Raymond Dronne

 

Homenaje a unos valientes, y cierta borrachera muy sociológica

El relato de cierta excursión personal, en la que conocí a varios componentes españoles de la Segunda Guerra Mundial, o como el alcohol suelta y aligera la lengua.

Pero bueno, ¿quién es este personaje?

-Era el Capitán de la Nueve.

-¿Y qué demonios es eso?

-Pues la Nueve, o lo que es lo mismo la Novena Compañía, era simplemente una unidad de infantería blindada, perteneciente a la División del General Leclerc, que participó de manera relevante en la Segunda Guerra Mundial.

-¿Y qué significa eso aquí, en una lista de importantes personajes españoles?

-Pues efectivamente, puede que nada.

-Pero me explico:

Primero: la Novena Compañía estaba compuesta prácticamente en su totalidad, por españoles.

Segundo: yo conocí, en el año  1965 a algunos de ellos.

Tercero: habían sido hasta el año 2004, los grandes olvidados por la historia de Francia, sobre todo, teniendo en cuenta que fueron los que  militarmente tomaron París, invadido por el Tercer Reich alemán,  y los primeros en llegar y liberar la capital.

Eran efectivamente, republicanos españoles que por unas u otras causas, se habían alistado en la Legión Extranjera francesa, constituyendo las tropas de liberación al mando del Capitán Dronne.

Sí, ya lo sé, no es un personaje español, ni posiblemente haya de estar entre los que forman este grupo, pero por los motivos apuntados, creo que debe merecer  nuestra atención por haber estado al mando de más de cien españoles, de los que muchos murieron en esta aventura de nuestra historia reciente, y por ello me ha parecido justificado incluirlo como un personaje español más.

Entendamos, claro está, que en mi espíritu subyace el hecho de ofrecer mi humilde, pero respetuoso homenaje a aquellos españoles que participaron valerosamente en varios hechos trascendentales del, a mi modo de ver, más importante acontecimiento de la historia, como fue la Segunda Guerra Mundial.

Pensad por un momento, lo que significó que los vehículos blindados aliados, en contra de la Alemania nazi, que en primer lugar pasearon por las calles de París, estando todavía las tropas de Hitler ocupándolo, tenían nombres españoles, y muy significativos:

Teruel, Madrid, España Cañí, Don Quijote, Guadalajara y otros muchos…

Y que eran vitoreados como los auténticos libertadores por una población que los aclamaba como héroes, después de haber padecido una penosa y denigrante ocupación alemana, durante casi tres años.

¿No es este hecho, por sí solo, suficiente para incluir esta gesta y a sus personajes en mi lista?

Y más, habiendo conocido aunque somera, y más bien alcohólicamente, a alguno de ellos.

Pues claro.

La historia que deseo referiros, tiene dos partes: la primera, tratar de explicaros las circunstancias que concurrieron para la formación de la llamada NUEVE, su presencia sus logros,  y los avatares ocurridos para que fueran ellos los verdaderos libertadores de  la capital de Francia.

Para ello, he conseguido encontrar, agotado,  un libro que publicó en Francia, en el año 2010  una autora llamada Evelyn Mesquida que es, y  muy documentada, la verdadera historia de la NUEVE y de algunos de sus personajes más destacados.

La segunda, es contaros como conocí, personalmente, algunos de aquellos personajes que habían pertenecido durante la contienda mundial a esa unidad, la NUEVE, junto a otros también republicanos españoles, que habían estado encuadrados en otras unidades, incluso varios, que con la resistencia francesa habían vivido tan  de cerca la ocupación alemana.

Comenzaré por esta segunda.

Casi con seguridad, que era el primer viaje largo realizado después de la boda, estábamos efectivamente, recién casados.

La cosa no era sencilla ni fácil,  parece una de mis constantes vitales.

A París, por Andorra, año1965. Un montón de kilómetros. Un Citroën dos caballos. Poco dinero, y verano.

En fin, toda una aventura.

Pero qué maravillosa es la juventud, que entonces ni te lo parecía.

