hasta que en 1571, al tratar Felipe II de impedir el expansionismo otomano que se hacía dominante en el Mediterráneo, forma para contenerlo una Armada compuesta por el Reino de España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la Republica de Génova y el Ducado de Saboya, para entonces una gran flota. Toda ella al mando del hijo natural del Emperador Carlos, y hermanastro por tanto de Felipe II:  Don Juan de Austria, que era conocido como:  < el hijo del rayo en la guerra >

Y en ella se alista como marinero nuestro genio.

En la galera Marquesa, y a las órdenes de Don Diego de Urbina

De su participación en ella, estuvo siempre muy orgulloso, y ciertamente era de razón, pues fue muy de considerar el arrojo que demostró desde su puesto en la proa de la nave, durante la batalla, según cuentan los que con él intervinieron.

Pero, conociendo su acostumbrado infortunio, fue herido por dos disparos de arcabuz, uno sin mayores consecuencias en el pecho, y el otro de menos gravedad estimada momentáneamente, pero que le afectó musculatura y nervios del brazo izquierdo, lo que llevó a una semiparalización del miembro y su consecuente atrofia.

Desde ese momento, puede considerarse que ese sobrenombre, por el que es conocido mundialmente, como < el manco de Lepanto > ha dado más notoriedad a la batalla, no tanto por el triunfo que alcanzaron las armas cristianas, como por la participación en ella de una personalidad como la de Miguel de Cervantes.

El hecho es que después de unos meses reponiéndose de las heridas en Mesina, siguió en la milicia, participando en las expediciones navales de Navarino, Corfú y Túnez.

Cierto, que no parecía lo más apropiado para él seguir la carrera de las armas; dadas, por un lado, su deficiencia física ulterior a Lepanto,  ni tampoco por el hecho de contravenir su afición e inclinación literaria.

Ya que también conocemos su criterio en lo referente a la milicia, precisamente por un verso suyo, en que lo expresa abiertamente:

                                                A la guerra me lleva
                                                     Mi necesidad
                                                  Si tuviera dineros
                                                No fuera, en verdad.

Pero el hecho es que fue, y cumplió, no solo con la requerida dignidad que requería su cometido en ella, sino con entereza y valentía sobradas.

Por ello, y es un detalle muy a tener en cuenta, y que pocos conocen,  ya que precisamente fue para esta batalla para la que se creó, y en la que se puso por primera vez en combate. Y es  uno de los cuerpos de élite  de nuestro ejército: la Infantería de Marina. Y ha de ser por tanto, un honor para esta unidad militar, el hecho de haber tenido entre sus componentes a una de las personalidades más importantes de nuestra Patria,  y así mismo, también para Don Miguel de Cervantes, haber servido en las filas de uno de nuestros cuerpos más distinguidos, con integridad, coraje y valor

Pero he aquí, que en su vuelta a España, nuevamente los negros nubarrones de la desgracia se ciernen sobre él.

Embarca en Nápoles en la galera Sol, junto con su hermano Rodrigo para regresar a España, con tan mala fortuna que la nave es apresada por una flotilla turca, cerca ya de las costas españolas.

Precisamente a él, le son encontradas unas cartas de recomendación de las que era portador, firmadas por el mismísimo Don Juan de Austria, lo que hizo pensar a sus captores que se trataba de una persona importante y por la que podría pedirse un alto rescate.

Cinco años duró su cautiverio, posiblemente, los más amargos de su vida.

Se conocen muchos detalles de su cautividad, entre ellos, cuatro intentos de fuga, que por unos u otros motivos no alcanzaron a conseguir su libertad; y así mismo, la labor resuelta, decidida y hasta abnegada: pidiendo préstamos, haciendo gestiones, vendiendo fincas, ¿de quién?.

De Doña Leonor, su madre. Que primero consigue liberar a Rodrigo y, posteriormente,  con la inestimable ayuda de un padre trinitario, llamado Fray Juan Gil, que hasta pidiendo limosnas consiguió reunir, desde los 300 que llegaron de España, hasta  los 500 ducados que se pedían por su rescate; llegando por fin liberado, al puerto de Denia en el otoño del año 1580.

