Carlos III

La crónica de un buen reinado

Una narración con pretensiones de imparcialidad, en la que se cuenta como un hombre bienintencionado y justo, pretende gobernar un pueblo, al que aprecia, intentando sacarle de su ancestral atraso, y alguien, pensemos que incluso sin mala voluntad, se lo dificulta.

2Siempre que bajo hacia Cibeles,  y veo la Puerta de Alcalá,  digo interiormente: ¡Olé y Olé! por este hombre… ¡Qué buen  Rey fue!…

Su único defecto era que le gustaba demasiado la caza….pero, al fin y al cabo, eso… yo diría que es disculpable ¿no?,  Y no quiero mirar a nadie.

No, no se disculpe, que nos conocemos…

La verdad es que fue una buena persona y un excelente Rey.  Sin más.

Y es por eso, por lo que nos quiere usted hablar de él, ¿algo así como  para presentárnoslo como una excepción?

No tanto como para eso, pero desde luego…

Bien es cierto, que venía con llamémosle, – certificado de garantía-    casi podríamos decir, si no fuera una falta de respeto, que  ¡ probado ! como los melones; llegaba, efectivamente,  al trono de España con cierta práctica de gobierno, y veteranía  suficiente en las difíciles experiencias de la política.

No era un novato, desde luego que no.

Llevaba ejerciendo, a su  llegada a España, más de veinte años  en el Reino de Nápoles, como Rey;  y cuentan sus cronistas que, a su salida,  las gentes permanecieron en el muelle para despedirlo, llorando, hasta que el barco que lo trasladaba aquí, se perdió en el horizonte.

No hay ninguna duda de que su “curriculum” era muy,  pero que muy, bueno.

Y, ¿cómo es que llegó a España, así, ya de Rey?

Tenía  43 años cuando heredó este trono. Era el año 1759.

Y ciertamente, para que esto pasara, habían tenido que ocurrir algunos acontecimientos, digamos que poco frecuentes, ya que él, era el tercer hijo varón de los dos matrimonios de  su padre el Rey Felipe V, que había llegado desde Francia, para reinar por falta de sucesión del último representante de la dinastía Augsburgo, Carlos II.

Era nieto, este Felipe V, del “Rey Sol” francés, conocido como Felipe de Anjou  y, por tanto, el primer representante de lo que habría de ser, en adelante, la Dinastía  Borbón,  en España.

Terminaban los Austrias, y comenzaban los Borbones.

De su primer matrimonio, este Felipe V, con un primor de mujer y de reina, a la que todos llamaban la  – Dulce María Luisa –, tuvo dos hijos, Luis y Fernando, y los dos fueron reyes de España, al primero, pobre, casi nadie lo conoce, pues subió al trono en Enero y murió en Agosto. Ha quedado casi exclusivamente reducido a servir de pregunta difícil en los concursos, con el tema de  Historia de España.

El segundo hijo, Fernando, reinó con el nombre de Fernando VI y es  conocido, más que nada, por su esposa, Bárbara de Braganza, la gorda portuguesa, con la que tampoco tuvo hijos y, en buena lógica, después le tocaba al tercero, Carlos, pero ya este, no era hijo de María Luisa, sino, de su segunda mujer, Isabel de Farnesio, la parmesana.

Bueno, un poco de lio, pero se entiende bien: el primer hijo de la segunda mujer de Felipe V, los dos hijos de la primera, reinaron y murieron y ahora le tocaba a él.

Desde luego, esta segunda mujer, que era cualquier cosa menos tonta, y  ya se había preocupado de colocar a su hijo mayor,  – su querido Carleto –  como Rey en Nápoles, a la vista de que aquí, al tener dos por delante, no parecía ser fácil llegar a conseguir el trono; pero, mira por donde, murieron los dos anteriores como hemos visto,  sin descendencia, y él, aunque ya era Rey, pero desde luego, ni que decir, que su ascenso fue tremendamente importante con su elevación al Trono de España.

Mejoraba mucho ¿verdad?