Y haciendo ahora memoria, son cuatro las cosas que recuerdo de aquel viaje. Os las cuento:

Primero, rememorar una especie de miedo, o algo así, que aún recuerdo, al salir de Andorra, en un puerto, que creo se llama,   – Pas de la Casa -, son claro está, los altísimos Pirineos.

El 2CV, no se subía esas empinadísimas cuestas, había que parar, se calentaba,  nada, imposible…no subía….  y freno de mano y al arcén.    Un poco más… otra vez, y así, no recuerdo cuantas, pero muchas.

Un verdadero alivio pasarlo y llegar a terreno llano.

La segunda que recuerdo, otra contrariedad; ahora la evoco y me parece hasta estúpida, pero, posiblemente por ello, viene  a mi memoria: en la plaza de la Concordia de París, sin duda porque sin darnos cuenta, fuera un momento de intenso tráfico, o no sé porqué, otra circunstancia.  No era capaz de salir, dando vueltas a la plaza, imposible, no podía, no me dejaban…

La tercera es triste y hasta un poco vergonzosa, en el viaje de vuelta, estábamos comiendo en un restaurante cerca de Burdeos.  En un momento, se formó un revuelo entre los camareros y comenzaron a retirar de todas las mesas los cubiertos, para poner otros.  Yo, nunca he sabido bien ese idioma y naturalmente no me enteraba, pero mi mujer hablaba, y aún lo hace, un magnífico francés, y me dio la respuesta.  Al aviso, en voz alta, de  – “que vienen españoles”,-  estaban retirando muy deprisa los cubiertos buenos y cambiándolos por otros.

Recuerdo que me dio mucha vergüenza, al ver entrar a los viajeros de un autobús que, efectivamente, eran españoles.

Y la cuarta, posiblemente  la más importante,  puesto que es la que tiene relación directa con los hechos que os quiero referir.

Una tarde, fuimos en París  a un evento, en un sitio parecido al Palacio de los Deportes.

Se celebraba una fiesta de la cerveza, y he aquí que sin buscarlo, pero tropezamos con un grupo de personas que hablaban raro y resultó que eran españoles. Nos admitieron en el grupo y comenzamos a charlar, primero con ciertas reservas, yo diría que hasta cautelas, se miraban unos a otros y decían cosas que yo no entendía, parecía que no estábamos a gusto, ni ellos ni nosotros.

Mi mujer con su buen francés, parecía que había tenido mejor encaje con el grupo que formaban a un lado las mujeres, en cambio la sensación que tenía yo era bastante más negativa.

No podría explicarlo ahora, pero recuerdo perfectamente una manifiesta incomodidad, y creo que por ambas partes.

Al rato, uno de ellos me preguntó directamente:

Tú, ¿eres de Franco?

Sí, ¿Por qué?

Es que nosotros somos republicanos, y a Franco…

Y los dos o tres que escuchaban, al unísono se pasaban el dedo índice por el cuello.

Bien es verdad, que yo no he sido nunca un ferviente admirador de Franco, pero es posible que me ocurriera como aquel gaditano, del que se cuenta,  le dio un botellazo en la cabeza a un inglés que insultó al Jefe del Estado, y en la comisaría le decían:

!Pero Manuél¡…. si tu eres comunista.

Sí, pero a Franco lo insulto yo nada más,  un inglés,   no.

Pues  posiblemente eso fuera, lo que me debió pasar a mí.

Sí,  yo de Franco, por supuesto…¿Que pasa?

El caso es que la conversación comenzó a tomar unos tintes problemáticos.

Ellos me decían que en España tenía que haber hambre, yo decía que no.

Que la represión política tenía que ser escandalosa, que no había libertad, yo lo negaba, y no lo creían.

Les decía que había terminado mi carrera, que era Médico, y que me ganaba la vida con mucho trabajo, pero perfectamente,  pero  veía sus caras incrédulas, no, no lo entendían.  Sus gestos me denotaban que no me creían…Pensaban que les mentía,

Insistía yo, con toda clase de argumentos y hasta detalles… Trabajo en el primer Hospital que ha creado la Seguridad Social, se llama La Paz, en Madrid.