Posiblemente, para bien o para mal, la contingencia que marcó su vida.

Ha de ser así, ya que a poco que examinemos su obra, nos aparecerán frases que acreditan ese anhelo de libertad que irradian, y que sin duda han de ser el reflejo de su ánimo.

Encontraremos frases como:

< No hay contento que iguale, a mi parecer, alcanzar la libertad perdida >

O esta otra:

< La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida >

Y es más, posiblemente, esta de la libertad sea una de las más importantes facetas de su obra cumbre, El Ingenioso Hidalgo, que en realidad, en su fondo, no es  más que  un auténtico canto a la libertad individual, y también por ello, uno de los primordiales motivos de su éxito universal.

A partir de entonces, ya en España su ocupación consiste primordialmente en encontrar una forma de vivir y tratar de conseguir dinero suficiente para conjugar las deudas contraídas por su familia.

Lo intenta, pero sus aspiraciones de que le sea concedido algún beneficio como recompensa a los servicios prestados en campaña, no son atendidas. Ni a su petición de pasar en algún puesto a las Indias.

Conocemos el documente en el que se le contesta:

 < Busque en otros sitios en que se le haga merced >

No parece ilógico aventurar que han de ser años muy difíciles en lo personal.  Y en ellos ocurren su aventura con la mujer del tabernero, y al poco tiempo su matrimonio con Catalina de Palacios y Salazar, hija de un hidalgo del pueblo toledano de Esquívias, donde traslada su domicilio.

Poco tiempo se alargó su vida matrimonial y poco venturoso hubo de ser el matrimonio, ya que en 1587 lo encontramos viviendo en Sevilla. Es posible que su espíritu independiente y sus aspiraciones literarias no le permitieran continuar una vida más sosegada, al cuidado de las viñas y los olivares de su suegra.

Ya ha publicado su primera obra, La Galatea, novela pastoril; y en lo personal, ha conseguido una ocupación.  Se trata de que ha sido nombrado Comisario ayudante de la provisión de trigo y aceite para la Armada a las órdenes de Antonio de Guevara.

Recorre con este puesto prácticamente toda Andalucía, requisando trigo y aceite, a lo que se oponen, como pueden, los forzosos proveedores, sobre todo con las noticias que van llegando del fracaso de la Invencible. Fueran o no reales las acusaciones de venta ilegal de trigo, realizadas por el  Corregidor de Castro del Rio, el juez lo  condena a prisión y así mismo se resuelve sobre su persona excomunión, por el Vicario General de Sevilla, dadas las denuncias realizadas por varios clérigos reacios a las confiscaciones.

Parece ser, que fue precisamente en la cárcel de Sevilla, que describe como:

Donde toda incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido su habitación.

Es ahí, donde piensan algunos de los estudiosos de su vida, que imaginó la idea de su Ingenioso Hidalgo.

No conocemos el tiempo de su condena; pero sabemos, que posteriormente se le encarga otra comisión, lo que nos hace pensar, sin querer, que no debieron ser muchas las culpas de su anterior gestión. Y esta vez,  para recaudar una muy importante cantidad de atrasos en los impuestos, por todo el Reino de Granada.

De aquí sí conocemos que la quiebra del banquero Simón Freire, donde tenía depositado gran parte del dinero recaudado, lo llevó nuevamente a presidio.

Llega el siglo XVII, es decir, lo encontramos en 1600, ya en Madrid. Hace dos años ha muerto Felipe II, y nuestro gran hombre, que en ningún momento y ante ninguna circunstancia, por muy adversa que haya sido su fortuna, ha dejado de lado su afición literaria, saca a la luz unos versos en su memoria:

                              ¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza!
                                    Y que diera un doblón por describilla
                                Porque, ¿a quién no suspende y maravilla?
                                     Esta máquina insigne, esta braveza.