Pues claro…tanto mejoraba, que pasaba a ser, aunque nuestra autoridad como País, ya no era hegemónica, uno de los primeros monarcas del mundo conocido de  entonces.

Y su criterio es ¿qué ejerció bien su cometido?

Pues, rotundamente, sí.

Pero mi juicio es irrelevante, como comprenderá, sin embargo, es opinión común de todos los historiadores, que fue un Rey muy apreciado, respetado y hasta querido por su pueblo.

En cuanto a esta relación me gustaría hacer alguna reflexión.

Un rey era, obligadamente, siempre  respetado, e  incluso, algunas veces, temido, hasta ahí, natural.  Pero, que un rey sea querido…eso ya es más difícil, se ha dado, sí, en ocasiones, pero no ha sido lo acostumbrado; con este, efectivamente, sí, lo fue.

En esta relación, hemos de ver las dos partes.

La sociedad de entonces era de otra forma que la de ahora, cosa absolutamente natural, puede que menos culta, menos refinada que actualmente, pero más sencilla, más natural, posiblemente más ingenua, pero,  también, más sincera.

Eran, otras formas y maneras de vida, es verdad, otros conceptos en cuanto a los comportamientos humanos, sus efectos y también sus consecuencias;   cuando, como en  este caso, el Rey era amado, las gentes del pueblo se comportaban hacia él de manera que ahora no entenderíamos.

Bien es verdad que existía entonces, en general, otra forma de “ver” la monarquía.

Pensemos, por un momento, en esas mujeres que, o lavando ropa en el cercano Manzanares, o dejando las faenas de su casa y, simplemente, apartándose el delantal a un lado,  eran capaces de permanecer horas y horas sentadas en la Plaza de la Armería, esperando que una reina pariera, y acompañándola en su trance; o  los hombres, que se mantenían tiempo y tiempo, a la expectativa, por ejemplo, del anuncio de una  simple mejoría en la enfermedad del monarca, o acompañándolo, exclusivamente con su proximidad, en su agonía, algunas veces.

Tiene usted razón, eso ahora es impensable.

Claro, pero así mismo, el Rey, en este caso, era conocedor de este afecto, y lo valoraba, naturalmente que lo valoraba, siempre y cuando fuera una persona de bien, y este Rey, del que ahora nos ocupamos, sí lo era; así por ejemplo, cuando consideró que el pueblo no se había comportado adecuadamente, en el Motín de Esquilache, del que luego hablaremos, traslada la Corte a Aranjuez y les priva de su presencia, lo expresa, se lo dice al pueblo, y el pueblo, se da cuenta, y se entristece y, le piden que vuelva, y cuando lo hace, lo reciben con gran alborozo y  alegría, es posible que esto tenga alguna connotación de semejanza, con el comportamiento de un padre hacia sus hijos.

Pues, sí señor, puede que sea así, tiene usted razón

Decía él, a sus colaboradores más cercanos:   – Son como niños, lloran cuando se les lava la cara –

Pero, sigamos dando algunas pinceladas más sobre la persona del Rey.

Siempre muy frugal en las comidas, delgado de cuerpo, muy ágil, como buen cazador y, por lo mismo, gustoso de estar el máximo tiempo posible en el campo, de piel curtida por ello, pero sobre todo, campechano.

Bueno, mire eso de campechano es casi mejor que lo dejemos aparte, si no le parece mal. Ahora lo empleamos mucho, y una de dos, o lo dejamos, o me explica lo que entiende usted por campechano

¿Qué en qué consiste eso de ser campechano?

Pues, yo creo que es una especie de mezcla: un tanto de simpatía, con otro tanto de naturalidad, un poco de encanto (que no tiene porque ser atractivo físico) y unas gotas de gracia, (que no tienen que ser muchas), cierta soltura, y alguna osadía, sin llegar al descaro.

Solo eso.

Pues sí, efectivamente, ha de ser eso, está bien definido

La verdad es que, el que nos lo dice todo, en cuanto a su fisionomía, es el genial, Goya.

Lo retrata vestido de cazador y, ciertamente, la realidad es que no lo pinta como un hombre guapo, más bien lo contrario.