Me miraban entre extrañados y recelosos…

Nada…que no puede ser…  con Franco tenían que estar establecidas en España, todo tipo de miserias y calamidades.

Siempre ha dado el mismo buen resultado la propaganda política, en todos los tiempos, esto lo confirmaba.

Eran, efectivamente, exilados republicanos. de ellos, algunos habían estado en la Resistencia, otros en el Ejército regular francés, recuerdo perfectamente, que en el transcurso de la tarde me presentaron al menos a tres o cuatro, como miembros de la Nueve.

Yo no sabía entonces, qué era la Nueve.

El grupo era numeroso 20 o tal vez más, y las mesas  rectas estaban dispuestas en ángulos con bancos a los lados, lo que ofrecía la posibilidad de levantarse frecuentemente, eso sí, sin soltar la jarra de cerveza, e ir cambiando de asiento para participar en distintas conversaciones.  Recuerdo no haberme movido casi nada de mi sitio, pero sin embargo muchos de ellos iban y venían, y me presentaban a otros.  Un tanto aturdido al principio, yo saludaba, algunos, sin presentarse, se dirigían a mí directamente.  La mayoría me preguntaba cosas de lo más diverso: ¿De dónde eres,? ¿Dónde vives,? ¿Conoces Almería,?  ¿Hay racionamiento en Madrid?, ¿Tú no sabrás cuanto puede ganar ahora, aproximadamente, un tornero  en Oviedo, verdad?  ¿Pero será posible que sigan ahora funcionando en España los teatros?.

Eran preguntas que demostraban la más absoluta desinformación del momento social y político que en aquellos años se vivía en España.

Había de varias regiones; incluso, a algunos se les notaba al hablar: catalanes, sobre todo, varios extremeños, madrileños, valencianos, me viene a la memoria, de los que me presentaron de la Nueve, un asturiano y un catalán.

Ya no eran muy jóvenes pero guardaban esa orgullosa chispa de vida interior que los mantenía recordando otros tiempos, más duros seguramente, pero para ellos mucho más felices que los actuales.

Absolutamente a todos, de una o de otra forma, se les notaba un auténtico aliento español que traslucían clarísimamente, y  por otra parte, casi con ostentación, manifestaban su absoluto desacuerdo con todo lo actualmente español, pero también asomaba a sus semblantes la añoranza de su tan querida tierra.

Evocándolo ahora, hace tantos años, pienso que sin darme cuenta entonces, me daba cierta pena de su situación.

Llevaban gorros militares y algunos, condecoraciones prendidas en las camisas que lucían con verdadero orgullo, y de las que me daban explicaciones.

Cuando al poco rato de conversación tensa, logré captar la atención de la mayoría seguían haciéndome, como digo  un sin número de preguntas, algunas incluso me parecían un tanto incongruentes.  Querían saber todo sobre España: precios, carreteras, nivel de vida, periódicos, espectáculos, comercios, a todo les contestaba como podía y al mismo tiempo, lentamente, pero sin pausa, se hacía bastante más fluida la conversación, gracias al trasiego de la cerveza.

Sus gestos a mis respuestas eran de lo más diverso, desde los que con sorpresa asentían, hasta los que con obstinación expresaban… Nada, no puede ser…

Ahora la recuerdo, fue una tarde magnífica.

Hacía veinte años o poco más, que había terminado la Guerra Mundial, prácticamente, de una manera u otra todos formaban parte de ese grupo sobre el que habían repercutido sus consecuencias.

A todos ellos les había marcado la vida. Y sin exageración, podemos decir ahora que,  -a fuego –

Tenían entre  45-55  años, gente curtida, en general bien conservados, y casi todos con ese tributo que pagamos los varones, no sé si más a los años o al alcohol, de incipiente gordura abdominal.

Trabajadores de todos los niveles, clase media baja, la mayoría sin cualificación, adustos, pero sin malicia. Ásperos, porque la vida no les había tratado bien, algunos hasta ordinarios, otros no, educados, pero mohínos, curtidos todos, y con ese  desdibujado tinte de trasnochado idealismo, que a toda costa querían conservar.