Pero, así mismo, también conocemos su lado crítico con la monarquía cuando ante la bancarrota que arruinó el País en aquellos años, escribe:

                                                 Quedan las arcas vacías
                                                Donde se encerraba el oro
                                                 Que dicen que recogías
                                               Nos muestra que tu tesoro
                                                    En el cielo lo tenías.

Lo encontramos nuevamente en Valladolid, en 1604, ciudad donde había trasladado la Corte Felipe III, por indicación de su valido. Ahora ya con su mujer y sus hermanas, que hasta entonces vivían en Madrid.

Y nuevamente una circunstancia desafortunada, y no sé ya cuantas se pueden contabilizar a lo largo de su vida, le pone en una situación comprometida: resulta que, cercano a la puerta de su casa aparece un caballero de Santiago, Don Gaspar de Ezpeleta, herido en un duelo nocturno. Recogido en su casa, fallece sin declarar. Cervantes y toda su familia, son requeridos por el juez, que les toma declaración y en principio, y hasta la aclaración de los hechos, ordena la detención de Cervantes, por muy poco tiempo, pero en prisión.

¿Es posible tanta desventura?

Está escribiendo, ha centrado su vida en ello, ya que es de esta época  gran parte de su obra y,  es en 1605, cuando publica su primera parte del Ingenioso Hidalgo, que sin duda será su obra cumbre.

Y de alguna manera, la primera novela que podríamos llamar realista, o tal vez impresionista, puesto que se mezcla en ella armónicamente y con verdadera originalidad, la tragedia, la comedia, lo épico, lo satírico, lo jocoso, lo crítico y hasta  lo sublime, es decir, a mi modo de ver, todo lo humano, visto con sarcasmo, pero con elegancia y sencillez y sobre todo, con la cercanía y ternura de lo natural.

Esa sería la forma, si me la pidierais, que yo tendría de considerar la obra.

Hasta 1615, no aparece la segunda parte, y es en este último periodo de su vida, desde luego el más fructífero, cuando podría haber disfrutado de su triunfo, pero hasta eso le negó la fortuna.

Comenzaban sus obras a estimarse. La primera parte del Ingenioso Hidalgo, Las novelas ejemplares,  y bastantes más, parecía que llegaba el triunfo, sonaba su nombre en el mundo literario…

Y he aquí, que aparece un Quijote apócrifo, es decir falso.

Nunca se ha sabido a ciencia cierta a quien correspondía el apellido del falsario que es un tal: –Avellaneda-. Parece ser, aunque no está confirmado, que detrás de un tal, Jerónimo de Pasamonte, soldado y escritor de origen aragonés que pareció más o menos identificado aunque no del todo como autor, puesto que parece ser que ocultaba otra personalidad, y era, nada menos que  la figura del mismísimo – Lope de Vega -.

Fuera o no, el hecho es que incluso en el prólogo del libro, que muchos estudiosos consideran por el estilo, escrito por el mismísimo Lope, llegando, en este caso hasta con su firma, argumentar  por escrito,  que Cervantes tenía: < más lengua que manos >  tratando así de afearle su defecto físico del brazo, y hasta dice refiriéndose a su obra:        < Conténtese con su Galatea, que solo son esas, las más de sus novelas: no nos canse >

Así hemos sido siempre los españoles.  Y, desde entonces, si algo hemos hecho, ha sido empeorar. ¡Qué triste!

Es el tramo final de su existencia, ya está afincado en Madrid, en el Barrio de las Letras, donde por cierto, todavía se encuentra aunque, y hasta a esto llega  la desdicha, no se han podido identificar, por mucho interés que se ha puesto, sus huesos, al menos para poder venerarlos.

Sin duda, que estas vejaciones y hasta podríamos decir ofensas, hieren profundamente su sensibilidad.   En una palabra, ensombrecen lo que en buena ley tendría que ser el primer paladeo del éxito, y por tanto de la fortuna, puesto que ya sus obras comienzan a ser conocidas y sobre todo, y esto es curioso, fuera de España, fundamentalmente en Francia.