Sus súbditos, cariñosamente, lo llamaban siempre – nuestro narizotas -.

Y sobre todo, tenía una cualidad  que en nuestro país no ha sido nunca demasiado valorada.  Era tremendamente puntual, casi rayando en la exageración. Se escuchaba en la corte, algunas veces:

– Por Dios, aquí no hay quien viva,  el Rey llega siempre el primero a todo

Otra de sus características: en absoluto presumido, ni preocupado de su vestimenta; una persona que durante toda su vida permaneció cercano a él, su ayuda de cámara, Américo Pini, decía:

– a no ser porque le cambio yo la casaca,  de ser por él,  llevaría siempre la misma -.

Eso sí, cazador de afición casi desmedida, salía al campo prácticamente a diario, incluso con mal tiempo.  De él, es la frase:  – No conozco a nadie, al que la haya roto algún hueso la lluvia –

A los 22 años, siendo ya Rey de Nápoles, había contraído matrimonio con María Amalia de Sajonia, de 14.  Fueron un matrimonio feliz y de gran fecundidad, pues tuvieron nada menos que trece hijos; si bien es verdad, que las enfermedades de entonces, diezmaron importantemente este número, llegando solamente tres a la mayoría de edad.

El matrimonio había llegado a España y habitaron el Palacio del Buen Retiro, como los anteriores reyes, ya que el antiguo Alcázar, en el solar de lo que hoy es el Palacio Real, había ardido, años antes,  y se estaba construyendo el actual, y fue precisamente él,  Carlos III, el primero que lo habitó, pero ya sin su mujer, que había fallecido, a poco más de un año de su llegada.

Este acontecimiento, entristeció mucho al Rey, ya que disfrutaba de gran felicidad a su lado, y lo definió muy bien con una frase:

– Es el primer disgusto que me da en el matrimonio -.

Es verdad que con esto nos ha hecho usted un retrato bastante fiel del personaje, pero vamos a lo importante, si le parece, su faceta política o institucional, en una palabra, su gobierno.

La verdad es que en esto del gobierno, habríamos de enjuiciarlo, como hace, en general la historia, como el representante más exclusivo de lo que se ha denominado, con bastante buen juicio: Absolutismo Ilustrado.

Así, a primera vista, casi parecen antagónicos esos dos conceptos.

Pues lo son, efectivamente.

Pero resulta, que lo que llamamos ilustración era, simplemente una forma de entender las relaciones humanas, que en el fondo es la política, que aparecía en aquellos momentos.

Daba sus primeros pasos, o lo que es lo mismo germinaba, sobre todo en mentes, desde luego, “ilustradas”, es decir más cultivadas que el resto, como más instruidas y civilizadas, que en aquel momento, era sinónimo de modernidad.

Comenzaban a brotar, aunque de manera lenta, ideas más liberales que en este momento histórico y, con este Rey, se hicieron visibles, pero no en el sentido de disminución alguna del poder soberano del Monarca, no, en ese sentido todo seguía igual, era un gobierno absoluto.

Entonces, ¿ la ilustración no supuso mayores libertades?

Pues, no, aunque lo parezca.

Efectivamente, las mentes en las que arraigaban ideas de la ilustración eran, en algunos aspectos, más liberales, pero no en todos.

Hay dos formas bien definidas, de entender lo que entonces se llamaba ilustración y ahora se llama modernidad, que en definitiva es lo mismo;  que han existido siempre en política, y que a nada que pensemos, actualmente, podemos seguir viéndolas palpablemente.

Pero entonces, de verdad ¿qué era la ilustración?

Pues, una definición simple, sería semejarlo a cultura, preparación, estudios, en una palabra: formación;  pero desde luego, en este caso, es algo más complicado y, para esquematizarlo, diríamos que se trata de una corriente de pensamiento que antepone la razón al mando, y que considera que el progreso de la humanidad ha de venir siempre derivado del raciocinio y de la inteligencia.

Parece entonces, que con ello se ampliaban las libertades…

Naturalmente, pero, también con ello, de igual manera, comenzaba otro problema, como era el de que al existir ilustrados, de las más diversas tendencias, algunos de ellos, afortunadamente no todos, comenzaron a darse cuenta de que a una ingente cantidad de personas incultas, se les podía manipular con mucha facilidad.