La palabra – libertad – era una machacona constante en la conversación, y recuerdo que pensaba para mí entonces, el caso es que yo, simplemente la siento, sin nombrarla.

Hoy comprendo al evocar aquello, que efectivamente, el que tanto la nombra, pueda ser el que menos la siente.

Tampoco, cuando la fluidez de la conversación se convirtió en verbosidad elocuente, me hablaron bien de donde vivían ahora.

Al menos en aquellos momentos, ante los franceses no eran demasiado bien vistos, según supe, no tenían oficios demasiado bien remunerados, no lo pasaban mal, pero llevaban vidas con ciertas estrecheces.

Los “gabachos”, como llamaban a los franceses,  no eran para ellos gentes admirables, les habían olvidado.  Se podría decir que los habían sacado de la historia de Francia, no es que fueran marginales en esa sociedad, no, pero no pertenecían de hecho a ella.

Lo expresaban en frases elocuentes y hasta divertidas, diciendo  – Tuvimos que venir nosotros a ganarles la guerra contra los fascistas –  Y ahora les avergüenza…

No, no eran felices, se les notaba.

Tal vez porque ya no les quedaba ni el más mínimo atisbo de esperanza por conseguir la ilusión de toda su vida, que era ver, nuevamente, proclamada la República en España, y lo expresaban con tristeza y hasta con rabia. Aunque curiosamente, al menos yo, no sentía odio en sus palabras.

Posiblemente fuera, simplemente, por que no lo había

Hemos de tener en cuenta que aquellos  personajes que yo conocí aquella tarde, habían sido gentes de guerra: idealistas, arriesgados, valientes, buena gente en definitiva. Creo que entre ellos, casi podría asegurarlo, no había gentuza criminal de retaguardia, de aquellos de los “paseos”, ni de las “checas”.

Y cuando de la locuacidad, se pasó a la moña, con sus etapas correspondientes de exaltación de la amistad y cantos patrióticos, salieron a relucir elementos y circunstancias de todo tipo.

La  mayoría de los asistentes de aquella reunión, habían pertenecido al RCC  (Regimiento de carros de combate). Algún otro había formado en grupos de la Resistencia, incluso recuerdo a uno que me dijeron que le habían concedido la Legión de Honor.

Conocí también más de cerca, lo que había sido y representado la Nueve, cómo habían sido ellos, hacía 20 años, los que entraron en París con sus blindados, a los que tenían puesto nombres inconfundíblemente españoles: Quijote, Teruel, Guadalajara,  y otros.   Y como habían sido ellos mismos los que desalojaron de sus últimos reductos a los alemanes que quedaban en la Capital.

También la forma en la que,  posteriormente, la Nueve siguió en su avance hacia Berlín y cómo,  con cuanta injusticia por parte de los diversos gobiernos franceses posteriores, se había borrado de la historia su memoria, y se habían sumido en el olvido sus hazañas, por lo que en ese momento no significaban absolutamente nada en la historia de aquel País.

Recuerdo que en un momento de la algarabía de la conversación, pregunté yo, si entre ellos no había ningún oficial, ningún mando, y sin contestarme directamente y después de un corto, pero elocuente silencio, uno de ellos se dirigió directamente a mí y me dijo: -había pocos mandos españoles en nuestras unidades- -prácticamente todos éramos “carne de cañón” -.

En la Nueve, sí,  tuvimos un teniente, que era de los nuestros, pero se marchó después a España.  Rezumaba reproche…

Hasta aquí, mis recuerdos de aquella memorable jornada y, por supuesto la triste experiencia que dejó indeleble en mi memoria: lo mala que es la resaca, de una borrachera de cerveza.

Ahora, y a grandes rasgos, puesto que el argumento y el desenlace de esta historia ya casi lo conocéis, voy a explicaros algunos pormenores de cómo se gestó la situación, y de ella el nacimiento y evolución de la llamada Nueve. También, cuáles fueron las  circunstancias que concurrieron para que se encontrara precisamente esa Compañía  en aquel momento histórico, de la llegada de las fuerzas aliadas a París.