Se ha comenzado a editar obra suya, que ha despertado el interés y renombre fuera de nuestras fronteras.

A este respecto existe una anécdota muy reveladora: y es que habiendo llegado a España una comisión de importantes caballeros franceses, que acompañaban al embajador Sillery, que venía a negociar el enlace matrimonial de Ana de Austria con Luis XII, quisieron entrevistarse,  y conocer a la que ya era en Francia una gran figura literaria. Para ello, contactaron a través del Cardenal Sandoval y Rojas, protector de Cervantes, con su secretario, un tal Márquez-Torres, y es muy curioso lo que nos deja escrito:

<  Preguntáronme muy por menor de su edad, profesión, calidad y cantidad y, halléme obligado a decir, por no mentir, que era viejo, soldado, hidalgo y pobre. >

Por otra parte, el transcurrir de la vida, con sus desventuras y adversidades correspondientes, marcan así mismo huella sobre su talante: las desavenencias con su hija Isabel,  la muerte de su hermana Andrea, la de su nieta y posteriormente, la de su hermana menor, Magdalena, van creando en él un desasosiego anímico.

También influirá importantemente el hecho, que ahora conocemos, de su diabetes, criterio al que llegamos por la polidipsia (sed incontrolada) que manifiesta en muchos de sus escritos.

Enfermedad esta que entonces era absolutamente desconocida, y por ello sin tratamiento alguno, pero con las complicaciones que ahora conocemos que derivan de ella, dado el endurecimiento general de las arterias que produce y como consecuencia, las limitaciones de todo orden que conlleva.

Puede que todo ello ponga en marcha una situación emocional que le conduzca, junto con ese triste manto del miedo a la muerte que pone siempre en el espíritu de muchos individuos nuestra religión.  Llevándole todo ello a una mayor aproximación  a la vida de religiosidad.

Se afilia a la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento, aunque no conocemos si efectivamente, llegó a cumplir con las estrictas reglas que de ello se derivaban.

También es admitido como novicio en la Orden Tercera de San Francisco, y de esta  sí conocemos que hizo poco antes de morir sus votos perpetuos.

El día 22 de Abril, abandona este mundo el mayor genio literario de todos los tiempos. Pero es el 23, sábado, fecha de su entierro, cuando siguiendo la costumbre de la época se reconoce como fecha de su fallecimiento, y es por lo que en ella se celebra cada año en España, el día del libro.

Ha dejado este mundo una de sus mayores glorias literarias en lengua castellana, que hasta por ello, es conocida universalmente como la lengua de Cervantes.

Puede que tratar de resaltar el éxito de sus obras sea un empeño inútil, sobre todo, de la más espléndida de ellas. El Ingenioso Hidalgo.

Solo a modo de recordatorio, algunos mínimos bosquejos:

Es importante, desde luego, que haya sido leído con agrado por tantos millones y millones de personas, algo tendrá, evidentemente; pero cuando conocemos que, por ejemplo, un literato de la talla de Dostoievski dice cuando se refiere al Quijote: que se trata de una pieza literaria admirable

< perteneciente a los libros que gratifican a la humanidad una vez cada cien años  >

 Y, cuando quiere citarlo, expresamente a él, lo manifiesta así:

En todo el mundo no hay obra de ficción más profunda y fuerte que esta. Hasta ahora, representa la suprema y máxima expresión del pensamiento humano, la más amarga ironía que puede formular el hombre y, si se acabase el mundo y alguien preguntase a los hombres:       <Veamos ¿Qué habéis sacado en limpio y que conclusión definitiva habéis deducido de ella? > podrían los hombres mostrar en silencio el Quijote y decir luego:   < Esta es mi conclusión sobre la vida y… ¿podríais condenarme por ella? >.