Llegaba al mundo el eterno aserto:

  • Cuanto menos instruido, más manipulable –

Pues, si le digo la verdad, eso, me parece que sigue vigente.

Desde luego, y seguirá eternamente siendo así.

Ahora, veo claramente, que será siempre ese, el mayor enemigo de la democracia, ¡natural!

La diferencia sustancial, de aquellos tiempos a los nuestros, es que entonces para ser “ilustrado”, era suficiente saber leer y escribir bien, y algunos latines, que se decía en aquellos tiempos;  ahora, sin embargo, se requiere una licenciatura, a poder ser, en sociología o políticas.

Pero, a lo que vamos, con respecto a este Rey: que siendo un gobernante absolutista, puesto que así lo demandaban los tiempos, las costumbres y los hechos, y llegando como comenzaban a hacerlo, en aquellos momentos de la  historia, a su corte, ideas de modernidad con los ilustrados, coexistían, por un lado el mando y por otro el raciocinio.

Aunque no sin verdaderas dificultades, que luego veremos, él supo concertarlos, armonizándolos, y gobernar adecuadamente, teniendo en cuenta un solo concepto, por encima de todo:  su  gran aprecio por el bienestar del pueblo.

Ya creo que le voy entendiendo.

Es fácil; como le digo, es un monarca al que se recordará siempre con respeto y hasta cariño, por algo tan simple, como lo fue, su acierto de gobernar, desde luego, como un absolutista:

– Por el pueblo, pero sin el pueblo-  efectivamente, pero amando entrañablemente al pueblo.

Y eso, con seguridad es lo que lo caracteriza, su ánimo plenamente reformista desde el punto de vista socio-político y hasta económico, llegando con sus decisiones a ponerse, a veces, abiertamente en contra de la aristocracia y hasta de la Iglesia.

Y ha de ser verdad, porque sus sucesores inmediatos, su hijo, el bobalicón de Carlos IV, y su nieto el hijo de ….  de  Fernando VII   ( y no digo esta palabra a modo de juicio, que ni debo, ni quiero hacerlo, en función de su madre, la célebre María Luisa, la de los 24 inexplicables embarazos, y esposa, naturalmente, del bobalicón, sino, por su actitud hacia el pueblo) y  es así,  que ni a uno ni a otro; a uno, por sus limitaciones mentales cercanas a la subnormalidad y a otro por su natural, y execrable, mala condición, les importó nada, pero absolutamente nada, el pueblo.

Ya, pues ahora, me parece que lo entiendo del todo.

También es cierto que, al poco tiempo de su muerte, estalla en Francia la Revolución, por lo cual, estas dos “eminencias” que le sucedieron, y dada la trascendencia doctrinal y social de tal movimiento, simplemente lo que hicieron fue dejarse llevar por los acontecimientos

Uno de los importantes momentos políticos de este tiempo del reinado de Carlos III es, sin duda, el llamado Motín de Esquilache, por su importancia social, pero posiblemente más, por la repercusión que tuvo en su gobierno y también en sus posteriores decisiones.

Pero, entonces, ¿cómo es posible que se hiciera un motín contra él?

Había traído con él, de su etapa en Nápoles, varias personas de confianza que conocía y que estaban avaladas por sus condiciones políticas y algunas de ellas gobernaban con él y en su entorno, sobre todo uno de los ministros – Esquilache -.

Naturalmente, no estaban demasiado bien vistos por la ciudadanía; lo de siempre: extranjeros y, además con gran autoridad, es decir… mandando, vamos, que aquí en España, desde siempre, esas cosas…pues que no.

Y claro, como ocurre la mayoría de las veces, para entenderlo hace falta conocer varios factores  o, lo que posiblemente sea mejor, a poder ser, todos los factores.

Vamos a ver ¿cuáles son?