Llevo años y años, viendo y leyendo documentos, libros, películas, sobre la Segunda Guerra Mundial, ya que considero, y lo he dicho varias veces, que pueda ser,  el hecho más trascendente en la historia de la humanidad.

Y por supuesto y como siempre, depende de quién lo escribe o realiza, para que se puedan sacar unas u otras conclusiones.

En este caso, prácticamente como todo está escrito por los vencedores, la cosa está clara. También, y por supuesto, por los innegablemente, inhumanos, crueles,  bochornosos y hasta horribles hechos conocidos después, que despojan de toda racionalidad al vencido,   la verdad es que existen pocas dudas.

Pero, ¿cómo se gestó la Segunda Guerra Mundial.?

Un error, a mi modo de ver, ha sido siempre apretar, económicamente hablando, a cualquier sociedad en su conjunto, a niveles casi de indigencia, que rayen en la miseria generalizada.

Sí además de esto, que ya es mucho, la sometemos a la humillación de verse doblegada por leyes que le son dadas desde otros países, cosa que en ciertas naciones es casi peor soportada que la miseria, exclusivamente, por el hecho de haber perdido una guerra, tenemos un magnífico caldo de cultivo, para que cualquier esquizofrénico salte a la palestra.

Y Alemania había perdido la Primera Guerra Mundial.

En el mundo, y desde que existe, en todas las latitudes y tiempos, siempre, y en cualquier grupo humano, llámesele, tribu, sociedad, o como se quiera, aparece, un “distinto”.  En ocasiones, algunos le llamamos loco, aunque luego resulta que no lo es tanto, “chaláo”, “majareta”, en fin, recibe muchos nombres, y casi siempre la cosa queda ahí, y no va a más.

¿Hay razones?  Pues sí, el “distinto”, suele decir cosas que las personas desean escuchar.

Es realmente siempre así, si hablas a muchas personas de algo que les gusta oír, seguro que te atienden, y con un dedo de frente, hasta te siguen. Ya con dos dedos, posiblemente no, puesto que entonces te preguntan y suelen dudar.

Y, hemos de reconocer que entonces Hitler, decía lo que todos los alemanes querían escuchar, y lo decía como a ellos les gustaba, con energía, con decisión y, naturalmente, convencido.

Con hambre, pero con lógica se fueron la mayoría tras él,  lo votaron en masa, y tomó el poder democráticamente.  Argumento este que deja en muy mal lugar, aquello de que no es legal  ir en contra de cualquier gobierno reconocido.  Lo real es que aquel  llamado «Adolf» supo despertar al antropoide que todas las masas llevan en lo más profundo de sus almas.

Después de esto, al “distinto” ya no le queda más que ponerle, a eso que formula,  un

 – ismo-.

Aquello lo llamaron, nacionalsocialismo, pero es igual, hay muchos y de distintos colores, los hay para todos los gustos. Fascismo, Socialismo, Comunismo,  etc.…

Y por último no hay, creo que ya lo he dicho en alguno de mis trabajos, más que ponerle los aditamentos necesarios: la libertad, promesas de mejor nivel de vida, soflamas democráticas, alegatos de más libertad  y patriotismo, mucho patriotismo.

Con aquellos mimbres se forjó el cesto más grande conocido en todos los tiempos..

La mayor y más formidable máquina de guerra que ha existido en el mundo.  Que de no ser por algún error estratégico y, por supuesto por la intervención  de Estados Unidos en la contienda, hubiera arrasado Europa y conquistado el mundo.

Esto por la parte alemana. Por la otra, ni que decir que,  siempre en política los peores pecados suelen ser los de omisión.  Véase para ello, el triste ejemplo del Sr. Rajoy.

Pues de eso, de eso mismo pecaron todos, de omisión.