Tal vez por este, y por otros muchos criterios semejantes, su éxito ha sido y curiosamente sigue siendo, universal.

Se han impreso muchos millones de ejemplares. Es el libro, después de la Biblia, del que más ediciones se han hecho y el más traducido de todos los tiempos.

Existen Quijotes en todas las lenguas, desde el tibetano hasta el sánscrito. Se han hecho ediciones en verso, y hasta una, en latín macarrónico.

De su popularidad tenemos señales muy curiosas:

Parece ser, según cuenta Nartov en su libro sobre Pedro el Grande, el Zar de todas las Rusias, que en cierta ocasión, viajando en tren, al ver unos cuantos molinos de viento; Pedro I, se rió y dijo:  “Si estuviera aquí Don Quijote, tendría mucho trabajo”.

Y parece natural que a cualquier lector sensible, le provoque un especial encanto esa naturalidad del protagonista en sus desvaríos, en contraposición al estupor rústico que provocan en Sancho las sorprendentes aventuras que se desarrollan en la historia.

Porque en definitiva, El Hidalgo, es un hombre bueno, bien intencionado en todo lo que piensa, pero el problema es que lo piensa mal. Y es por esto que el autor se vale de ello muy inteligentemente, para poner en su boca frases que nos hacen reflexionar, puesto que son verdades eternas, bien dichas, y expresadas como lecciones de vida.

Descubramos algunas:

Haz gala Sancho de la humildad de tu linaje y no desprecies el venir de labradores y préciate de ser humilde virtuoso más que pecador soberbio.

Y para ser un buen gobernante le dice:

Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.

O, esta:

Si caso doblaras la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la verdad.

Es, por otra parte una historia que propende a la liberalidad.

Un hombre del que no podemos dudar de su gran sensibilidad y extraordinaria inteligencia, como el peruano Nobel y Príncipe de Asturias Vargas Llosa, ha definido la obra diciendo de ella:

< Los escritores de hoy deberían buscar en Cervantes algo más moral que literario. Como es posible que  habiendo sufrido tanto, pudiera escribir una obra de tal generosidad >.

Poco puede extrañar por ello que la obra toda, posiblemente sea el mayor homenaje que se le haya hecho nunca al ser humano, a su posibilidad de soñar y a su derecho a expresarse.

No hay duda de que, sociológicamente hablando, hay frases que son verdaderas sentencias, y forman un memorándum de saber popular.

Veamos algunas:

Encomiéndate, Sancho, de todo corazón a Dios, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas.
La pluma es la lengua del alma.
Cada uno es como dios lo hizo, y aún peor, muchas veces.
Confía en el tiempo, Sancho, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.
La poesía, tal vez, se realza cantando cosas humildes.

Y qué podemos decir de los contrapuntos a lo sublime, cuando se refiere, casi sin solución de continuidad a lo cotidiano, a lo común, incluso a lo tosco o vulgar.  Y por supuesto cuando nos acerca a los aderezos de la gastronomía y a sus guisos populares, descubriéndonos un gazpacho manchego, que no tiene nada que ver con el andaluz; o un pisto, o como guisar las perdices; o cuando nos alaba el queso manchego y los dulces.

Por último, no quiero que quede sin mención algo que no he visto nunca escrito sobre El Quijote, como es, esa gran lección que nunca ha sabido aprender, prácticamente, ningún autor actual. Incluso ni yo mismo, que aunque no soy autor, por no merecerlo, pero escribo, porque me gusta, y debía incumbirme; ¿como es, que se puede realizar perfectamente una gran obra sin una palabra malsonante, y sin ningún episodio escabroso ni de mal gusto?.

Simplemente, lo que se requiere es  talento.

Aquel, del que han carecido todos aquellos mamarrachos, que han venido diciendo que no podían escribir con la censura de épocas anteriores.

También ganaríamos, si los autores actuales usaran menos exabruptos, e improperios; si los guionistas de películas no abusaran de escenas escabrosas; y los realizadores de TV entendieran que se puede contar cualquier historia, sin la ayuda, que a ellos les resulta indispensable, de una cama y de sus intimidades.