Un cartucho no lastima solo con el fulminante, que por sí mismo no origina nada sin la pólvora, y desde luego si no hay carga tampoco la explosión destruye nada.  Quiero decir, con esto, que los tres elementos son necesarios, carga, fulminante y pólvora; pero cada uno, sin la concurrencia de los otros dos, pues, nada de nada.

Efectivamente, el pan que era entonces el “índice de precios al consumo” había subido excesivamente, no sé, si se podía hablar de hambre, puede que sea exagerado, (desde luego, momentos peores se habían vivido), esta suele ser siempre la carga, es decir, sería el plomo en nuestro ejemplo, entonces el pan, y ahora cambiar de coche.

El descontento con los extranjeros al frente de un gobierno, era evidente; y más cuando, como en este caso, sus decretos parecía que atañesen a la “dignidad nacional” como era la vestimenta.

Ahora no tenemos extranjeros, pero hay tantos “golfos”, que les llamamos corruptos, que esta pueda ser la pólvora de nuestro ejemplo del cartucho.

Mira…!No me toques la capa ni el sombrero…que la tenemos..!

La verdad es, que efectivamente, faltaba solo un fulminante…

Y, lo hubo…

¡Y la tuvieron.!

En una carga de la guardia valona, que por si faltaba algo, también eran extranjeros, para más lio, al principio, durante la revuelta, muere una mujer, y ya está servido el desbarajuste general.

Efectivamente, era justo lo que faltaba: el fulminante

Y ¿fue muy importante la trascendencia del alboroto?

Sí, mucho, y sangriento, pero en la percepción general, había un entorno en el que se barruntaba una mano organizadora. Era, aunque no les parezca a algunos historiadores, creo yo, en mi lega opinión, una especie de prólogo de lo que luego fue la Revolución, la francesa, unos años después, en 1789.

Pero una vez pasado el follón, que desde luego fue muy gordo, se puso en marcha por orden del Rey, lo que se llamó una -Pesquisa Secreta-, algo parecido a lo que hoy llamaríamos, una comisión de investigación, y parece que aquella, a diferencia de las de hoy, funcionó bien.

Y salieron a la luz, trapos sucios, muy sucios, tremendamente sucios, entre ellos los nombres, incluso con apellidos, de los instigadores, todos: los de los pasquines, los de los alborotos, los de la organización, todos “ilustrados” y detrás de todos ellos y con un  velo, más o menos translúcido, los jesuitas.

¿Usted cree que sucedió así?

Pues de verdad, no lo sé. Pero lo cierto es que se inculpó al padre jesuita Isidoro López, general de Orden en la Provincia de Castilla, con el apoyo del Marqués de la Ensenada. También fueron procesados un jesuita de Santander, llamado Miguel Antonio de la Gándara y a otro civil, el Marqués de Valdeflores autor de los subversivos pasquines.

Por eso yo, nunca he creído, ni creeré jamás en los alborotos callejeros, “¿Que, por qué?” ahora veréis: siempre recordaré, aunque hace ya muchos años, aquel día, en  que llegaba yo al Banco a pasar visita.

-Entonces existía médico en las empresas grandes, y yo era uno de ellos,- Me encontré con un gran alboroto en la puerta que, lógicamente, estaba cerrada; al acercarme, vi a un conocido, me aproxime como pude y le pregunté:

– Teodoro, ¿qué haces tú aquí.?

–   Pues ya ve don Ricardo, que me han contratado para esto; me dan 10 duros y al  final un bocadillo, para que grite aquí:  Banco Pastor, Banco represor.

–  Y, ¿quién te ha contratado?

– Aquel señor de allí, de aquella esquina, el del abrigo marrón.

–  Hombre si, a ese lo conozco, es del Banco, es un enlace sindical.

–  ¿ Si quiere usted, don Ricardo, me voy y me llevo a todos los amiguetes que he traído?

–   De ninguna manera, sigue, sigue, y  gánate tu dinero, grita, grita, todo lo que puedas…

El chaval, era un enfermo mío, de la consulta del Seguro, un ex-drogadicto que me quería mucho, y al que yo venía ayudando desde hacía mucho tiempo.

Desde luego curioso, pero aleccionador.