Miraban para otro lado y, el esquizofrénico seguía rearmando Alemania.  Bien es verdad, que entre la prudencia y la cobardía los límites son tan difusos… que…

Ocurrió el desastre, la mayor calamidad de la historia: prácticamente, sesenta millones de muertos, incontables sufrimientos, miles de vidas destrozadas, odios, varios holocaustos, no solo el judío, matanzas y desastres infinitos, algo que supera la mente y que no había sucedido nunca.

En frase de Pio XII, entonces Papa, era “el enfrentamiento de lo invencible contra lo inagotable”.

Pues de ese drama, habían participado amplísimamente nuestros protagonistas, cuando además, venían de otro, posiblemente menos importante, pero más personal y por ello más doloroso: la guerra civil española.

Hay tres o cuatro personajes que quisiera presentaros para entender bien, en realidad, lo que fue la – NUEVE.-

Philippe Pétain.

Si se te ocurre nombrarlo ahora en Francia, te dirán inmediatamente:

-Un traidor, un colaboracionista de los alemanes, una vergüenza para Francia. –

Como siempre… “del cristal con que se mire”.

Con seguridad, posiblemente, el más prestigioso militar de Francia. El héroe de Verdun,  en la Primera Guerra Mundial.  Mariscal, con una de las más brillantes carreras de éxitos, en el Ejército francés.

Para nosotros los españoles una bendición, pues atendió de manera impecable, la solicitud del Caudillo  intercediendo para la devolución del oro del Banco de España, y de muy variadas piezas artísticas españolas que se encontraban en poder de Francia, por distintos motivos.  Por ejemplo, nuestra celebérrima Dama de Elche que había sido comprada. La Purísima de Soult, conocida así en memoria del General de Napoleón que la robó y así mismo, una importante parte del Archivo de Simancas.

En Septiembre del año 1939, Francia declara la guerra a Alemania.

Y el general Pétain es nombrado vicepresidente del gobierno encabezado por Paul Reynaud. Poco después, en Junio del 40, el ejército alemán desfila por las calles de París y el gobierno en pleno y las asambleas se refugian en Burdeos.

Había sido la victoria más fulminante jamás conocida.

Ese impresionante y extraordinario mecanismo de guerra, que nunca habían conocido los siglos, se había  puesto en marcha. La Wehrmacht.   Son en ese momento cinco millones de hombres  pertrechados con modernas armas, bien dirigidos y con un ánimo excelente de victoria.

En el año 1945, ya eran casi 8 millones: Polonia, Checoslovaquia, Dinamaraca, Holanda, Bélgica, Noruega, Grecia, Hungría, todo era poco para ellos. Prácticamente no combatían, desfilaban, se había puesto en marcha, la ya célebre, – Guerra Relámpago -.

Y Francia fue, de los primeros bocados.  No de una comida, no, del aperitivo.

Se confía a Pétain  la Presidencia del Consejo de Ministros para que, ante la vergüenza del derrumbamiento del ejército francés, se firme un acuerdo y, con la mediación de Franco, ante Hitler, se firma el armisticio, en la ciudad de Compiegne.

Todo el mundo estaba de acuerdo y convencido de que había salvado a Francia de su total destrucción.

Trasladó a Vichy el gobierno francés, de Burdeos, donde se encontraba desde la rendición de París,  y disolvió la Tercera República.

Posiblemente sí, salvó a Francia del aniquilamiento,  pero no del deshonor.

Cuando después los aliados doblegaron la ocupación alemana en Francia, lo llevaron prisionero y al final de la guerra, se entregó voluntariamente en la frontera Suiza.  Se le juzgó sumarísimamente como traidor a la Patria, con la sensación general, por parte de toda la población francesa, de que Pétain era, exclusivamente el símbolo del delito nacional al haberse rendido su ejército.

Se le condenó a muerte, pena,  que fue conmutada por la de cadena perpetua.  Murió en prisión.

Es la historia de un hombre que dejó gravitar, solo, sobre sus hombros, la vergüenza de todo un País.

Otro personaje,  Philippe Leclerc.

Un aristócrata y militar francés, que fue prácticamente avasallado por el empuje de las tropas alemanas.