Grande, muy grande ha sido la repercusión que ha tenido la obra del Quijote en todos las tiempos, y por tanto celebridad, y renombre su autor.

Mucha y en todos los ambientes. Aún he de manifestar, que me alcanza, incluso, cierta sana envidia; ya que creo, no ocurre aquí en España, el hecho de que existen bastantes “Clubs”, esparcidos por territorio americano, en los cuales, semanalmente, se reúnen 10/15 personas, cada vez en casa de uno de ellos, para leer durante un par de horas, en voz alta, el Quijote.

No ha de extrañarnos, por tanto, a lo que llega en el momento actual su renombre, tiene numerosos monumentos de todo tipo en muchas ciudades, desde el que fuera para él presumiblemente  más entrañable, en la plaza mayor de su pueblo, @@@  hasta el grandioso y llamativo de la plaza de España de Madrid @@@@y hasta  cientos de menciones no ya solo en su memoria, si no hasta de sus obras; recuerdo ahora, por ejemplo, una en Sevilla de una de ellas, en este caso la novela Rinconete y Cortadillo @

Existe también una ingeniosa idea, promovida por el Planetario de Pamplona y la Sociedad Española de Astronomía, por la cual, ante la Unión Astronómica Internacional,  votar cómo se han de nombrar los 20 nuevos sistemas planetarios descubiertos en los últimos años. Yo mismo, ya he votado, y creo que deberíamos hacerlo muchos más, para que una nueva constelación recientemente descubierta  llamada Ara y, que está orbitada por cuatro planetas, se les de los nombres de Quijote, Sancho, Rocinante y Dulcinea.

La idea es muy buena y está amparada con un eslogan también afortunado:

 < En el cielo hay una estrella de cuyo nombre podrás acodarte >

Posiblemente, si es que alguno tiene, el único inconveniente que le veo es que la tal constelación, está nada menos, que a 49 años luz de distancia de la tierra.

Una auténtica barbaridad, considerando 300.000 Kilómetros lo que recorre la luz en un segundo… pues eso, que  multiplicando, es para asustar a cualquiera de los que no somos científicos.

Pero si alguien quiere que se recuerde todavía más, a nuestro genio, no tiene más que, en la pagina w.w.w. estrellacervantes.es, votar el nombre de Cervantes.

…….

Posiblemente tengáis razón, he debido comprarle alguna vez los “clínex” que me ofrecía, y la verdad es que no lo hacía.

Es verdad, en lugar de adquirirlos en la tienda, se los he debido de comprar y, así proporcionarle algún dinerillo extra.

Prometo hacerlo desde ahora.

No sé si atreverme, pero el caso es que… nada se pierde.

Voy a intentarlo, en definitiva se va a encontrar con un dinero.

Está sentado en la esquina, algunas veces, cuando he pasado, me ha hecho un ademán juntando los dedos de la mano y llevándolos a la boca.

No sé de donde será, pero negro es, como un zapato y feo, como una blasfemia.

Voy a ello:

.- Cinco euros, si me contestas a unas preguntas ¿vale?

Me mira, un poco asustado.

Le enseño los cinco euros, los toma y los mira.

.- Sí

.- ¿ De dónde eres?

.- ¿Tú policía?

.- No, no, tranquilo.

.- Senegal.

.- Bien, ¿Cómo se llama el Papa?

.- Francisco.

.- ¿Y de apellido?

.- No sé.

.- ¿Cómo se llama el Presidente de España?

.- No sé

.- ¿Has oído hablar del Quijote?

.- Sí, sí, yo acuerdo. Cerca de la aldea donde yo nace, hay misión de monjas holandesas y ellas leer y explicar a nosotros libro. Mucho reír de libro, yo acuerdo.

Cervantes, Cervantes, donde quiera que te encuentres:

¡Qué grande has hecho España!

¡ Bendito seas.!3

 

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