En cuanto a lo de que la Compañía de Jesús, fuera o no la instigadora del motín, pues no, no tengo opinión.

El hecho es, que como consecuencia de las investigaciones, los jesuitas fueron inmediatamente expulsados de España, pero consideremos algo, y no pasemos por alto que ya habían sido expulsados de Portugal  y de Francia,  y que el Vaticano, incluso, disolvió la congregación, aunque ¡ojo! , pensemos que, en aquel momento eran tan poderosos los jesuitas, y habían conseguido tal preponderancia política y económica que hace pensar.

No estemos otra vez como con los templarios…

Con relación a su política interior, siempre se preocupó de manera importante, durante prácticamente toda su vida y tiempo de gobierno, en  tratar de incrementar la población que, en aquellos años, excepto en la costa, que era algo mayor, en las dos mesetas y en el centro, en general, la densidad de población, en España, era alarmantemente baja.

¿Y en la cuestión social?

En cuanto a esto, se inicia, por un lado, el otorgar derechos a la incipiente burguesía, pero también, con decretos de gran amplitud de miras, y bastante buen juicio, declarando por Ley, que el hecho del trabajo no implicaba, de manera alguna, la perdida de la hidalguía; circunstancia que se venía manteniendo desde hacía siglos, por la cual existía una certidumbre generalizada en aquella sociedad:

– Sobre qué: ! el trabajo no es trato de nobles!.

Tiene usted razón, por aquel entonces, prácticamente en toda Europa, trabajaban ya hasta los gatos, pero nosotros, cuidado -siendo hidalgo- de trabajar nada. Y así nos iba… puesto que en la España, de entonces, en general, excepto los mendigos, casi todos los demás eran hidalgos.

También se iniciaron importantes obras públicas, como el Canal  Imperial de Aragón; y se siguieron con muy buen ritmo, las del Canal de Castilla; se pone en marcha, por primera vezm un Servicio Público de Correos, que con innumerables cambios, claro está, aun se mantiene efectivo.

De los gobiernos de este monarca son asimismo, el trazado de los Caminos Reales, naturalmente, todavía sin firmes, que no estaban inventados, si no de tierra compactada, que partiendo de Madrid, donde confluían, llegaban a Barcelona, La Coruña, Valencia, Sevilla, Francia y Portugal; siendo, como vemos actualmente, el auténtico embrión de nuestra red viaria actual, que en su momento, sirvieron para acercar las distintas regiones y cohesionarlas.

Sí señor, todo trascendental y, por otra parte conveniente además de sensato.

En Sevilla, se crea el Archivo General de Indias, en 1785, por expreso deseo del Rey, que de esta manera quería agrupar en un solo edificio, – la renacentista Lonja de Mercaderes – todos los documentos que hicieran referencia a la presencia y actuación de España en el mundo y que se encontraban dispersos.

Se liberalizó el comercio colonial con América, creándose compañías como la de Filipinas o la de Indias. Y llevándose a afecto, así mismo, el decreto de libre comercio en granos en 1765.

Reorganizó el Ejército, al que dotó de unas Ordenanzas que han estado vigentes hasta el Siglo XX.

Es de aquella época, el himno que, primariamente fue Marcha de Granaderos, pasando a ser posteriormente Marcha Real y, a lo que conocemos hoy, como Himno Nacional,  así como la bandera, que pasó en aquellos tiempos a ser la actualmente en vigor: de colores rojo y gualda.

Se realizó un, entonces muy ambicioso plan de actuaciones industriales en el que destacan industrias como las de Porcelanas del Buen Retiro, la de Cristalerías en la Granja de San Ildefonso, la Real Fábrica de Tapices, el impulso de las industrias de Platerías Martínez y muchas otras.

También en el orden económico, se establece el  “papel moneda” y se pone en marcha, en 1782, el primer Banco Regulador, denominado en aquel momento Banco de San Carlos, para transacciones económicas, que persiste actualmente con el nombre de Banco de España.

Efectivamente, muy importantes todas esas determinaciones, sin embargo, yo creo que por lo que más se le conoce no es por ellas…

Sí claro, ya sé a lo que se refiere usted.