Había comenzado su carrera en África y ya con el grado de Capitán, hubo de sucumbir ante la aplastante superioridad alemana. Eludido el cautiverio, y al conocer que el General De Gaulle pide voluntarios desde Inglaterra, logra llegar a través de España y de Portugal a Londres, para ponerse a sus órdenes.

Se le encomienda la formación en África del reclutamiento de una División de Infantería que se haga cargo de la ingente cantidad de material, vehículos blindados y armamento que viene de América.  Y efectivamente, recluta a miles de voluntarios de diferentes campos de concentración, y en particular, de la Legión Extranjera francesa, donde habían concluido la trágica huida de España, al finalizar la guerra civil, de muchos republicanos españoles.

Los alista, los entrena y los embarca hacia Inglaterra. En poco tiempo, se hacen cargo y manejan a la perfección carros de combate, vehículos blindados, y todo tipo de armamento moderno.  Hasta sus uniformes son americanos.

Habían pasado de ser soldaditos españoles de “máuser” y alpargata, a formar una unidad militar moderna con tanques, camiones blindados (Half-Tracks) con orugas, y un armamento sofisticado y actual.

El desembarco de Normandía es su primera acción de guerra.

Aquel inmenso dispositivo militar, que nunca en la historia de la humanidad había tenido parecido alguno y que, al decir de los historiadores, fue el mayor conjunto de fuerzas bélicas formado en todos los tiempos, albergó en uno de sus flancos a la columna de la División Leclerc, y en uno de sus batallones, a una Compañía.  que se llamó  – la Nueve…-

Quedaban es cierto, muchos kilómetros hasta París, se dieron muchas batallas y, en cada una de ellas muchas bajas, una de las más sangrientas fue en el pueblo de Écouché, donde perdieron la vida varias docenas de combatientes.

En gran parte por la defensa alemana, de innegable resistencia, pero posiblemente más, por el tipo de estrategia que condicionaba los avances de las fuerzas aliadas.

Los americanos, al mando del general Patton, realizaban una fórmula de avance mucho más conservador, embolsando con los blindados grandes zonas de terreno y aislando al enemigo, hasta rodearlo y obligarlo a la rendición.

Sin embargo, Leclerc buscaba el enfrentamiento directo ante cualquier núcleo de fuerza enemiga, intentando aniquilarlo, con lo cual el avance efectivamente, era mucho más rápido, pero también el número de bajas era mayor.

Ya cerca de París, ocurrió lo mismo, contraviniendo las órdenes del alto mando americano, que no consideraba París como un objetivo absolutamente inmediato ni decisivo,  Leclerc,  ordenó, sin embargo, al Capitán Dronne con su compañía, avanzar hacia la capital.

De aquí, que fueran los componentes de esa unidad,  la Nueve los que entraran en primer lugar en las calles, de París, sin saber realmente lo que se encontrarían.

Afortunadamente, la resistencia alemana no fue muy dura, y a las pocas horas los últimos reductos en los que se encontraban las fuerzas alemanas, que eran el Ayuntamiento y las oficinas de la Compañía de Teléfonos, se rindieron.

Otro personaje: Raymon Dronne.

Militar francés de servicio, al estallar la guerra en Camerún, con el grado de teniente, había estado en España realizando cursos para el aprendizaje del castellano durante varias semanas. Fue aquí donde conoció a la que posteriormente sería su mujer, española, burgalesa por más señas y con la que compartiría su vida terminada la guerra.

Hombre valeroso, decidido, con gran espíritu militar y sobre todo, dotes de mando.

El General Leclerc le confió  la novena compañía  formada, efectivamente, en su casi totalidad por republicanos españoles, que se habían ganado la denominación de “cosacos”.

  • Confío en usted, para mandar esta Compañía de hombres, que ciertamente dan miedo, pero son buenos soldados. Usted se apañará con ellos.-

Estas, fueron las palabras con las que el General Leclerc dio el mando de la Nueve al Capitán Dronne, que mandó la unidad hasta su disolución, terminada la guerra.