Aunque tal relación de actaciones políticas, pueda posiblemente, parecer muy importantes, y de hecho lo fueron,  lo curioso es, que por lo que ha pasado a la posteridad la etapa de gobierno de Carlos III, es por las medidas referentes a lo que podemos definir como cambios en los usos y costumbres; así como en el urbanismo y embellecimiento de la propia ciudad, casi podríamos llamarlo de política municipal, y es por ello, que no en vano se le ha denominado,  con bastante razón:  -el Rey Alcalde -.

De ninguna manera podemos entender, actualmente, que el Madrid que encontró el Rey a su llegada, era una ciudad con un siglo de atraso, ¿cómo podemos comprender, a estas alturas, con nuestra forma de vida actual, que en la ciudad, no existiera, por ejemplo, alcantarillado de ningún tipo?, ¿ni iluminación alguna? ¿qué los cerdos y demás animales estuvieran sueltos,? Y, por supuesto qué  desde las casas al grito de….¡agua va¡ se echaran al centro de la calle todo tipo de  excrementos,  y que como único sistema de limpieza se contara con el que vulgarmente se conocía con el  nombre de “la   marea”, que consistía en un madero con dos argollas en sus esquinas del cual tiraba, con unas cadenas una mula,  arrastrando así todo tipo de detritus.

Pues estas, y algunas otras similares, fueron las condiciones que cambiaron en el Gobierno de este reinado.

Pues sí, eso se corresponde más con lo que yo pensaba.

4Se abrió el Parque del Retiro, que en realidad era el jardín del Palacio del Buen Retiro, residencia real, durante el tiempo que duraron las obras del monumental Palacio Real.

En él, y como consecuencia de la predisposición real por todo lo que suponía, entonces, ciencias naturales, mandó realizar la originalidad en la ciudad, de una casa de “fieras”, en las que se mantenían para recreo y entretenimiento de la población, los animales más exóticos conocidos;  la presencia de uno de ellos, un oso hormiguero, va a traer como consecuencia una genial anécdota que más adelante contaré.

Igualmente, se pone en marcha, esta vez, no en el Retiro, sino,  en la confluencia de Atocha con el Prado un Jardín Botánico y hace llegar a él los más exóticos árboles y plantas de todo el mundo; anejo a él, también en el Prado, y para conservar las colecciones de vertebrados y animales disecados, insectos, etc… hace construir un edificio grandioso, el actual Museo del Prado, expropiando parte del jardín y huerta de los Jerónimos.

Aprovechando los prados de Atocha y de la Castellana, se da forma, requisando las huertas del Palacio de Medinaceli, al eje del Prado y la Castellana, que forma el gran eje de ensanche, como el de cualquier capital europea, cruzándolo con el otro,  que viene de Aragón y confluye a la Puerta del Sol, y al que en su comienzo se implanta una de las puertas más elegantes de entrada a Madrid: la de Alcalá.

Como vemos, a este Rey, no le  – dolían prendas – en enfrentarse con quien hiciera falta, pueblo, burguesía, aristocracia y hasta con la Iglesia. Vamos, casi, casi un retrato de nuestro actual Presidente Rajoy, que pasará a la historia con el sobrenombre de:  el – Medroso gallego -.

Es ahora conveniente para enmarcar en lo posible la figura de este – Gran Rey – dar una pincelada en cuanto a su política exterior.

¿También su política abarcó en algún momento decisiones referentes al ámbito internacional?

La verdad es que no fue un gobernante belicista, intervino, eso sí, en campañas en el extranjero y lo mejor que se puede decir de ellas es que no perdió territorios importantes de su corona, que aún en aquellos años eran de enormes magnitudes, sobre todo en América y también en Asia y África; pensemos que, en su escudo, todavía se dejaba ver aquello de que no se ponía el sol en sus dominios.

Curiosa, una circunstancia que nadie tiene en cuenta ahora, y que posiblemente bien vendida hubiera dado muy buen crédito,  la decidida e importante  ayuda a los americanos del norte en su guerra de la independencia de Inglaterra, naturalmente nuestra ancestral enemiga.

Curioso, y no se ha dado a conocer nunca.

Es verdad.

Por otra parte, no vamos a saber, si el decidido ánimo constructor del Rey coincidió con la presencia, en esos momentos, de los grandes arquitectos o fue al contrario, pero el hecho es, que durante este periodo histórico se realizan edificaciones de gran relieve, elegancia, popularidad  y celebridad para el futuro. Sabatini, Ventura Rodríguez y Villanueva son algunos de ellos.

Sus obras, que la mayoría afortunadamente, perviven, son múltiples:

5La llamada Casa de Correos, en la Puerta del Sol, que ha sido Ministerio de Gobernación y, en el momento actual, sede del gobierno de la Comunidad de Madrid, al que, en el año 1866 se le añade la torrecilla sobre el frontón central, que provenía de la Iglesia del Buen Suceso, para poder acoplar en ella el célebre Reloj de Losada, y que podamos, al ritmo de sus campanadas, tomarnos las uvas de final de año gran cantidad de españoles.

Claro, no lo había pensado

El edificio del actual Museo del Prado, que ya hemos citado, así como el Jardín Botánico, el Palacio de la Secretaría de Estado, el oratorio de Caballero de Gracia, La Basílica de San Francisco el Grande, El Hospital General de San Carlos, El Palacio de Buenavista, actual sede del Ministerio del Ejército, La Real Casa de Aduana, El Palacio de Altamira, el Palacio de Liria, y fuentes, muchas fuentes,  casi todas las monumentales, Cibeles, Neptuno, las Cuatro Fuentes, la de Apolo, la de la Alcachofa, y por supuesto, también puertas: la de Alcalá, ya citada y la de San Vicente.

Efectivamente estas son las cosas por lo que más se le conoce

Copio aquí, ya que me parece acertadísima la semblanza que hace de él, un gran historiador; Gonzalo Anés de Castrillón:

– Puede decirse que Carlos III, no era un hombre brillante ni genial, pero sí un hombre de notable estabilidad emocional, de una sólida confianza en sí mismo, virtudes que daban firmeza a sus decisiones, y seguridad a sus colaboradores, y es por ello que resulta un rey excepcional en comparación con los anteriores y posteriores borbones.-

Por ello considero que si alguna vez visitáis el Monasterio de El Escorial, donde se encuentra el Panteón Real, tengáis ante su tumba, un recuerdo agradecido, e incluso una oración, por aquel buen gobernante y mejor persona que fue nuestro Rey Carlos III.

Pues, le prometo que si tengo ocasión, así lo haré

No quiero que se me olvide contaros lo del oso, (que por cierto era osa)  y por tanto hormiguera.

Era tanta la celebridad que despertó en su momento este raro animal, que había sido traído de Argentina,  que al Rey se le ocurrió inmortalizarlo en un retrato; cuadro que ahora se conserva en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid (podéis ir a verlo) y  es efectivamente, una reproducción del célebre oso de dos metros, con todo tipo de detalles del animal, cierto que, en aquel momento, el pintor de Cámara del Rey era Mengs, bien, pues siempre durante años y años se pensó que la obra era del pintor bohemio.3

Bueno, pues ahora, hace solamente dos años un investigador de verdadera solvencia ha descubierto, que la pintura es,  ¿ sabéis de quien?

Pues nada menos que de D. Francisco de Goya.

Y queda solamente referir, puesto que estoy seguro de que a alguien se le habrá ocurrido pensar, ¿y cómo se llegó a arreglar el asunto aquel, que parecía el motivo del Motín, de la abolición de las capas largas, para que no se pudiera esconder la espada, y el sombreo de alas anchas para que pudiera no verse el rostro en ocasiones?, pues de una manera muy simple, pero eficaz: el Rey mandó que los verdugos, que por cierto no eran personajes con mucho encanto en la sociedad, vistieran siempre con capa larga y sombreros con anchas alas.

Se terminó el problema, nadie nunca, hasta la actualidad, ha querido vestir así.

Oiga, pues hay que reconocer que está muy bien pensado.

 

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