En realidad, es por los denominados “carnets” que realizó el capitán durante toda la campaña, por lo que conocemos con detalle cuáles fueron los hechos, las bajas, las condecoraciones y todas las circunstancias por las que pasó y en las que se vio envuelta esta unidad militar.

Si quedaba alguna duda, sobre cuál es el motivo de haber escogido a este personaje como central, en este recuerdo de las actividades de la Compañía, ha de superarse, ya que no podía ser otro,  puesto que sus méritos están sobradamente demostrados.  Han de tenerse muchas cualidades como valor, serenidad, tolerancia y rigor para mantener la disciplina y animar a la batalla a aquellos personajes, valientes como pocos, pero la mayoría anarquistas, antimilitaristas y sobre todo indisciplinados.

Y el último personaje: Amado Granel.

Español, nacido en Burriana (Valencia), en 1898. Perteneció a la Legión española antes de la Guerra, ya en 1936.  Durante ella, alcanzó el grado de Mayor, llegando a mandar el Regimiento motorizado de ametralladoras.

Finalizada la contienda, pasó a África desde Alicante, en el célebre vapor Stambrook que transportó a miles de republicanos ante la inminente llegada de las tropas de Franco.

Estuvo en distintos campos de concentración, hasta conseguir alistarse en la Legión Extranjera francesa, desde donde fue trasladado a las unidades  que, al mando del General Leclerc, se formarían para tomar parte en el desembarco de Normandía y posterior marcha hacia Berlín.

Fue ascendido al grado de teniente, por el propio capitán Dronne, y fue su hombre de confianza durante toda la campaña.

La casualidad quiso que fuera el oficial que llegó primero a París, y apareció su imagen en el periódico “Liberation” junto al dirigente de la Resistencia, en una fotografía, bajo el titulo de:  – Libertadores de París –.  Así mismo, aparece abriendo el desfile por los Campos Elíseos, en un vehículo, dando escolta al General De Gaulle.

Después de la guerra, abrió un bar en París llamado – Los amigos – frecuentado mayoritariamente por excombatientes, pero en el año 1958, volvió a España, donde abrió una tienda de motocicletas en Alicante.

Falleció en accidente de tráfico y en su sepultura, aparece todavía la LH, (Legión de Honor) costeada por la embajada francesa.

Posiblemente, a él se referirían, con cierto reproche y amargura, cuando yo pregunté sobre los oficiales españoles.

Para ellos, era evidente que volver a España, era una claudicación de su orgullo, algo así como una renuncia de sus ideales políticos.

El hecho innegable es que aquellos españoles, representaron con su valentía y su coraje en el combate, la máxima dignidad que se puede alcanzar, en tiempo de guerra, y Francia y los franceses lo conocen, y aunque lo minimizan y disimulan, lo saben.

Hasta tal punto, que ya pasados muchos años, parecía natural, en el año 2004, se han hecho homenajes y se han puesto placas en conmemoración de aquellos  hechos en el centro de  París.

Con un mínimo de dignidad, no podían disimularse por más tiempo.

Y hasta también ahora, y parece de absoluta justicia, se ha honrado su memoria aquí en su patria.  Tienen en Madrid un parque con el nombre de  – Jardín de los combatientes de la Nueve – así como una calle en Valencia y algunos otros recuerdos.

Es natural.  No podía quedar en el olvido la gesta de aquellos españoles que yo conocí en París en el año 1965,  en aquel desbordamiento de cerveza, que hoy recuerdo con verdadera y triste nostalgia.

Y esta es, a grandes rasgos, la historia de la llamada – Nueve – es bueno que la conozcáis, puesto que se trata de una de tantas gestas, en las que han participado españoles a lo largo de la historia, muchas de ellas desconocidas, pero que marcan lo que son las esencias de lo español.

En esta célebre compañía  la afamada – NUEVE – comenzaron 168, y terminaron 16 españoles.

Su sangre jalona los kilómetros entre Normandía y París, junto con la de muchos otros, que en aquel momento estaban convencidos de que valía la pena ofrecer su vida a cambio de la libertad.

Con nuestra admiración y con los máximos honores:

                       DESCANSEN EN PAZ.

 

 

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